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‘Lágrimas de África’, el documental que intenta derribar el muro del sur

02 Oct 2015
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Pepa Ramos

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‘Lágrimas de África’, un documental sobre la ominosa valla de Melilla que competirá en la próxima edición de los Goya, se estrena hoy en Madrid. Entrevistamos a su directora, Amparo Climent, en la presentación de la película. Nerviosa y emotiva, esta artista plástica que debuta como documentalista, nos cuenta las idas y vueltas de un viaje que no termina. El suyo y el de todas aquellas personas que en la frontera sur esperan…mientras huyen.

Para saltarse los términos gastados, la instantánea mil veces repetida y el colapso de los lugares comunes… Amparo ha recurrido a la poesía. Porque ‘Lágrimas de África’, nació como un proyecto de artes plásticas, un poema visual que se fue haciendo documental, o a la inversa, y que llevó a su directora y guionista hasta el Parlamento Europeo: bajo el brazo carpetas llenas de dibujos y poemas. Pero, en Estrasburgo están para cosas serias.

– He estado abajo unas veinte veces – explica Amparo- la primera en 2014, cuando decidí viajar por primera vez a Melilla para conocer lo que estaba ocurriendo con los subsaharianos que vivían en los montes de Marruecos y ayudarles denunciando la situación.

Gurugú, Gururú…

De ahí nace la película documental que en la primera persona de su directora nos narra lo que encuentra y siente a uno y otro lado de la valla, en el monte Gurugú o el campamento Bolingo… A través de ella, conocemos a los protagonistas de un tozudo y vergonzante drama, que oculta mucha vida. Un trabajo que ha durado dos años.

-¿Cómo regresas tras cada uno de esos viajes?

-Agotada y dolorida pero dispuesta a volver. He vivido situaciones muy dramáticas y cotidianas pero de cada viaje también me he traído la esperanza de los hombres, mujeres y niños, que están al otro lado.

Amparo Climent se siente comprometida con esa esperanza, de alguna forma se siente depositaria de ella: “La recibí junto con los dibujos y las palabras”. Se los hicieron según los pidió en los campamentos y para ella son hoy un tesoro, su tesoro. Quería driblar Amparo los despliegues mediáticos y las crónicas gastadas, por eso durmió con ellos, comió con ellos, fue y volvió para recuperar las palabras y su peso gracias a la poesía.

-No quería quedarme en la pena, en lo lacrimógeno, quería enseñar quiénes y cómo son los hombres, mujeres y niños que luego vemos encaramarse a las vallas o llegar en pateras.

O naufragar… o ahogarse entre pelotas de goma que nunca estuvieron allí. Eso ha dicho un juez.

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¿Por qué esa bestialidad?

Amparo se hace así misma esa pregunta sin encontrar respuesta… o quizás sí la encuentra y es tal el espanto que prefiere callar… Porque somos, algunos más que otros, unos bestias, palabras mías no de ella. Por eso, nos cuesta poco acostumbrarnos a convivir con una bestialidad que sí de verdad fuésemos quienes decimos ser no aguantaríamos. La bestia, por criminal no por animal, puede firmar ‘que se pongan concertinas’ y darse al tiempo golpes de pecho con mucha humanidad.

¿Qué quiten las cuchillas?

Esa es la primera petición, exigencia, que le sale a la directora de Lágrimas de África. En sus viajes ha visto las heridas abiertas, los desgarros, la sangre. Como los africanos que sueñan…ha corrido de noche, a tientas, para evitar los golpes de los policías marroquíes… De ahí su segunda petición: ¡Qué dejen de dar dinero a Marruecos desde Europa! Disculpa Amparo que a estas alturas sonría con cierta indulgencia: ¿cómo va a dejar de pagar la UE a quien hace el trabajo sucio para que las manos del viejo continente parezcan menos manchadas y siga éste pudiendo presentarse ante el mundo como adalid de los grandes valores de la civilización? Y en verdad no se les cae la cara de vergüenza.

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-De todo lo que cuentas en la película, ¿dónde estás más tú?, ¿Dónde se te quedó enganchada la conmoción?

-Hay un momento en el que presentó a un sordomudo que llevaba dos años viviendo en el monte Gurugu… Es muy doloroso.

-Es una pregunta absurda pero hay que hacerla ¿cómo ha sido la experiencia?

-Intensa y muy humana. Eso está en el documental. He compartido la oscuridad del monte y el terror de la presencia policial, el frío y la soledad, las persecuciones por barrancos y riscos. Pero, también, las risas de los niños y las nanas que entre los pinares, le canta una madre a su bebé recién nacido. Las historias pequeñas de mujeres y hombres que luchan por conseguir una vida mejor que lo que han dejado atrás.

Resulta complicado convivir con ese dolor para narrarlo, para intentar hacer algo con él. Lo sé por experiencia. Tratas de exorcizarlo, conjurarlo, pero nunca acaba de salir del todo, hace poso.

-Tú que has estado tantas veces en la frontera ¿cómo vives lo que está pasando ahora con los refugiados sirios?

-En Melilla he conocido muchos sirios, empezaron a llegar al poco de empezar la guerra… No puedo decir más, es terrible. Pero, no me quiero quedar ahí, quiero añadir que hay que mucho que hacer no podemos limitarnos a decir qué horror. Todo el mundo puede hacer algo, nuestra pequeña aportación.

La suya es hoy ya una realidad: ‘Lágrimas de África’, una denuncia, un poema visual, un compromiso… Un grito. “Lo siento”, casi se excusa Amparo Climent, por desear que se abren las vallas, que caigan los muros, que los más vulnerables entre los vulnerables dejen de alimentar a los más predadores.

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Amparo Climent se comprometió con los protagonistas del documental en llevar los dibujos que le pintaron en papeles rotos al Parlamento Europeo, Lo hizo en febrero de 2015 acompañada de más de veinte personas, artistas, catedráticos, historiadores, fotógrafos… Esto se completó con la gran exposición que se realizó en Madrid bajo el nombre de “La valla. 100 artistas en la Frontera sur” (sala Utopic_us). Además de los dibujos los subsharianos participaron más de cien artistas. La valla se convierte en un icono plástico para denunciar una realidad que asfixia. Por eso, Climent no quiere olvidarse de quienes han colaborado en el proyecto: José Manuel Conde y Sergio Kuhlmann (autores de la banda sonora); Gloria Vega, intérprete de la canción ‘Boza’; Julia Juaniz, Diego Silva Acevedo, Paco Piquero, Héctor Melgares, Raúl Melgares, Pamela Robin, Tania Porto, Natacha Mazzitelli y Hugo Serra. Gracias a todos ellos por seguir intentando romper el muro.

Hace casi diez años hice un documental La última foto, comenzaba con un texto que me atrevo a recordar: “Hubo una, dos, tres… y pronto habrá millones de instantáneas, todas nuevas y todas repetidas, de una historia tan reciente como antigua de la que todo se sabe y casi todo se olvida’. Amparo Climent y sus colaboradores han hecho otro intento por combatir la amnesia y la desidia.

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