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Diez anécdotas del Camino de Santiago que Rajoy y Merkel no podrán contar

26 Ago 2014
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El pasado domingo, hasta las meigas huyeron del camino. Alguien con más poder que ellas merodeaba por tierras gallegas. La temida dueña de Europa, la mismísima Angela Merkel, se disponía a hacer el Camino de Santiago.

Ni lo hacía sola – la acompañaba un tal Mariano, un español al que le gusta que Angela le marque el camino a seguir – ni hizo algo que pueda ser llamado «Camino de Santiago» strictu sensu. Andar seis kilómetros hasta la catedral compostelana es algo así como decir que te has leído el Quijote porque sabes cómo empieza.

Seis kilómetros del Camino de Santiago no permitieron que la buena de Angela y su querido Mariano disfrutaran de toda la esencia que hay en el espiritual viaje cuyo culmen se encuentra en la catedral gallega.

De las muchas cosas que se han perdido Rajoy y Merkel en su caminar, hay algunas que habrían marcado un antes y un después. Algunas anécdotas que todo peregrino vive de camino hacia Santiago y que, protagonizadas por estos líderes políticos, hubieran dejado una huella imborrable y un buen puñado de carcajadas.

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Picarse para llegar el primero

La obsesión de muchos peregrinos por llegar los primeros a la siguiente parada (con el lógico objetivo de tener sitio en el albergue de turno) no pasó por las mentes de Merkel y Rajoy. Para empezar, porque en 6 kilómetros poco pique puede haber y, por último, ¿alguien duda que Rajoy hubiera sido derrotado de forma humillante por la canciller germana? Evidentemente, Mariano no hubiera tenido arrestos suficientes para adelantar a Merkel.

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Descubrir a tu compañero

No se trata de una anécdota, sino de una de las mejores cosas del Camino de Santiago: horas en compañía de alguien a quien terminas conociendo a fondo. Sin embargo, en 6.000 metros, Rajoy no pudo descifrar la gélida forma de ser de la alemana. Además, si Merkel no sabe español y Rajoy no tiene ni idea de alemán ni de inglés, ¿cómo iban a intimar en tan solo una hora?

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Curarse las ampollas

Los dos líderes europeos llevaban calzado cómodo y anduvieron poco. Así no había forma de que a alguno de los dos le saliese la ampolla que todo peregrino teme, y que se las tuvieran que curar mutuamente. ¿Imagináis a Mariano mimando a la dueña de Europa para que sus pies no sufran? Sería tan romántico… Tan idílico… Tan… Tan asqueroso.

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Discutir sobre si es a la izquierda o a la derecha

Tranquilos. La cara de perdido que tiene Mariano en esta foto no se debe a que él y Angela no supieran por dónde ir. En un recorrido tan corto, estos dos tortolitos caminando por mitad del bosque no vivieron el mágico momento en el que dos peregrinos discuten sobre si hay que coger la bifurcación de la izquierda o si hay que decantarse por la de la derecha. Si Rajoy tiene esa cara de perdido es porque no sabe cuál es el rumbo del país, no por no saber cómo llegar a Santiago.

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Disfrutar tranquilamente de la majestuosidad del la fachada del Obradoiro

Al peregrino le espera una espectacular visión al llegar a su destino: la imponente fachada catedralicia de la plaza del Obradoiro. Algo de lo que disfrutar con todos los sentidos, sí. Sin embargo, el uso del oído rompió este mágico momento vivido por Merkel y Rajoy, Rajoy y Merkel, que tuvieron que sufrir los abucheos y gritos de un grupo de exaltados que se habían propuesto destrozarles la experiencia a nuestros dos protagonistas. ¡Desalmados manifestantes! ¿Es que nadie piensa en Mariano y Angela? ¿Acaso eso que gritan es más importante que lo que ellos están haciendo? ¿En qué les incumbe? Nada, nada. Policía, ¡cállenlos!.

cola

Hacer cola para entrar en la catedral

Lo que más puede apetecerle a un peregrino después de días caminando cientos de kilómetros es plantarse a hacer cola para entrar a ver al apóstol. Eso sí que es un momento mágico. Pues bien, como era de esperar, Merkel y Marianín tenían pase VIP y sufrieron la misma cola que cuando van al súper: ninguna.

abrazo

Abrazar con alegría al apóstol

Después de la paliza, el peregrino llega con alegría a su última meta: abrazar al apóstol. Se sea creyente o no, desde allí se disfruta de unas maravillosas vistas del interior de la catedral y, al fin y al cabo, se trata de una tradición y un motivo de felicidad. Por fin has terminado el Camino de Santiago. ¿Ves en la imagen atisbo alguno de alegría? El problema de Merkel es que, sin sufrir lo que sufre un peregrino, no supo valorar la felicidad del final de su particular minicamino de Santiago. Así, su cara de ajoporro al abrazar la imagen del siglo XIII lo dice absolutamente todo.

MERKEL EN LA FERIA ANUAL DEL ESTADO FEDERADO DE TURINGIA

Que te la den con queso en el Camino

Antes de llegar a Santiago, te pueden pasar mil cosas. Una de las advertencias que se suelen hacer a los nuevos peregrinos es que tengan cuidado con el «menú del peregrino», un menú como otro cualquiera en los pueblos situados camino de Santiago y que son algo más caros por el simple hecho de llevar esa coletilla. Merkel y Rajoy no tuvieron ese problema por varios motivos: en ese trayecto tan corto no pararon ni para comprarse un botellín de agua, así que nadie pudo engañarles. Por otra parte, al llegar a Santiago demostraron que el precio no importaba mucho, ya que comieron en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. ¿Quién dijo austeridad?

discusion

Discutir por el presupuesto diario

Si dos peregrinos comparten camino y gastos, lo más lógico es que, en algún momento, uno de los dos quiera ahorrarse algún euro que otro. Esto, obviamente, no pasó el domingo entre Merkel y Rajoy. ¿Hubiera sido divertido verles discutir por el presupuesto en el Camino? ¿Qué más da? Era algo totalmente imposible… Todos sabemos quién decide cuánto dinero se puede gastar.

albergues

Compartir humanidad

Una litera, muchas horas andando y un día entero sin ducharte. No es una situación muy disparatada para muchos peregrinos, pero si esos peregrinos fueran Merkel y Rajoy, resultaría muy divertido imaginarlos durmiendo juntos sin haberse dado un fregado. Vamos, compartiendo vapores humanos. Una pena que esto no pasara, claro. No iban a dormir juntos, pero, aún así, tras 6 kilómetros los dos mandamases seguirían oliendo a rosas.

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Con información de Bici Peregrino, Santiago Turismo,  Huffington Post y 20 Minutos

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