Strambotic

Noticias insólitas, bizarras e impertinentes

El premio Stella o cómo hacerse millonario sufriendo accidentes estúpidos

09 Jul 2015
Comentarios

Compartir: facebook twitter meneame

Sergio Parra

SONY DSC

Pop Tarts

En algunos mecheros BIC que se comercializan en Estados Unidos,  así como en las Pop Tarts de Kellog´s (una suerte de empanadas dulces para la tostadora), se explicitan unas advertencias tan obvias que parecen un insulto a la inteligencia. En la caja de Pop-tarts de Kellog´s podemos leer: “Cuidado: el relleno puede estar caliente cuando se calienta”. En el aviso que hay en los mecheros BIC estadounidenses podemos leer: “No encender cerca de la cara”.

Podríamos llegar a entender que se trate al consumidor como un disminuido psíquico si atendemos a las cifras de accidentes con objetos cotidianos. «Hay más personas heridas por el manejo de aparatos de alta fidelidad (46.022) que por el disfrute de monopatines (44.068), camas elásticas (43.655) e, incluso, hojas y maquinillas de afeitar (43.365). […] Casi 50.000 americanos se lesionan anualmente valiéndose de lápices, bolígrafos y demás artículos de escritorio». Son cifras de Estados Unidos expuestas por Bill Bryson en su libro Historias de un gran país. Sin embargo, a pesar de que son cifras asombrosas, no son estadísticamente significativas: en Estados Unidos hay mucha gente, así que es normal que un mínimo porcentaje se haga daño con cualquier cosa.

¿Entonces? ¿Esas agoreras advertencias están dirigidas a ese mínimo porcentaje de la sociedad? No, en absoluto. Sería una inversión de medios desproporcionada para simplemente advertir que estar vivo te puede matar. Estas perogrulladas no revelan hasta qué punto el ser humano es tonto y torpe, sino más bien funcionan como estrategias para evitar demandas millonarias o querellas por un mal uso. En otras palabras: esas advertencias para tontos ponen de manifiesto lo divertido que es el sistema judicial estadounidense.

De hecho, esta clase de demandas absurdas tienen su propio galardón a la estupidez (o a la jeta de cemento armado del que demanda): el premio Stella, en honor a Stella Liebeck, que en 1992 sufrió un accidente en un McDonalds al caérsele encima un café. Sufrió quemaduras de tercer grado en muslos y genitales. Stella reclamó 2,9 millones de dólares, pero el juez, finalmente, solo la indemnizó con 480.000. Desde ese día, en las tazas de café del McDonalds se advierte que el contenido está muy caliente y es peligroso.

stella-book

 

Demanda al canto

Anualmente, el premio Stella ha galardonado demandas todavía más psicotrónicas, entre las que destacamos con fosfosrescente amarillo la de Kara Walton, de Claymont, Delaware, que el diciembre de 1997 demandó al propietario de un pub nocturno cuando se precipitó de la ventana del baño y se partió los dientes contra el suelo. Obtuvo 12.000 dólares de indemnización, más los gastos del dentista (que no serían baladí).

Hasta ahí, vale. Pero lo más surrealista es que Kara había tenido ese accidente cuando intentaba escaparse del local para evitarse pagar la cuenta de 3,5 dólares.

  • En 2007, Roy L. Pearson Jr., de 57 años de edad, demandó a una tintorería con 65.462.500 dólares por haberle extraviado dos pantalones. Sí: más de 65 millones de dólares por un par de pantalones. Afortunadamente, el juez desestimó la demanda. Pearson, inasequible al desaliento, recurrió.
  • Robert Hornbeck, después de servir una temporada como soldado en Irak, se alojó en un hotel, se emborrachó, se introdujo en una unidad de aire acondicionado y, al activarse la maquinaria, sufrió graves heridas. Debido a su estado de embriaguez, Hornbeck no supo cuidar de sí mismo y se desangró. Su familia, sin embargo, demandó al hotel por 10 millones de dólares.
  • Marcy Meckler, en el año 2006, salió de un centro comercial después de hacer sus compras. Pero una ardilla saltó de un árbol cercano y le atacó. Marcy demandó al centro comercial por 50.000 dólares alegando que debían advertir que hay ardillas peligrosas en las inmediaciones del local.
  • Allen Ray Heckard considera que se parece mucho al jugador de baloncesto Michael Jordan. En realidad no se parece demasiado, pero eso es lo de menos. La cuestión es que Allen aduce que merece 52 millones de dólares por difamación, debido a todas las veces que le confunden con Jordan por la calle. Además de 364 millones en «daños punitivos para el dolor emocional y sufrimiento». Claro que sí, campeón.

9486497_320X240

Cientos de premios falsos

Los Premios Stella solo estuvieron vigentes entre los años 2002 y 2007. En 2005, el escritor Randy Cassingham reunió algunas de estas locas demandas judiciales en el libro The True Stella Awards: Honoring real cases of greedy opportunists, frivolous lawsuits, and the law run amok, donde podéis consular los verdaderos premios Stella así como casos que se quedaron como finalistas.

Es una de las fuentes más confiables de los premios Stella, pues irónicamente en Internet se prodigan historias falsas a tutiplén, como el célebre caso de  Carl Truman, en Los Ángeles, que en junio de 1998 fue indemnizado con 74.000 dólares + gastos médicos cuando un Honda Accord le paso por encima de la mano. Carl, de diecinueve años de edad, estaba robando el tapacubos de ese Honda Accord. Sí, es falso, pero habida cuenta de lo ya leído, también podría ser verdad.

Más información en Stella Awards.

Sergio Parra es litigante profesional en el Ryalcao Postobón.