¿Qué condena merecen estos hechos?

Artículo publicado el martes, 3 de febrero de 2009

¿Recuerdan a la madre condenada a prisión y alejamiento por dar un mandoble a su hijo tras recibir de él un zapatillazo? El niño se llevó un bofetón, sí, pero la relación afectiva de esa familia es normal, según varios testimonios. Eso, por no insistir en que el chaval se había ganado el tortazo.
Pensemos ahora en la situación de los chavales que viven tutelados por las administraciones públicas y son encerrados en centros en los que reciben maltrato físico y psíquico sistemático. No son chicos fáciles, porque a su desarraigo se suman trastornos psiquiátricos que, en algunos casos, los convierten en seres violentos. Precisamente por eso están en centros especiales, de los que se espera que salgan mejor de lo que entraron.
¿Qué clase de rehabilitación de un menor requiere medicarlo sin control y mantenerlo atado o incomunicado; privarlo de la escuela o de comer? ¿Qué control ejercen las autonomías, responsables de inspeccionar la gestión de las ONG que tutelan esos centros? El informe del Defensor del Pueblo es demoledor, y llega después de un suicidio y un intento frustrado en un centro de Madrid.
Si el bofetón aquel mereció cárcel, aquí urge una investigación judicial. Y que las administraciones concernidas se apuren en comprobar los hechos y remediarlos.