No hay que saltarse los pasos previos

[Artículo publicado el 25/11/08 en la edición papel de Público]

Examen de conciencia, acto de contrición y propósito de enmienda. Fue escuchar a Rouco Varela defender que el “olvido” es el mejor antídoto contra la perturbadora memoria histórica y recordar esos tres principios que con tanto ahínco
nos inculcaron en nuestra católica infancia.

Para olvidar, hace falta haber perdonado al que provocó el agravio. Y para hacerlo, es recomendable que éste pida perdón. Supongamos que Rouco Varela ha llegado a la conclusión (puede que iluminado por el mismísimo Dios) de que la Iglesia católica tiene motivos para reconocer que no fue precisamente piadosa ni humanitaria durante los años de la posguerra civil en los que tanto colaboró con el franquismo, bendijo sus horrores y consagró al dictador asumiendo que lo era “por la gracia de Dios” y colocándolo bajo palio.

Supongamos que la Iglesia española ya está en pleno examen de conciencia. Le quedan aún el acto de contrición (y, a partir de ahí, pedir perdón) y demostrar propósito de enmienda (jurar que nunca más se colocarán del lado del opresor en caso de conflicto). Cuando oigamos cómo se arrepiente de su connivencia con un régimen que perpetró un genocidio aún sin aclarar totalmente, será el momento de apelar a la grandeza de espíritu de las víctimas para que perdonen.

Costará generaciones, señor Rouco, pero no se salten los pasos. El olvido purificador vendrá después.