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Un clásico vale más de tres puntos

Se acerca el Barcelona-Real Madrid, el clásico, el partido que paraliza un país y parte del extranjero. El choque de todos los siglos, la quintaesencia de las rivalidades, el eterno tema de conversación en cualquier bar o rincón de España. Esos y otros muchos epítetos grandilocuentes recibe  un partido que vale como otro cualquiera de Liga. Tres puntos, ni uno más. ¿O me equivoco?

La cuestión es que a pesar de que las reglas son las que son y las matemáticas no fallan una serie de circunstancias están convirtiendo al clásico en eso, en un partido especial, único y en el que ambos equipos se juegan más de tres puntos.

Para empezar porque al ser un enfrentamiento directo -y perdonad la obviedad- el que gana no sólo se lleva los tres puntos a la buchaca sino que le priva de ellos al contrario.  Para continuar, el que salga victorioso del Camp Nou el lunes saldrá como líder de Primera. Y por último, porque la historia reciente constata que la igualdad entre Real Madrid y Barcelona y su creciente alejamiento del resto de equipos de Primera División convierten al clásico en un partido decisivo para el devenir del título liguero. Echando la vista atrás dos o tres años, la estadística corrobora lo que estoy diciendo.

En la temporada 2007/08 se dieron dos circunstancias que favorecieron al Real Madrid -que entrenaba Bern Schuster- en este tipo de partidos. En la jornada 17 los blancos lograron vencer en el Camp Nou gracias a un solitario gol de Julio Baptista. En la vuelta en el Santiago Bernabéu el equipo azulgrana tuvo que hacer el pasillo de campeón al eterno rival, que había ganado matemáticamente la Liga en el Reyno de Navarra la jornada anterior. Tras el pasillo, los blancos dieron un baño a los culés por 4-1. Esa goleada, por cierto, fue la última victoria del Real Madrid al Barcelona hasta la fecha.

En la temporada 2008/09 la ida del Camp Nou se saldó con victoria del Barça con goles de Eto'o y Messi. La vuelta tuvo lugar en Madrid en la jornada 34. A cuatro jornadas para el final, el Barça mantenía una ventaja de siete puntos sobre los blancos, que llevaban un sprint de victorias con Juande Ramos para intentar alcanzar a los de Guardiola. Sin embargo, aquel equipo -que acabó proclamándose campeón de todo- ridiculizó al Madrid en su propio estadio con aquel memorable 2-6. La distancia que cogió de 10 puntos y el golpe anímico al Madrid dejaron la Liga sentenciada.

En la temporada pasada, Barcelona y Real Madrid mantuvieron un pulso a golpe de récord. Hasta que llegó el clásico en la jornada 31. El Barça llegaba líder al Bernabéu con 80 puntos mientras que el Real Madrid solo tenía tres menos, 77. Si ganaba el Real Madrid empataba a puntos con el Barça, pero ganaron 0-2 los azulgranas y cogieron una ventaja de seis puntos. Algo casi insalvable pese a que faltaban siete jornadas. Dos jornadas después, en la 33, el Barça empataba en Cornellá ante el Espanyol (0-0) y el Real Madrid ganaba en casa 2-0 contra el Valencia. La diferencia se reducía a un solo punto. En la penúltima jornada el Barça visitaba el Sánchez Pizjuán pero no falló, lo que desvaneció todas las esperanzas del Real Madrid. La goleada al Valladolid en el Camp Nou en la última jornada ponía el broche a un título que se había fraguado en el Bernabéu.

Esa temporada la rotundidad de los datos de Madrid y Barça quebró el campeonato. El Valencia, tercero, acabó a ¡28 puntos! del campeón, el Barça. Algo que nunca había sucedido en la Liga. Este curso, el primer clásico llega en la jornada 13 y el Real Madrid va líder con 32 puntos, uno más que el Barça y ¡8 más! que el Villarreal.

Los dos grandes del fútbol español se han convertido en máquinas de fabricar victorias. Los de Mourinho sólo han dejado escapar en doce jornadas cuatro puntos. El mejor arranque de la historia de la Liga. El Barça sólo ha cedido un empate y una derrota en casa mientras que lejos del Camp Nou cuenta sus visitas por victorias. Sin entrar a valorar goles marcados, encajados, posesión de balón o asistencias está claro que los números de ambos no pueden ser alcanzados por el resto de equipos. Si las diferencias entre ellos y los demás cada vez son más agudas, si una derrota en cualquier otra jornada se convierte en una quimera y si la igualdad entre ambos se va estrechando, los clásicos se convierten -por méritos propios- en los partidos más trascendentales de la temporada.

Si a los fríos datos se le une la presencia en el campo de los dos mejores jugadores del mundo, la vuelta de Mourinho al Camp Nou y como técnico del Real Madrid, la incógnita de la solvencia blanca ante un rival de enjundia, el estreno en un clásico de los nuevos fichajes y la adrenalina que se descarga al vencer al eterno rival hacen que el encuentro del lunes se convierta en uno de los tres mejores eventos futbolísticos del mundo entero.