Mourinho, el ladrón de fútbol

Leo en el Twitter de un amigo y escritor, Xurxo Chapela, la siguiente frase: «Mourinho es un caudillo como Atila: por donde pasa no vuelve a crecer el fútbol». Le compro la idea porque me parece que resume perfectamente lo que el técnico portugués está haciendo con el Real Madrid: enlodar su prestigio, el del club, dentro y fuera del campo.

Las delirantes declaraciones de Mourinho tras el partido contra el Barça no sólo son las de un mal perdedor, sino las de un cínico al que el fútbol le importa bien poco. Tan poco como el club para el que trabaja y que tanto dice defender: cada vez que pierde, Mou tira de currículum y recuerda los títulos que ha ganado él, insulta y ofende, recurre al victimismo y echa las culpas al árbitro. Eso sí: no reconoce ni un solo error.

Pero casi más lamentable fue su actitud tras la expulsión de Pepe: Mou se hizo expulsar y dio el partido por perdido. Sólo así se puede explicar que no hiciera ningún cambio tras quedarse con diez, aunque sólo fuera para refrescar al equipo. E indignante fue que en la sala de prensa diera por segura la eliminación de su equipo, renunciando a la pelea por una plaza en la final de la Champions. Eso es de mal deportista. A Bernd Schuster le echaron del mismo banquillo que ahora ocupa Mou por menos de eso.

Pero Florentino Pérez no va a echar a Mourinho. Tiene razón Guardiola cuando dice que Mou es «el puto amo». Es el «puto jefe» de un club al que ha secuestrado emocionalmente y al que, como el mejor de los trileros, le ha robado el alma sin que se dé cuenta. Le ha robado también el fútbol dentro y fuera del campo. Salir en una semifinal de la Copa de Europa en el Bernabéu a empatar a cero es mezquino. Darse por vencido antes del partido de vuelta tampoco casa con el espíritu del Real Madrid.

La mayor aportación táctica de Mourinho esta temporada ha sido colocar a Pepe de mediocentro. Eso ya lo hizo Javier Clemente hace años y le crucificaron. Por eso sorprende que a Mou se le permita todo. Sorprende que la afición del Madrid, tradicionalmente exquisita y refinada en sus gustos futbolísticos, coree su nombre antes del partido, aplauda a rabiar una simple presión en la salida de balón del Barcelona y se conforme con ver a su equipo jugar a no perder. El Madrid ha renunciado al fútbol y a casi nadie parece importarle.

Florentino ha entregado el club a un ladrón de fútbol. Obsesionado con Guardiola, con demostrar que el Barça es un invento de la prensa, Mourinho ha embarcado a todo el madridismo en una aventura de incierto final en la que todo vale para derrotar a su gran rival: la ofensa, el antifútbol, el matonismo dialéctico, las marrullerías en el campo. Sólo desde las urgencias de un club desquiciado se puede explicar esta circunstancia.

Vuelvo a citar a Xurxo Chapela: «Descanse el Real Madrid en paz».