¿Por qué los asesinos del ISIS decapitan (también) a los muñecos del futbolín?

futbolin

La brutalidad de sus acciones a la hora de acabar con la vida de sus prisioneros ha dado la vuelta al mundo y, en el interior de las fronteras de su estado imaginario, una radical ‘sharía’ regula la vida de cerca de ocho millones de personas, según el Wall Street Journal.

El ISIS, el autoproclamado califato que domina Irak y Siria, aplica mucho más que horribles torturas para sus prisioneros. En los dominios del Estado Islámico una serie de reglas impuestas por el régimen extremista rigen la vida cotidiana de los habitantes de la región y los propios asesinos del ISIS.

De entre esa larga lista de férreas prohibiciones, recogidas por el experto en Oriente Medio Aymenn Jawad Al-Tamimi tras meses monitorizando las redes sociales de las principales figuras vinculadas con el Estado Islámico, llama poderosamente la atención: los muñecos de futbolín no pueden tener cabeza.

A pesar de que jugar al futbolín o al billar está permitido en el Estado Islámico, estos populares juegos están sometidos a unas peculiares normas de obligado cumplimiento, que afectan, sobre todo, a sus soldados.

billar

Para empezar, las figuras con las que se juega al futbolín deben ser decapitadas. Por increíble que parezca, estas decapitaciones están motivadas por el mismo precepto que lleva a los ‘mujahidines’ del ISIS a volar estatuas milenarias de otras culturas allá por donde pasan: una retorcida interpretación de la prohibición islámica que impide adorar ídolos es lo que termina con antiguas estatuas asirias hechas añicos y muñecos de futbolín decapitados.

Para que no tengan parecido alguno con una estatua, cuerpo y cabeza de estos futbolistas en miniatura deben ser separadas.

Ni apuestas ni insultos

La estricta regulación del futbolín en el Estado Islámico va mucho más allá de la decapitación de las figuras para evitar cualquier parecido con una estatua a la que idolatrar. Los habitantes de regiones dominadas por el ISIS pueden jugar, pero en cualquier caso no se pueden hacer apuestas. Así, estas son las normas que deben seguir para poder jugar:

- Nada de apuestas. Eso quiere decir que el perdedor tampoco puede pagar la siguiente partida. Mezclar juego y dinero es, para el ISIS, obra de Satanás.

- La prohibición más fuerte es la que hace referencia a la testa de los Messi y Cristiano Ronaldo del fútbol en miniatura. Ni una cabeza: lo único redondo es el balón.

- Los típicos piques en mitad de una partida que terminan con algún inocente insulto son un verdadero peligro en los dominios del Estado Islámico, donde la blasfemia, el desprecio, el resentimiento o el odio hacia otro musulmán pueden salir muy caros.

En cualquier caso, la práctica del futbolín –o el billar- no debe, aun cumpliendo estas rígidas normas, distraer a habitantes y asesinos de lo que el ISIS considera como lo realmente importante: nombrar y adorar a Alá. Ningún juego o entretenimiento debe alejar a los miembros del ISIS de su dios, a riesgo de someterse al castigo correspondiente.

Precisamente en cuanto a las consecuencias del incumplimiento de esta férrea y absurda normativa para el futbolín, Al-Tamimi no ha encontrado cómo pagan propios y extraños al ISIS jugar con figuras sin decapitar o apostando pero, en cualquier caso, la blasfemia a Dios está penada con la muerte en el Estado Islámico, lo que hace pensar que, si los futbolistas no son decapitados, otro cuello está en juego.

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Con información de Wall Street Journal, El País, Daily Mail y Aymenn Jawad Al-Tamimi.

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