La pandemia mediática

Y cómo es que este año habéis venido tan tarde?
–Es que nos cogió a todos la gripe A.

La conversación discurrió en el pequeño supermercado de un pueblito de Galicia, en pleno agosto, entre la dueña del colmado y una conocida del pueblo recién llegada de vacaciones desde el Reino Unido, donde vive con su familia mixta galaico-británica. La tranquilidad con la que la veraneante se refería a ese mal que nos acecha y nos inquieta desde el final de la primavera contrastaba con la cara de pánico que se le puso a la vendedora (el inmediato miedo al contagio se dibujó en su rostro) y el interés indisimulado que mostrábamos el puñado de clientes que, necesariamente, escuchamos la conversación (el super es mini y la costumbre de hablar a voces, sempiterna).

A base de poner la oreja, los parroquianos nos enteramos de cuatro verdades sobre la gripe A que ya podíamos grabarnos a fuego en las redacciones de los medios de comunicación para dejar de alarmar a la población, que está más pendiente de esta epidemia de gripe de lo que lo estuvo nunca de otros males mucho más mortíferos, como el sida, los automóviles, los accidentes laborales… o la gripe común, esa a la que no habíamos hecho nunca ni caso.

Relataba la gallega, conocida en la zona como la inglesa, que su hijo mayor, de 20 años, había contraído el mal allá en Gran Bretaña y que lo había ido pasando uno a uno a los cuatro miembros de la familia, lo que a la postre había provocado el retraso en las vacaciones de la familia. Ese fue todo el trastorno que les causó la nueva enfermedad. No sufrieron más que 48 horas de dolor muscular y fiebre intensa y, como lo hicieron por turnos, los últimos ya sabían que la cosa no duraba más de dos o tres días. Las autoridades sanitarias les recomendaron quedarse en casa hasta el fin del tratamiento, que consistió en beber mucho líquido y tomar antivirales.

Tranquilizada la vendedora y cuantos pegábamos la oreja, la británico-galaica pasó a criticar el tratamiento informativo (“gallinero de la prensa”, lo llamó ella) que había descubierto al llegar a España en la información sobre la gripe A. Vendedora y clienta concluyeron (es duro reconocer que sabiamente) que algo tiene que hacer la prensa para vender en verano. Yo oculté mi condición de periodista y me limité a comprar una empanada, pero el reproche colectivo a la profesión prendió en mí y me acompañó el resto del veraneo.

¿Estaríamos amarilleando con la gripe A? ¿Habríamos tratado igual el asunto de no pillar el verano de por medio, cuando la información escasea casi tanto como los lectores? ¿Estaría sobreactuando la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, por la necesidad de demostrar su valía para el cargo, recién asumido? ¿Es nuestra oposición (el PP) menos responsable que sus homólogos europeos (de distintos colores políticos) por criticar las decisiones adoptadas por el Ministerio?

Un poco de reflexión y de documentación después, concluí que la respuesta a todas mis preguntas es sí. Informativamente, la gripe A triunfa más en España que en el resto de los países de la UE. El virus H1N1 se ha llevado más páginas (portadas incluidas) y minutos en radio y televisión de lo que consiguió nunca su hermano menor, el virus de la gripe común, pese a que al primero le quedan lejos las marcas del segundo, que muta cada año y se lleva a la tumba a 8.000 personas por temporada.

Sí, el verano es un factor de riesgo informativo: con el calor las noticias se inflan. Sí, Trinidad Jiménez está haciéndolo muy bien, pero de tanto reunirse con todo bicho viviente corre el riesgo de empachar al respetable, cuando no de contraer el virus que trata de controlar. Y sí, los del PP fueron con este asunto tan irresponsables como acostumbran, si bien en los últimos días depusieron las armas tras el aplauso unánime de sus autonomías
a la gestión sanitaria del Ejecutivo.

A ver si con el otoño refresca un poco y logramos atajar las pandemias mediáticas.