Opinión · Palabra de artivista

La rebeldía como negocio

lampedusa-620x348Leyendo sobre la extraña hospitalización de mi adorada Joni Mitchell y los mensajes que sus fans le dejan en una página que su equipo ha creado en internet a tal fin: WeLoveYou,Joni!, me he dado cuenta de que el tema central en esos mensajes es la visceral defensa de la adicción a la nicotina que sufre la artista y que ellos/ella venden como rebeldía.

Me he acordado de mi madre y de otras muchas mujeres de una generación que sufrió la prohibición del tabaco a las mujeres. “Sólo las putas fuman”, se decía entonces. Fumar era una prerrogativa varonil. Y como rebeldía empezaron unas pocas, que enseguida eran casi todas, a fumar para desafiar al sistema al que estaban enriqueciendo. Entonces empezaron los problemas de la industria tabacalera, se destaparon las funestas consecuencias de fumar. Y la industria tabaquera hizo lo que el capitalismo ha venido haciendo hasta nuestros días: usar un defecto como una gran virtud. Se empezó a publicitar y reforzar la noción de que fumar era rebelarse contra el sistema, aunque fuese el mismo sistema el que te estaba diciendo eso para ganar poder y dinero con ello. Fumar pasó a ser incluso una declaración feminista (del mismo absurdo modo en que hoy se intenta hacer pasar por feminista y rebelde encerrarse en el burka o el chador impuesto por el patriarcado, convertir la prostitución que reduce a la mujer y al hombre a meros objetos de consumo a merced de los amos patriarcales en un modelo feminista, u operarse la cara y las tetas para encajar en el modelo patriarcal hegemónico).

Luego hemos visto ese engaño en miles de anuncios que desde un cinismo e inmoralidad sin fronteras vende lo conservador, esclavista, burgués, mediocre, como el colmo de la rebeldía, un dedo al sistema. A mi siempre me llaman la atención los anuncios de los coches de lujo en los que vemos al carísimo producto avanzando por una carretera mientras escuchamos los mensajes que en el anuncio venden libertad, rebeldía, sal de la mediocridad, huye de las cadenas, desafía al sistema, rebélate, ríete del sistema… y, claro, lo haces endeudándote, esclavizándote, con ese mismo sistema para encajar en la imagen que te han vendido: la de un apoltronado, mediocre y aburguesado esclavo de la sociedad que sólo puede reivindicar su estatus, su identidad incluso, con productos externos, comprados, impuestos.

Eso mismo, desde el humor, pero no menos cierto, lo explica muy bien El Mundo Today con un artículo titulado Se compra un Audi para ser dueño de su propio destino, como decía el eslogan de Audi.

Eres lo que pareces, los que se ve por fuera. Lo de dentro no interesa a nadie. Ni lo que pienses. Si te vistes de un determinado modo, conduces una determinada marca, veraneas en un determinado lugar, eres de esa tribu o gremio: el de los rebeldes.

Y esa explotación de la rebeldía como esclavitud, por desgracia en ningún sector de la población ha sido más voraz que en el de las mujeres. Desde usarlas como mano de obra barata o imprescindible durante las guerras mundiales, cuando los hombres abandonaron sus puestos de trabajo para alistarse (obligatoriamente), hasta imponerles la monstruosa industria quirúrgica, farmacéutica o de la moda para dirigir su apariencia y personalidad. La mujer ha sido explotada en nombre de ese falso feminismo que predicaba ayudarlas a liberarse y las hacía cada vez más esclavas, mas sometidas a ese sistema que les decía qué fumar, qué (no) comer, qué vestir (o cómo desnudarse), qué escuchar, qué tatuajes o piercings ponerse, qué comprar… Algo que desafortunadamente heredamos los gays con ese corrupto gaypitalismo.

Y de todo estos sabe mucho Ciudadanos, UPyD, Podemos y toda la nueva promoción de partidos sistémicos. Su continua venta de una supuesta rebeldía que en realidad está reforzando, renovando al sistema al que dicen querer cambiar. Ni eso, sólo mejorar. La famosa “cara amable del capitalismo”. Esa que no existe o es una careta mucho más peligrosa que la cara real, la que vimos en Bangladesh o ahora en Lampedusa. 700 razones para no creer en el capitalismo. 700 razones para no creer en la pose fácil de supuestos “precarios” con posgrado y máster. 700 razones para repudiar la rebeldía como negocio.

Cosas de la socialdemocracia. Cosas del capitalismo.