A la caza del voto juvenil perdido

El paro es la principal preocupación para el 76% de los españoles, según el último barómetro del CIS. También para los más jóvenes. Cómo no va a serlo, si uno de cada cinco desempleados tiene menos de 25 años, según la Encuesta de Población Activa de hace unos días. No habían estado tan mal desde hace 20 años, es decir, cuando casi ninguno de ellos había nacido.

La falta de perspectivas de empleo es sólo una de las cuestiones en las que Zapatero y sus gobiernos han decepcionado a la juventud. Precisamente a los mismos que lo llevaron en volandas a la Moncloa y que le gritaron aquella noche electoral del 14 de marzo de 2004 el repetido No nos falles.

Hasta ahora –es de ley dar un voto de confianza al nuevo ministro de Educación– Bolonia ha parecido más una condena que un plan universitario. La solución aprobada por la UE para que los universitarios españoles compitan en igualdad de condiciones con los europeos ha sido tan mal explicada a alumnos y profesores que ha provocado una virulenta contestación callejera.

En Internet, el mundo virtual en el que los jóvenes se mueven como en casa, el Gobierno no ha dado pie con bola. Con la Red incendiada, el reciente nombramiento en Cultura de Ángeles González-Sinde (declarada antidescargas) más parece gasolina que agua de bombero. De paso, el presidente ha regalado al PP la bandera de la libertad en Internet y contra el canon digital que ya esgrimió Rajoy en las pasadas elecciones.

Los mal llamados becarios científicos tampoco tienen mucho que agradecer a la Administración del PSOE. Cinco años después, continúan esperando una normativa que les permita definir un proyecto vital sin tener que esperar a los 35 años.

Las ONG, alimentadas por nuestros jóvenes más solidarios, están cabreadas por diversos motivos. Pero el principal es que un gobierno socialista destine a la financiación de los programas de ayuda social el mismo 0,7% que continúa dando a la Iglesia (que a la postre se lleva 100 millones de euros extra en dos años).

Así las cosas, miembros del entorno de Zapatero sostienen que los nombramientos de Leire Pajín (32 años) y Eduardo Madina (33 años) para cargos de enorme relevancia en el PSOE se explican, en parte, por la necesidad de recuperar a los jóvenes para su electorado. A día de hoy, respecto de 2004, son el sector que más decrece entre los votantes del PSOE. Y lo que es más preocupante para los socialistas, el sector que más crece en el PP, según el último análisis del sociólogo José Luis de Zárraga en Público.

Está aún por ver el resultado que tendrá el último golpe de efecto de Zapatero, pero lo que ya se puede afirmar es que se trata de una decisión reposada que el presidente defiende con entusiasmo. Lo hace ante todo aquel que osa plantearle si habrá arriesgado demasiado al dejar en manos de treintañeros todo el peso del partido y buena parte de las labores del grupo parlamentario socialista.

Ante el temor de algunos a que esas vigas no soporten la presión del edificio, el presidente rememora cómo vivió con preocupación el tapón que formó la generación de Felipe González (que taponó pese a haber sido de los que llegaron bastante jóvenes a los puestos de mando en el PSOE forzados por el final de la dictadura). Argumenta Zapatero que toda una generación, en aquel entonces, se vio condenada a permanecer en un segundo plano y que él –que lideró el PSOE con 39 años y cumplió los 44 ya como presidente del Gobierno–
sentía la obligación moral de preparar las cosas para que el relevo generacional no tuviera que saltarse de nuevo un par de peldaños.

Pajín y Madina deberán demostrar si son capaces de guiar el paso del dinosaurio que es el PSOE. Pero más interesante aún será ver si consiguen dar con las fórmulas que reclaman los de su generación y los aún más jóvenes. Esos otros cachorros que, a diferencia de los políticos mencionados, viven castigados por la crisis.