Qué mala suerte tienes que ni en los mejores restaurantes te libras de comer mierda

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En cuanto un restaurante se pone de moda, corremos a intentar conseguir mesa para poder opinar y sobre todo poder chulear. Después de leer este post podrás seguir haciéndolo. Pero intenta que los que te escuchan no lo hayan hecho, o puede que te cueste un poco convencerles de que acudan a pedir mesa. La mayoría de estos alientos forman parte de las cartas de cualquier restaurante y también están en tu nevera y despensa, no finjas. Lo que tal vez no sabías era que para su fabricación se necesitaban ingredientes tan poco apetecibles como bórax o cabello humano. Asume que tu alimentación no es tan exquisita... Ni siquiera cuando pagas un pastizal por ella.

GelatinaFazMax

1.- GELATINA

No engorda por sí sola, no tiene conservantes ni tampoco aditivos. Su uso hace posible que muchas recetas de cocineros con estrellas michelín tengan esa consistencia sinuosa a la vez que firme y ligera. Lástima que en la explicación de la receta nadie tenga el valor de reconocer que la gelatina se hace con colágeno y que éste no es más que piel sin curtir del ganado vacuno o porcino a la que se le retira la grasa y se le añade los descartes frescos de cabeza y huesos. Si buscas qué es por ejemplo, la E441, una de las que más aparece en la etiqueta de lo que comes te sorprenderá.

pate a la pimienta verde

2.- PATÉ DE HÍGADO

Lo mismo lo sacas cuando se presentan los amigos en casa sin avisar, que lo eliges como aperitivo común para el centro de la mesa. A menos que en la carta o en la lata aparezca la palabra "foie" que sí obliga a que se trate del hígado hipertrofiado de aves por sobrealimentación, el paté que comemos es carne y vísceras de cerdo, vacuno y patos comunes, perfectamente triturados con harina, leche y conservantes. Si tu paté es Made in Colombia, conviene que sepas que hasta el más exquisitos de los patés que se elabora allí cumple con los requisitos estipulados por su código NTC 1325: que sólo un 10% de sus ingredientes sea efectivamente eso: hígado.

caviar

3.-CAVIAR

El manjar de los manjares también puede ser mucho menos apetecible de lo que crees si en su conservación han utilizado bórax.  Un ingrediente ignífugo, insecticida, que se usa para la elaboración del vidrio y de casi todos los detergentes, que sólo está prohibido en Estados Unidos. Hay grandes marcas de caviar que se preocupan en dejar bien claro que no lo utilizan en sus latitas a precio de oro así que  aprovecha bien tu viaje al otro lado del charco para comerlo porque si tu viaje es a Asia, te resultará aún más complicado huir de él. El bórax lo encontramos en el arroz al vapor, tallarines y albóndigas de cerdo, tres alimentos muy difíciles de esquivar hasta en el restaurante chino de tu barrio. Eso sí, para que sea tóxico habría que ingerirlo en cantidades industriales y es más que probable que, si elegiste el caviar para probarlo,  tu cuenta corriente no pueda permitírselo.

lutefisk

4.- LUTEFISK

Es uno de los platos estrella de la gastronomía nórdica e imprescindible en las casas de cualquier ligue que te eches que proceda de la Europa septentrional. El más exquisito es el de bacalao, pero cualquier pescado blanco seco es lutefisk después de añadirle sosa cáustica. Durante cinco o seis días, el pescado se sumerge en agua muy fría que se va cambiando a diario. Después de esta semana húmeda, al agua se le añade sosa cáustica, lo que hará que las piezas de pescado crezcan en tamaño y disminuya su contenido proteico hasta en un 50%, convirtiéndolo en gelatinoso. El resultado después de dos días es un pescado corrosivo que es necesario volver a sumergir por tres días más en agua helada. Te recomendamos no intentar hacerlo en casa por mucho que internet te dé la receta a la primera; es más que probable que termines fabricando un jabón de pescado cuyo olor no será precisamente a limpio.

helados

5.- PASTELERÍA RÁPIDA DE SOBRE

Son rápidos, fáciles de hacer y mantienen entretenidos  a los niños cualquier tarde de domingo. Solo hace falta mezclar el interior del sobre con agua o leche, poner en un molde, meter al horno y ¡voilá! en media hora ya lo tenemos. Panacea de madres modernas y solteros que comparten piso, estos pasteles de cremosa cobertura, para que se conserven y no se vengan abajo a las pocas horas,  tienen entre sus ingredientes glicol de propileno o propilenglicol  se usa en cosmética por sus propiedades como humectante, conservante o estabilizador. Y debe de ser bueno, porque todos los anticongelantes de coche que hay en el mercado, también lo llevan.

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6.- PAN, PIZZA Y PASTELES

Más te vale preguntar en tu panadería y horno si sus exquisitas masas tienen L-císteína si no quieres comer bajo ningún concepto cabello humano. Sí, pelos como los que tú quitas del peine son los que se utilizan para fabricar este aminoácido presente en infinidad de masas de pan, pasteles y masa de pizza que encontramos en el mercado y que compramos en cualquier supermercado, sobre todo si en la etiqueta luce el famoso "made in China". La L-cisteína se elabora de diferentes maneras en el mundo: en Japón por medio de biotransformación, en Alemania por síntesis y en China, por hidrólisis de cabello humano que las mujeres chinas venden en salones dedicados a recogerlo para procesarlo e incorporarlo a la industria alimentaria. Está presente en millones de bollos y pasteles industriales. Sólo la religión ha frenado significativamente su uso. Ni los judíos ni los musulmanes pueden comer nada que provenga del cuerpo humano, así que los chinos, que son rápidos hasta decir basta cuando ven peligrar cualquiera de sus producciones, han empezado a sustituir los cabellos humanos por plumas de pato. Según Jeanne Yacoubou , directora de investigación para The Vegetarian Resource Group, el 80 % de L-cisteína que se consume en la actualidad proviene de las plumas de pato. Ahora tú eliges qué te da menos asco.

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7.- ¿PALITOS DE CANGREJO?

Pocos son ya los incautos que creen que los vulgarmente conocidos como "palitos de cangrejo", tienen un solo gramo de este crustáceo. Por si acaso te quedaba alguna duda, aquí está la verdadera composición: o son especies marinas pequeñas o menudencias de merluza, caballa, abadejo y bacalao. Despojos y piezas pequeñas que no se pueden utilizar de ninguna otra manera, ni en conserva ni en filetes que se comercializan en bandejas en todos los supermercados del planeta. A esos restos de pescado mezclados, recalentados  y enfriados en menos de 40 minutos, se les añade colorante (y mucho), huevo, sal, azúcar y se congela. Por si aún te quedan ganas, Youtube tiene vídeos explicativos para que no pierdas detalle. Casi mejor cómprate 1/4 de kilo de gambas arroceras si de verdad quieres comer algo que tenga que ver mínimamente con el marisco.

tarta_frambuesas

8.- FRAMBUESA Y VAINILLA POCO VEGETAL

¿Cuántas veces has elegido un pastel porque indicaba que era de frambuesa o de vainilla? Una vez más, a menos que se trate de una producción artesanal, muchos tienen una sustancia llamada castóreo.  George A. Burdock en su libro "Fenaroli’s os flavor ingredients" detalla los muchos usos alimenticios que se le dan a esa glándula animal que en algunos países sólo se utiliza para perfumes, peor en otros se utiliza como potenciador de sabor y color. El castóreo procede de las glándulas traseras de castor; es decir, del culo de este animal. Por cierto, podemos comprar dichas glándulas por internet si queremos añadirlo a nuestras recetas. Ya sabes que lo que no mata…

Foto pastilla Avecrem

9- PASTILLAS DE CALDO

La leyenda urbana más cruel se refiere a las pastillas de caldo. ¿Cuántas veces has escuchado que en realidad son los desechos de aves y animales que no pueden procesar de otro modo (ni en filetes, ni bandejas de comida troceada lista para cocinar),  triturados y apelmazados? Algunos hablan incluso de fábricas donde los ojos, pezuñas, patas y todo tipo de vísceras de animales hierven en pucheros gigantes. Pues no. Aunque para la tradición más gore imagen resulta deliciosa, en realidad las pastillas de caldo no tienen más de un 2'5% de extracto de carne. El resto es levadura, almidón de maíz, lactosa, un 3% de aceite de oliva, almidón de trigo, caramelo,  aroma natural de carne, leche y apenas un 0'02% de hortalizas diversas. Vamos, que son a la carne, el pollo y el pescado, lo que los gofres del supermercado a la repostería fina. A esto añádele más sal de la que recomienda ningún médico y sabrás por qué es uno de los ingredientes que antes dejan de utilizar los pacientes hipertensos. Efectivamente, muy saludables no son. Pero sí han conseguido instalarse en nuestras despensas como arma imprescindible para cocinar cualquier puchero. ¿O piensas pasarte cuatro horas mínimo con la suficiente carne y hortalizas a fuego lento hasta conseguir ese sabor tan casero?

Celia Blanco es gourmet microbiótica y dirige el programa Contigo Dentro, en la Cadena Ser.

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