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Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con Rayos X en los ojos

28 Ene 2015
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¿Qué mirarías de tener visión de ‘rayos x’, capaz de atravesar objetos? Mientras te decides, invocamos desde aquí al Más Allá, para que se nos aparezca el marqués de Santa Cara,  el hombre con rayos X en los ojos, cuyos poderes enfrentaron entre 1923 y 1924 a expertos de todos los pelajes, entre ellos al mago Houdini o al escritor Valle-Inclán. Según relatan las crónicas y anuncios de la época, el aristócrata podía atravesar objetos con la vista, ver cuando era imposible ver… Una sorprendente historia real que recuerda al argumento de la última película de Woody Allen.

Amigos, y amigas, de lo estrambótico, seguidores de lo insólito, con ustedes un caso que trajo de cabeza a las mejores mentes del país, el pequeño Nicolás de otro momento. ¡Creyentes y escépticos, pasen y lean. No dejen de asombrarse con magias y esperpentos!

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Cuestión de vista

“Tengo poderes. Superiores. Si no, no serían poderes. Me pones delante un arcón herméticamente cerrado y soy capaz de leer los documentos que guarda en su interior. Sin abrirlo, se entiende. Puedo ver a través de las paredes  y puedo estudiar el estado de tu hígado con sólo fijar mi poderosa mirada en tu costado. Me llamo Joaquín de Argamasilla de la Cerda y Elio, aunque todos me conocen como Argamasilla, argamasa pequeñilla, truco nemotécnico para recordar que soy, además, hijo de marqués, carlista y muy español. Mis poderes, únicos, propios de un Superman con levita en vez de capa y mallas, los descubrió mi padre, apasionado del ocultismo, y ha sido tal mi éxito que la fuerza de mi mirada ha dividido a España, más, han dividido al mundo. Sobre mí, discuten Valle-Inclán, Cajal y Madariaga, la reina Mª Cristina ha creado un Comisión de Investigación…y hasta Houdini, el gran Houdini, vendrá está tarde a ponerme a prueba. Me cuentan que el mejor mago de todos los tiempos tiene como deporte desenmascarar fraudes esotéricos. ‘Siempre hay truco’, dice… Dentro de un siglo, una frase similar la pronunciará el protagonista de una película “Magia a la luz de la luna” ¿Qué cómo lo sé? Gentes de poca fe, porque tengo poderes.”

Estas bien podrían ser, o no, las palabras del espíritu que recién invocamos, al que conoceremos también como Cara Cemento, por su título nobiliario y su apellido tan de la construcción. Para contactar con él, allá en el otro mundo, nos servimos, entre otros rituales espirististas, del libro publicado por la editorial La Felguera, “Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos x en los ojos”, un relato a varias manos que recupera textos de aquellos años veinte del pasado siglo cuando esoterismos y materialismos se veían, de nuevo, las caras.

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En el libro nos cuentan como el joven Argamasilla fue conocido en el mundo entero, y parte del extranjero, por una supuesta vista prodigiosa. Fue su progenitor, fuente neutral, el primero en glosar sus méritos y explicar el proceso por el que, totalmente aislado de la luz gracias a una venda que cubría sus ojos, con los párpados bloqueados, y tras enfocar correctamente, podía ver a través de cuerpos opacos; eso sí, dependiendo del material del cuerpo, no era lo mismo atravesar oro que porcelana o cristal, malos conductores de la electricidad que impiden la ultravisión, textual. Así, el heredero del marquesado de la Santa Cara (sic) era capaz de averiguar el contenido oculto tras cajas y cerrojos, una habilidad a la que se le podía sacar mucho partido.

Se abre el telón y aparecen Houdini, Valle-Inclán, Woddy Allen y Cajal, ¿Cómo se llama la película?

‘Estamos en días de descubrir nuevos rayos. Nos encontramos en presencia de uno de los mayores descubrimientos”, llegó de declarar Robert Richet, prestigioso médico francés, convencido de la capacidad de Argamasilla y su utilidad para la ciencia. También lo estuvo el escritor Ramón María del Valle-Inclán, quién compartía pasión por el ocultismo con el padre del visionario joven. El creador del esperpento era creyente confeso en lo esotérico,»la materia no lo explica todo», solía decir. Desde ahí, defendió con ardor, mesándose la barba cual hipster canoso, las teorías de su amigo y los poderes del hijo: «Ve através de las paredes de la caja porque es capaz de doblar la mirada e introducirla por la finísima rendija de la tapa como si se tratara de una hoja flexible de acero, que una vez dentro se apropia de la imagen, se dobla de nuevo y regresa hasta el vidente”. Ahí es nada.

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Pero, el autor de Luces de Bohemia no fue el único que tomó partido en un combate dialectico que se repetía en cafés y tascas. Intelectuales, científicos, políticos y la sociedad en general se dividieron. El asombro ante las sesiones de adivinación llegó a la corte y la reina Mª Cristina ordenó la creación de la ya mentada comisión de investigación sobre el caso, la presidía el mismísimo  Ramón y Cajal y  en ella participaban un físico, Blas Cabrera, un fisiólogo Juan Negrín, y el neurólogo y psiquiatra Rodríguez Lafora, además de un oculista, un histólogo y un cardiólogo, porque siempre está bien tener a mano alguien que sepa leer el corazón. Fascinante por su objetivo tal reunión de expertos y más fascinante aún por su denominación: ¡Una comisión de investigación! Eso sí que es magia.

Entre tanto la comisión investigaba, las noticias sobre Argamasilla cruzaron fronteras. Pronto le reclamarían de París y Nueva York. Será en la Gran Manzana donde el hombre con mirada de rayos X despierte la atención de Harry Houdini. El encuentro entre ambos  tendrá lugar en 1924 en el Hotel Pensilvania de Nueva York. ¡Houdini!, los Argamasilla debieron echarse a temblar: el mago de los magos. Houdini, el escapista. El prestidigitador. El Gran Houdini, taumaturgo de día y cazador de timadores de noche. Porque tras descubrir el engaño de una vidente, Harry se afanaba en desenmascarar adivinadores, cual detective del abracadabra pata de cabra.

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Aquella tarde de 1924 en el Hotel Pensilvania, Cara Cemento no superó la prueba. El mago no le quitó ojo durante toda la representación, siguiendo cada uno de sus movimientos, reconstruyendo los trucos, hasta que se puso en pie e interrumpió la actuación. La sentencia de Houdini fue demoledora, ‘exijo que reconozca que tienen truco’, gritó ante un patio de butacas atestado de creyentes. Ahí se acabó el mito: la innovación que iba a revolucionar la ciencia entera. A su regreso a España, el Marqués de Santa Cara padre insistió en la veracidad de su descubrimiento. Pero, el telón había caído y el caso Argamasilla terminó, salvo para algunos fieles inasequibles a cualquier evidencia que derrote leyendas de superhéroes.

Esos viejos conocidos

Según cuenta el escritor Ramón Mayrata, coautor del libro publicado por la editorial La Felguera, “tras su desenmascaramiento, la actividad de Santa Cara se encauzó hacia la política”. ¿Dónde si no? Publicó un libro En honor de la verdad, no sobre miradas poderosas, sino sobre los poderes de Primo de Rivera, a quien dedicó una encendida defensa. No en vano, el general había fundado la segunda sociedad espiritista organizada de España. “Durante la última década de su vida, cuenta Mayrata, Santa Cara elaboró una versión castiza del antisemitismo. A su juicio, existía una revolución mundial, cuya trayectoria conducía a la barbarie, de la que la sinagoga era la entidad directiva”. Oigo voces de otros tiempos. ¿Por qué me sonarán? ¡Qué Houdini, su desenmascarador, fuera judío, será casualidad!

Y así terminó la historia de Cara Cemento y sus ojos con rayos X. Una ilusión de las muchas que se vivieron en aquella época entre notas de jazz y divanes freudianos. No debe extrañarnos, entonces, que hasta ella haya viajado  Woody Allen en su última película sobre trucos y embrujos.

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“Magia a la luz de la luna”

En su último film, el director neoyorkino  nos presenta a un mago ‘condenado’ al escepticismo al que una encantadora jovencita, nadie la esperaría vieja, ¿no?, y su talento para leer la mente se le resisten. El delicioso cuento transcurre en la misma década en la que Argamasilla asombra al mundo, los años veinte del siglo veinte, eso es una señal, mientras por doquier se anuncian poderes únicos.  El personaje que interpreta Colin Firth, recuerda al de Houdini y su persecución de los médiums y espiritistas en general.

El gran mago libraba una cruzada personal contra «aquellos que vendían supuestos poderes mágicos para engañar a la gente». Llegaba a acudir disfrazado a las distintas sesiones nigromantes y ofreció premios a quien demostrara tener habilidades sobrenaturales, pero le salió gratis  porque siempre descubría el truco. Gracias a sus conocimientos sobre la percepción y sus engaños, publicó varios artículos en la revista  Scientific American y declaró contra el espiritismo ante el Congreso.

Uno de sus enfrentamientos más sonado fue con su otrora amigo Arthur Conan Doyle. El creador del detective más famoso de todos los tiempos, ¡elemental, querido Watson!, además de médico era un ferviente creyente en el Más allá. La relación epistolar que mago y escritor mantuvieron muestra las diferencias, a veces irreconciliables, entre dos visiones del mundo y la realidad.

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¿Cuál es el truco?

Para Houdini se trataba no de revelar el truco sino de reconocer que éste existía. A lo largo de los siglos, y de forma natural, los magos han aprendido a dominar los engaños a la percepción, los juegos con la atención quee dicen mucho sobre nuestra manera de procesar la información del exterior. Tan es así que  existen varias investigaciones cerebrales en marcha que se sirven de la magia para estudiar cómo funciona la mente. Por ejemplo, la que lleva a cabo Susana Martínez-Conde del Instituto Neurológico Barrow de Phoenix, quien acostumbra a explicar que los trucos de los magos se sirven habilmente de que nuestro cerebro es fácil de piratear.

Houdini conocía muy bien la práctica y la teoría de esa piratería mental, cuando algo parece lo que no es, cuando las cosas desaparecen delante de nuestros ojos y el ilusionista traspasa paredes con la mirada como por arte de magia.  Por eso, descubrió el truco de muchas puestas en escena esotéricas y, por eso, desenmascaró al bueno de Argamasilla;  nuestro particular espíritu Cara Cemento cuyas palabras me atreví a traer desde el pasado porque yo también tengo poderes: puedo oír lo que pasó y adivinar que en otro medio plazo materialistas, ateos y escépticos en general andarán enzarzados con creyentes, espiritistas y esotéricos (en general). Reto a Houdini a que vuelva del mundo de los muertos y descubra cómo lo hago.

Este artículo ha sido posible gracias a los mediums de la Editorial Felguera, entre ellos Ramón MayrataGrace Morales; también han contribuido otros espiritistas como Wikipedia,  Sherlock Holmes y las fotografías con cámara con rayos X del artista visual Nick Veasey

Pepa Ramos es periodista, documentalista y fue campeona infantil en salto con garrocha.
 
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