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30 millones por Coentrao, un escándalo

Que sí, que cada uno hace con su dinero lo que quiere y que el Real Madrid es libre de fichar a quien quiera y cueste lo que cueste.  Pero es que sigo perplejo, ¡30 kilos por Fabio Coentrao! Para mí, es un pelín desproporcionado. Y eso que no quiero meterme en si es imprescindible en el esquema que diseña Mourinho para la próxima temporada. Le dejo a él que se gane el sueldo colocando a Coentrao, Marcelo y alguno que otro más por la misma banda izquierda.

El Real Madrid cuenta con un presupuesto de 450 millones de euros, de los que 55 ya se han esfumado en los cinco fichajes que ha realizado. Mientras, la sección de baloncesto ha visto recortado drásticamente su límite de gasto. Y ni hablar de abrir secciones en otros deportes.

Por eso gastarse 5.000 millones de las antiguas pesetas en un chico de 23 años que todavía debe demostrar mucho roza la falta de ética. Sobre todo, en unos tiempos en los que muchos clubes sufren para cuadrar sus cuentas, otros andan en concursos de acreedores y hasta hay algunos que han bajado de categoría por no pagar a sus jugadores.

Coentrao puede llegar a ser un futbolista excepcional, tanto de lateral como de extremo o interior. Tiene un físico envidiable, una zancada digna de un atleta, regate, centro y buenos criterios defensivos. Pero su carrera se limita a haber ganado una Liga portuguesa, una Copa portuguesa, una participación en un Mundial y un paso efímero por la Liga española (cinco meses en el Zaragoza). Por eso, y por ahora, no vale 30 millones de euros.

Como tampoco valen 45 millones el brasileño Neymar o 50 millones el chileno Alexis Sánchez. Sin embargo, el resto de equipos del mundo ven en el Madrid y el Barça a las perfectas gallinas de los huevos de oro. No tienen prisa en desprenderse de sus estrellas, porque saben que al final harán buena caja. Benfica, Santos o Udinese velan por sus intereses y tienen toda la legitimidad a pedir el máximo. Pero contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Sin embargo, se da. Y eso tan solo acarrea que se hinche cada vez más la burbuja futbolística y que la desigualdad en la Liga española se haga prácticamente insuperable.