Opinion · Palabra de artivista

La izquierda asediada

GEC-IU1Este jueves tuve el honor de ser invitado a la presentación de la candidatura de unidad popular (CUP) Galapagar En Común-IU, y fue una experiencia tan hermosa como reveladora. Compartir con un grupo de seres humanos generosos, utópicos, solidarios luchadores y luchadoras, el intento de arrebatar a las élites su monopolio político no puede más que ilustrar sobre las dificultades de un proceso de confluencias. Sobre todo si la tan cacareada confluencia ha sido dinamitada por derecha e izquierda (y, sobre todo, por «la centralidad del tablero»).

Había muchas ganas de acabar con este monopolio de la política de los de siempre: las élites que se pliegan al sistema y suben obedientes los escalones de su jerarquía. Y en esas élites no sólo meto a las tradicionales fuerzas conservadoras, sino a supuestas nuevas propuestas como Podemos que nacen desde dentro del sistema tras haber mamado su domesticación en departamentos, universidades, fundaciones y demás estructuras sometedoras (vendidas como educadoras). Pero ese no era el caso de Galapagar En Común-IU (GeC), integrado en su mayoría por militantes de IU nada de acuerdo con la dirección regional de la formación y por activistas de la PAH, trabajadores sociales, integrantes de movimientos sociales, sindicalistas, okupas, educadores ambientales y luchadores contra el racismo, como es el caso del candidato a alcalde Juan Petrel, que enfocó su trabajo de fin de carrera sobre el “Racismo y la xenofobia en Galapagar”, un tema cada vez más necesario en la política de estas potencias colonialistas que se empeñan en promover el racismo y cerrar fronteras a la miseria que genera nuestro insostenible modo de vida capitalista.  Todo esto se puede comprobar en la página de candidatos de GeC. El objetivo común de todos esos candidatos es fortalecer el tejido social. Y eso es lo que les diferencia de la mayoría de políticos y partidos, centrados en fortalecer su poder y monopolio.

Pero la otra cara de esa unidad popular es la desastrosa guerra interna que esta posibilidad de tocar poder ha generado. Y esa guerra fratricida ha sido orquestada, dirigida y promovida principalmente por Podemos. Ese talante anexionista de Podemos quedó más que patente en mi visita a este municipio de la sierra de Madrid. Concretamente en la intransigente negociación y división final en dos (sí, 2) Podemos que se presentan por separado a las elecciones del municipio. Un grupo de Podemos es clasificado como «los malos» y se ha negado no solo a conciliar posiciones con Galapagar En Común, sino incluso con el otro sector de Podemos, que es calificado como «los buenos». Esta soberbia e intransigencia a negociar listas que no sean las que ellos gobiernan y dirigen (una estrategia que Pablo Iglesias ha promovido en toda España aprovechando su tirón mediático a causa de su colaboracionismo y bajada del discurso para encajar en la televisión) se ha repetido una y otra vez en las distintas CUPs o candidaturas de confluencia. Han sido numerosas las denuncias de conocidos y amigos en movimientos sociales que aspiraban a construir una alternativa de izquierdas en unidad, del juego sucio de Podemos en todas las CUPs para imponer a sus candidatos (o a los de Equo que parecerían haber llegado a un acuerdo para desplazar a los de IU, incluso a los disidentes, a cualquier precio) en las cabeceras de listas. Desde la manipulación de candidatos favoreciendo a unos sobre otros, como ocurrió en Murcia, pasando por la utilización de nombres conocidos o promovidos para sepultar a los de base que habían hecho todo el trabajo, las estrategias de la élite de la Complutense han sido variadas para garantizarse el control y secuestro de los movimientos sociales plurales a los que decían representar y querer unir. Encima, en Galapagar, se da la ironía de que «los malos» de Podemos llevan a una exconsejala del PSOE durante 20 años. Siempre me ha escamado ese grupo que quiere estar permanentemente en lo que está de moda y va pasando del Zapatero molón al Podemos 15M molón, a lo que venga que digan los medios que es molón (como diría esa intelectual del PP y ahora de Ciudadanos llamada Leticia Sabater).

Aunque el colmo de las pretensiones impositivas de Podemos ocurrió en Ganar Alcorcón, donde, tras una primarias transparentes, quedaron en cabeza de lista activistas que pertenecían a IU y Podemos intentó negar los resultados y que se les diesen puestos más altos. Tras quedar claro que las primarias habían sido exquisitas y los 1.500 votantes habían expresado su voluntad, Podemos se salió de la candidatura. Eso sí, antes lanzaron mierda en todas direcciones. La estrategia es simple: o yo copo el poder y la cabecera o boicoteo la confluencia y la unidad popular.

Inspirados por el mítico Frente Popular, son muchos y muchas los que han querido invocar la unidad de la izquierda para enfrentarse exitosamente al monstruo monolítico de la derecha. Pero por ahora no va a ser. Este batiburrillo sólo ha servido para confirmar el dicho «a río revuelto, ganancia de pescadores». Y encima, tras las elecciones tendremos que sufrir las consecuencias del rencor, enfrentamiento y división que estas guerras fraternas han generado. No sé si son las mejores condiciones para antagonizar a la monolítica y repetitiva derecha con sus juegos sucios y mil trampas aprendidas desde la cuna. Los idealistas no van a ser mucho rival para los pequeños Nicolás, Alejandro Agag y demás cachorros de la corrupción que el PP (y por ende Ciudadanos) cultiva con primor en sus invernaderos.

Por otro lado tenemos a la corrupta y amoral mafia de IU-CM que sigue aferrada a su cada vez menor parcela de poder –que han intercambiado como cromos con lo peor de la derechona corrupta, sus amigos— aunque el precio sea la destrucción del partido. Yo, desdeluego, no pienso animar a nadie a seguir manteniendo a esa mafia corrupta de IU-CM que ha ignorado, atacado y aplastado la voluntad de su militancia, expresada en limpias primarias. Lo siento, Luis, no es nada personal, sabes que te aprecio, pero a lo que hay detrás del biombo no lo quiero ver nunca más en IU.

Entre unos y otros han dejado a la izquierda intransitable, sembrando de desaliento al elector de izquierdas que había creído llegado el momento del derrumbe del neoliberalismo. De hecho, las llamadas entre amigos de izquierdas suplicando una respuesta a un angustiado «¿qué voto?» van y vienen sin cesar. La única motivación que ha quedado es, como en los peores tiempos del PSOE, el miedo al «que viene la derecha». O, peor aún, «que sigue la derecha». El enfrentamiento entre Carmena y Aguirre se ha convertido en el peor acicate de final de reality posible. Pero, por supuesto, antes de permitir el reinado de la cantera de corrupción, represión salvaje y amiguismo que son Aguirre y Cifuentes, tendremos que apoyar la opción de Carmena (estoy en contra en el caso de Podemos en la Comunidad, liderado por un partidario de la educación concertada y que apoya a la Iglesia diciendo ser ateo en plan Cifuentes republicana-atea pero represora).

Ayer domingo, un titular de El País nos animaba a jugar otra vez a las dicotomías: Empate técnico entre el PP y la lista apoyada por Podemos en Madrid.

Fuera pluralidades. Volvemos al «voto útil» que tan útil le fue al PSOE para secuestrar la izquierda. En este caso es Podemos el que ha llegado para bloquear cualquier alternativa real al sistema.

Quien quiera una solución simple, rápida y sin complicaciones es que quiere que le mientan. La política es intrínsecamente perversa, compleja e intrincada. Y la política social debe ser además plural y diversa. Lo contrario a las dictaduras monopolísticas de derechas y las nuevas fórmulas reformistas que el capitalismo patrocina.

Quizás sólo cabe asumir que siempre estaremos fuera. Las disidencias no son bienvenidas en el capitalismo. Sólo son absorbidas, transformadas y escupidas como nuevos mercados. Aunque tengamos que hacer la supervivencia hasta la caída del mismo en condiciones habitables. Por eso hay que votar.

Siento no poder dar una respuesta sencilla a una situación endemoniada. Creo, eso sí, que este es el primer paso hacia la alternativa.