Más de cien mil visitas y eso que no era una paliza

Soy la visitante número 100.485 del vídeo en YouTube. Son imágenes en blanco y negro. Cine mudo. En 11 minutos, cuatro agentes de los Mossos dEsquadra (Policía Autonómica catalana) reciben, golpean, patean, reducen, cachean, esposan y se llevan en volandas a un detenido. Los hechos tuvieron lugar a las 8.20 horas del 31 de marzo de 2007 en la Comisaría del barrio barcelonés de Les Corts. No sólo fueron denunciados por la víctima, sino que propiciaron que el conseller de Interior del Gobierno de la Generalitat, Joan Saura, decidiera instalar cámaras de vídeo en varias dependencias de las comisarías catalanas.

La valiente decisión del responsable de la Policía catalana nunca fue bien vista por sus subordinados, que achacaron a su jefe una desconfianza generalizada en sus métodos y lo acusaron en privado de haber repartido el vídeo entre los medios de comunicación para desacreditarlos.

La prueba de que había algo que vigilar es que en los dos últimos años los mossos acumulan al menos siete condenas por maltratar a detenidos. A este periodo corresponde la condena de seis años de cárcel para tres agentes por meter una pistola en la boca de un detenido al que acusaban por error de un atraco y que se empecinaba en negar los hechos. O la que castigó a aquella agente que abofeteó y lanzó al suelo a una ciudadana rusa. El vídeo también es un éxito de visitas en Youtube.

Esta semana, la Audiencia de Barcelona ha sentenciado que esos cuatro agentes protagonistas del exitoso corto son inocentes de los cargos de maltrato y falsificación del atestado policial que había apreciado la acusación particular y la fiscalía. Lo que hemos visto ya más de cien mil personas en Internet es, según los jueces, a cuatro agentes de la ley cumpliendo con su deber y a un detenido (al que habían apresado por insultar a un ciudadano, no por un delito de sangre o un robo con violencia) que no podía controlar su agresividad y tenía que ser reducido. Los jueces consideran «probado» el relato de los mossos, en el que estos echan mano del viejo truco de que el detenido empezó primero. En consecuencia, reducen lo ocurrido a una falta por «extralimitación en el uso de la reducción e inmovilización» del detenido y saldan el asunto con una multa de 600 euros.

El fallo sería uno más de los muchos en los que los jueces parecen no ser de este mundo si no fuera porque tiene consecuencias perniciosas que exceden con mucho la decepción que sentirá el vapuleado detenido para con el sistema de garantías español. Por lo pronto, cabrea a quien haya visto el vídeo y al leer la sentencia descubra que lo que parecía una somanta de hostias en el suelo de una sala de interrogatorios son sólo técnicas de inmovilización que pueden sernos aplicadas a cualquiera si tenemos la mala suerte de tropezar con agentes a los que les sobren 600 euros.

Los jueces añaden un par de perlas al fallo que lo hacen aún más indignante. Exculpa a los agentes de haber falsificado el atestado, donde se sostiene la tesis de que el detenido agredió a un agente. Ante la evidencia de que eso no ocurrió (el vídeo no engaña), añade el dato preocupante de que los policías suelen «exagerar» en sus atestados la violencia que atribuyen al detenido para justificar la que ellos aplican para reducirlo. ¡Y no lo condenan! Como remate, presumen sus señorías de no haberse dejado convencer por el «tan difundido» vídeo y de no ser «hombres medios», de esos con mentes tan vulgares como para apreciar una paliza donde sólo había eficacia policial.

Los mossos han salido absueltos esta vez, pero mejor es que dejen de pavonearse. En las comisarías catalanas (gracias, señor Saura) hay 2.000 cámaras que los vigilan (y los protegen contra denuncias falsas). A los que no estamos en Catalunya, sólo nos queda exigir a Rubalcaba que cumpla ya su promesa de instalar videovigilancia. Algunos jueces son como son, pero para recurrir es mejor contar con una grabación.