Opinión · Palabra de artivista

Greekment o la agonía del capitalismo

greekmentHoy hemos sabido de las infames condiciones del acuerdo de la UE y Grecia o #Greekment (fusión de Greece ‘Grecia’ y agreement ‘acuerdo’) que Tsipras ha aceptado, desperdiciando el inmenso respaldo que su pueblo le dio, e ignorando los consejos del gran Varoufakis de ‘responder agresivamente’ (razón por la cual el desdeñado Varoufakis abandonó su cargo, como explica en una reveladora entrevista que ha concedido al New Statesman).

Tsipras ha ignorado una oportunidad de oro para proponer una alternativa a este capitalismo demoledor que la Troika está imponiendo. Como revela Varoufakis en la mencionada entrevista, en todo momento estuvo manejando la salida de la tóxica UE —o #Grexit— como única opción para crear una alternativa real. El ex ministro de finanzas es demoledor en el retrato de la Europa capitalista que hizo en 2013 y que le recuerdan en la entrevista: “Una salida griega o portuguesa o italiana de la eurozona rápidamente llevaría a una fragmentación del capitalismo europeo, produciendo una región de serio superávit recesionista al este del Rhin y al norte de los Alpes, mientras que el resto de Europa caería en las garras de una brutal estanflación. ¿Quién cree que se beneficiaría de este escenario? ¿Una izquierda progresista, que renacería cual ave Fénix de las cenizas de las instituciones públicas europeas o los nazis de Amanecer Dorado, los neofascistas varios, los xenófobos y los estraperlistas? No tengo la más mínima duda sobre cuál de los dos se beneficiaría de una desintegración de la Eurozona.”

La cobardía de Tsipras contrasta enormemente con la lucidez y valentía de Varoufakis. Pero, sobre todo, ha dejado en evidencia la poca talla histórica de reformistas del capitalismo como el líder de Syriza o ese enrabietado Pablo Iglesias con su menguante Podemos. Esos medios caminos, que intentan plantear estos nuevos partidos que repudian el comunismo pero intentan beneficiarse de su retórica, no sirven. Intentan buscar una estabilidad, un “capitalismo de cara amable”, que nunca llegará. Ese tipo de políticos colaboracionistas, que se benefician de una exposición y respaldo sistémico a cambio de demonizar el comunismo y a la verdadera izquierda, nos llevan a la ruina. A vivir de rodillas. Ninguna estabilidad va a salir de esa sumisión.

El capitalismo no funciona sobre la estabilidad. La base del capitalismo es la explosividad de los mercados, los picos extremos que generan grandes pérdidas y por lo tanto grandes ganancias. El capitalismo es un sistema esencialmente dualista que opera sobre las dicotomías extremas: ricos/pobres, éxito/fracaso, escaso/abundante, valioso/vulgar… una dialéctica tramposa y falsa que no sólo es incapaz de expresar la rica y valiosa multiplicidad humana sino que la destruye para obligarla a encajar en sus simplistas esquemas de marketing.

Hace tiempo que es evidente la agonía del capitalismo. Atrapado en una espiral descendente que no hace más que repetir sus ciclos insostenibles, el capitalismo sabe que no puede mantener su sistema. Por eso la única salida a este final inevitable que han ideado los oligarcas es perfeccionar cada vez más la mentira, el engaño, el espejismo y la compra de traidores y colaboradores de entre las víctimas de su genocidio que vendan a las víctimas las bondades del verdugo. Aprendido de esa ejemplar manifestación del capitalismo que es la religión, especialmente el cristofascismo, el Capital ha aprendido a mentir, engañar y crear toda una mentira sobre la propaganda, el miedo y el monopolio de la información. Y están cada vez más desesperados. Saben que el petróleo, único combustible que mantiene este modelo insostenible, se agota. Y por mucho que lo oculten, saben que cuando se acabe todo el espejismo que es el capitalismo caerá irremediablemente.

Atrás quedaron los briosos inicios de esta estrategia contra el pueblo. Como brillantemente explica la comunista feminista Silvia Federicci en su deslumbrante Calibán y la bruja, el capitalismo fue “la contrarrevolución” ante “las posibilidades que habían emergido de la lucha anti-feudal: unas posibilidades que, de haberse realizado, nos habrían evitado la inmensa destrucción… que ha marcado el avance de las relaciones capitalistas.” (pág. 34). Federici lo ha explicado en numerosas entrevistas como “una gran oleada de movimientos antifeudales de origen agrario y artesano, que llegaron a poner al feudalismo materialmente en crisis. El capitalismo fue la respuesta política a esta crisis. Hacia el siglo XV las luchas de los siervos feudales y el proletariado rural contra las distintas formas de tributo que debían a los señores, o las luchas de los artesanos contra las imposiciones de los mercaderes, ya eran pequeñas guerras. El capitalismo naciente reacciona contra este tipo de movimientos. En ellos las mujeres desempeñaron un papel central, especialmente dentro de las corrientes heréticas, que tenían un fuerte sesgo igualitarista y que favorecieron la aparición de un protomovimiento de liberación femenino. Aunque tradicionalmente estas corrientes han sido interpretadas en términos religiosos, lo cierto es que tenían una fuerte componente social”. Al igual que lo fue el fascismo. El neoliberalismo no es más que una faceta de ese capitalismo devorador. Propulsado desde los 80 por Milton Fiedman y el terrible tandem Reagan-Thatcher, es ahora cuando ese neoliberalismo, libre del comunismo, está afilando sus garras.

El problema es que el capitalismo piensa morir matando, como se ve en la autodestructiva estrategia de la UE y, especialmente, de Alemania. No quieren facilitar una regeneración del agonizante sistema Griego, como denuncia el ex ministro Varoufakis en un valiente artículo para The Guardian certeramente titulado Alemania no librará a Grecia de ningún sufrimiento. Está interesada en rompernos. Quieren destruir al país en manos de lo que ellos consideran “izquierdistas”, “insolentes contestatarios”, para avisar a cualquiera que se oponga a su suicida plan de capitalismo decadente.

El austericidio es la única vía, quieren hacernos creer. Aunque estemos viendo nuestro mundo disolverse en su ponzoñosa corrupción. Y las promesas de un futuro idílico, tal como el más allá que la inmobiliaria fraudulenta Vaticano S.A. nos vende, tendrán que bastarnos. No creas en lo que ves, sino en lo que te dicen nuestros medios.

Y aunque en Grecia el tema tendencia del día haya sido #ThisIsACoup, o “esto es un golpe de estado”,  la Troika os va a salvar la vida y a esa democracia que dicen representar… so salvajes helenos (retazos de aquél genocidido emprendido por España en América a golpe de misioneros, cruces, “civilización” y “caridad cristiana”).