Diez pecados gastronómicos de los borrachos noctámbulos

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Es un domingo de madrugada y vuelves a casa después de una noche fiesta. Te has bebido hasta el agua de los charcos y lo único que quieres es llegar a casa y meterte en la cama. Pero antes, has de satisfacer otra necesidad aún más importante: comer. No te has dado cuenta hasta que han bajado las persianas del último garito de que te mueres de hambre. Y en lugar de esperar a llegar a casa para recuperar fuerzas antes de un profundo sueño, necesitas una alternativa más rápida y que no implique mucho trabajo por tu parte.

Es ahí cuando nos metemos entre pecho y espalda manjares que de estar sobrios seguramente preferiríamos esquivar por el bien .

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Salchichas ambulantes

Allá donde se celebren unas fiestas patronales estará la "salchifurgo", un establecimiento de comida rápida ambulante que despacha patatas fritas, perritos calientes y hamburguesas a diestro y siniestro desde que cae la noche hasta el alba. Son el salvavidas de los fiesteros en los lugares más remotos de la geografía española.

Da igual que la noche aún sea joven o los gallos se estén empezando a desperezar, donde estén las grasientas patatas con misterioso kétchup o los perritos calientes de plástico de las salchifurgos, que se quiten las demás comidas.

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Hamburguesas del McDonalds

Si salimos de marcha en una ciudad, las opciones de avituallamiento se multiplican hasta el infinito. Siempre nos encontraremos alguna cadena de comida rápida abierta las 24 horas del día, siempre dispuesta a hacer caja gracias a los cuerpos errantes de la noche.

Es cuando entras por la puerta grande y pides la hamburguesa más grande de la carta y sigues tu camino hacia casa o a seguir con la fiesta, o te sientas en algún banco de los alrededores a sentir cómo tu organismo va poco a poco recobrando su vitalidad perdida por los estragos en la pista de baile.

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Kebabs

¡Los míticos kebab! Una zona de marcha que no tenga en las proximidades un restaurante turco abierto toda la noche para reponer fuerzas no es una zona de marcha cinco estrellas. Esos kebabs de sospechosa salubridad, chorreantes, calentitos, sabrosos y con todo tipo de salsas cuyos ingredientes es mejor ignorar… ¡Cuántos estómagos alcoholizados habrán calmado y a la vez torturado!

Lo peor de todo es que jamás sabremos si el malestar gástrico del día siguiente se deberá al exceso de alcohol o a ese fatal bocado. Y lo mejor es seguir ignorándolo.

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Sándwiches de máquina

Cuando no hay más, contigo, Tomás. Sí, son esos sándwiches de las maquinas expendedoras que nadie, por muy hambriento que esté, se atreve a consumir durante el día (¿sándwiches de cangrejo? ¿¡Estamos locos!?) pero que a altas horas de la noche salvan las vidas de muchos fiesteros que caminan cual zombies de camino a casa.

Sandwich vegetal, de pollo, de tortilla de cangrejo, de atún… Una amplia variedad empaquetada, refrigerada y lista para servir por estos silenciosos y discretos centinelas de la noche.

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Chocolatinas

Y junto a esos sándwiches que tan mal rollete dan se encuentra una amplia gama de chocolatinas que por el módico precio de un riñón saciarán una quinta parte de tu hambre de tiranosaurio. Kit-kat, Conguitos, Mars, Crunch, Oreos, Lacasitos, M&Ms…

Son el último recurso cuando no hay bares abiertos o demás lugares donde poder tomar un buen bocado de algo que nos sacie como dios manda. Aunque, si nuestra casa no está muy lejos, no son pocos quienes prefieren esperar a llegar a casa y pillar lo primero que se encuentren en el frigorífico.

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Croissant con Cola Cao

¿Si es la hora de desayunar, qué importa que lo hagas antes o después de dormir? Cuando lo primeros rayos de sol despuntan en el horizonte y los establecimientos más madrugadores abren sus puertas, no hay que pensárselo dos veces: un tazón gigante de leche con Cola-Cao y una pieza de bollería te dejarán el cuerpo como nuevo antes de volver a casa y desplomarte sobre el colchón.

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Porras

Si no queremos sentarnos a desayunar, también podemos llevarnos el desayuno a casa, o ir comiéndolo por el camino. Y para eso, los churros y las porras son los reyes de la fiesta. Ve a la churrería más madrugadora y echa mano de un hermoso, grasiento y calentito cucurucho de porras y terminarás la noche como un auténtico dios del Olimpo.

Y para los más atrevidos: si las porras a pelo os resultan secas, probad a remojarlas en cerveza. ¡Que la noche no acabe!

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El chino del amanecer

Todo un clásico de la marcha madrileña post-apocalíptica: decenas de chinos están apostados en otras tantas esquinas del centro de la ciudad, ofreciendo una versión recalentada (sí: asombrosamente está caliente) de las delicias habituales en los restaurantes de esta etnia, de los tallarines con bambú la ternera en salsa de ostras. La cena favorita de Torrente.

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Pan y bollería recién horneada

Si aún no es lo suficientemente temprano para que los primeros bares abran pero sabes de un buen horno en las proximidades donde se están preparando los panes y los bollos del domingo, seguro que tus fosas nasales habrán sido atraídas hasta ese maravilloso lugar. Un golpecito en la puerta, una tímida mirada al interior ¡y en pocos minutos tendrás los brazos llenos de pan y bollería recién horneada!

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Leche

Leche de vaca recién ordeñada, ¿por qué no? Cada vez se ven más máquinas expendedoras de leche de vaca en las calles de las ciudades y pueblos de España. Metes una moneda, pones el vaso bajo el chorro y ¡a servirse un buen trago de leche de vaca fresquita!

Si la noche no ofrece demasiadas alternativas para llenar la tripa de algo sólido y nos negamos a seguir bebiendo más alcohol por nuestro bien y por el de los que nos rodean, tomar un buen vaso de leche fresca a las 4:00 sin tener que ir hasta casa es un manjar que solo unos pocos privilegiados pueden degustar.

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Más cerveza

No obstante, no siempre es fácil de encontrarse con un garito que sirva comida; según dónde se desarrolle la noche, las opciones alimenticias son inexistentes (ni máquinas de vending, ni bares, ni establecimientos de ningún tipo), y en tal caso no nos quedará otra que echar mano de la enésima cerveza y tirar hacia casa.

Será entonces cuando, hambrientos cual lobos, arrasaremos con todo lo que encontremos en el frigorífico.

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