El motivo capilar definitivo por el que Pablo Iglesias va a ser el próximo presidente del Gobierno

presipelos carmona

Si Pedro Sánchez, Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre quieren ganar las elecciones generales de 2015 deberían empezar a dejarse perilla. En caso contrario, el líder de Podemos Pablo Iglesias será el próximo inquilino de Moncloa (si es que no traslada su residencia oficial a Batán). La perilla es la única variante capilar facial que le falta a la democracia española, según el perspicaz dibujo del gran Álvaro Carmona que ilustra este post.

No le falta razón a Carmona en su análisis de urgencia. Nuestra joven democracia tardó más de dos décadas en abrirse al vello facial, y el papel de pionero recayó en José María Aznar o más concretamente en su bigote, un aditamento estético que, como bien sabemos, identifica a la gente de derechas. Antes que Aznar, el rasurado fue la norma entre los jefes de Gobierno: Suárez, Calvo Sotelo y Felipe González jamás lucieron un pelo en la cara más allá de las patillas.

Si el bigote es de derechas, la barba es de izquierdas de toda la vida. Sin embargo, volvió a ser el Partido Popular el que logró romper 35 años de tradición, al situar en Moncloa al primer presidente barbudo, el hirsuto Mariano Rajoy, que todavía pena en este puesto. 2011 marcó el momento en que nuestra ya madura democracia estaba preparada para un presidente con barba: el otro candidato del PPSOE en el turno de partidos, Alfredo Rubalcaba, también adornaba su cara con el pelo que le faltaba en la cabeza.

presis

En medio, las dos legislaturas de Zapatero fueron un retorno al pasado rasurado, si bien sus cejas vulcanianas le hicieron acreedor del apelativo "el Cejas". (Es trampa, lo sabemos: las cejas vienen de serie en todos los humanos, sean presidentes o no).

Podemos se ha convertido en apenas unos meses en la gran esperanza blanca de la izquierda. ¿Será por su estilo directo, mediático y agresivo?, ¿será por su promesa de redistribuir la pobreza entre todos los españoles? No señores, en realidad su secreto el audaz estilismo de su líder: coleta y perilla, dos innovaciones capilares que crean un abismo insalvable entre él y la casta.

Pueden olvidarse, por tanto, de demoscopias y barómetros: Pablo Iglesias será el próximo inquilino de Moncloa/Batán (a no ser que, insistimos, Espe se deje perilla) y a nuestra amada democracia sólo le restarán dos retos para legitimarse capilarmente: la primera mujer presidente y el primer presidente calvo, a ser posible unidos en un mismo ser: una presidenta calva. ¿Alguna voluntaria?

ana botella pelona

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