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El ‘efecto Streisand’, explicado a los fanáticos

14 Ene 2015
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Iñaki Berazaluce

hebdo1

El efecto Streisand en movimiento.

Cada día se publican en todo el mundo centenares de revistas satíricas, miles de viñetas y millones de montajes humorísticos en internet. La mayoría de ellos pasan completamente desapercibidos o, con suerte, reciben sus quince minutos de fama correspondientes (aunque puede que quince segundos sean más que suficientes hoy) y nadie vuelve a recordarles.

Sin embargo, aquellas viñetas, chistes o parodias que intentaron ser censuradas por sus víctimas, por jueces o por vigilantes de la moral alcanzan una difusión enorme: poner barreras a internet no sólo es imposible sino también contraproducente. A este principio se le conoce como ‘efecto Streisand’, a raíz de unas imágenes de las propiedades inmobiliarias que la actriz estadounidense intentó ocultar en 2003 y que acabaron convirtiéndose en un viral, en un meme. Barbra pasará a la historia como inventora accidental del efecto Streisand antes que como actriz. Por meme.

La intención de los fanáticos que segaron la vida de 20 personas en París la semana pasada era doble: por un lado, intimidar a cualquiera que en el futuro intente burlarse de su religión. Por otro, intentar erradicar la burla matando al mensajero. En lo segundo, ya han fracasado: ahora mismo miles de millones de personas han visto las caricaturas “blasfemas” que en un mundo ideal (por ejemplo, sin psicópatas asesinos con la susceptibilidad a flor de piel) hubieran pasado desapercibidas.

Esta es la gráfica que muestra las búsquedas sobre Charlie Hebdo en Google Trends:

trends charlie

Esta, más detallada, es la que muestra la evolución de las búsquedas sobre Mahoma. (Salta a la vista que muchos se preguntaron quién era el tal Mahoma del que se reían las caricaturas de Charlie Hebdo):

trends mahoma

Una búsqueda en Google News devuelve 76,4 millones de noticias sobre el semanario francés, mientras que en el buscador de internet la cifra asciende a 150 millones de resultados. Los miles de horas de informativos y millones de páginas en los periódicos sobre la masacre son pocos para rendir homenaje a los humoristas muertos pero más que suficientes para justificar el fracaso absoluto de atajar la blasfemia: ahora todos somos Charlie (y no hay balas para todos).

Las paradojas del ‘efecto Streisand’ la conocen muy bien en la revista El Jueves, pariente lejana de Charlie Hebdo, cuando tuvo la agridulce fortuna de ser secuestrada por un juez más papista que el Papa y más monárquico que el Rey Campechano: no quedó un solo español sin ver la famosa portada de los entonces príncipes de Asturias haciendo la caidita de Roma, ésta en concreto:

el jueves

Por suerte, aquella vez no hubo que lamentar víctimas, tan sólo la intransigencia judicial y un parecido desdén hacia la libertad de información que incluye, sí señores, la libertad de sátira.

Ni religiones, ni dioses, ni reyes, ni monarquías son inmunes a la sátira.

Que se lo digan a Javier Krahe, que sufrió en sus carnes mortales una kafkiana denuncia judicial por un corto satírico grabado en el Pleistoceno y emitido en 2004 por el programa Lo Más Plus, en el que se explicaba la receta de un Cristo, representación escultórica del famoso zombi que protagoniza el Nuevo Testamento. De nuevo, y gracias al milagroso efecto Streisand, un vídeo que sólo hubieran visto un puñado de amigos y compinches del cantautor acumula 44.000 visitas en YouTube.

Por cierto, Krahe fue absuelto de la acusación de “blasfemia” porque el juez consideró, con muy buen criterio, que el derecho a sátira prevalecía sobre la picajosa susceptibilidad de la Iglesia, institución, no lo olvidemos, detentadora de poder en España, ayer, hoy y siempre.

Los ejemplos son infinitos: el capítulo de South Park sobre la Iglesia de la Cienciología que intentó retirar Tom Cruise; el inolvidable grito de “¡Viva el vino!” del dipsomaníaco Rajoy, que su gabinete de imagen pretendió enterrar; las fotos de las hijas de Zapatero y, más recientemente, la película de Sony ‘The Interview’, carne de videoclub aunque convertida en un blockbuster gracias al empeño del régimen norcoreano por censurarla. Good try, Kim Jong Un.

La última ¿víctima? del efecto Streisand es nuestro compañero de La Tuerka, Facu Díaz, que deberá declarar mañana por un supuesto delito de enaltecimiento del terrorismo, por un vídeo paródico, que no han debido de entender ni el juez ni las víctimas del terrorismo: el objeto de la broma es el PP. Facu se lo toma con filosofía y está aprovechando para surfear la ola de inesperada popularidad que le está generando la denuncia. Y es que cuando un desconocido te regala medio millón de visitas, eso es Streisand:

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Con información de Público y Strambotic.

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