De cómo Leonardo descubrió el mecanismo de la erección del pene (aunque no conoció hembra)

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Hubo un tiempo en que el pene era un misterio. De hecho, durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el pene ha sido un misterio. No fue hasta hace relativamente poco que empezamos a comprender su funcionamiento, y apenas una década que sabemos exactamente cómo penetra una vagina.

La primera persona que detalló el funcionamiento del miembro viril, determinando el mecanismo fisiológico del endurecimiento del mismo, fue nada menos que el genio poliédrico de Leonardo da Vinci (1452-1519). Algo que nunca nos dijo Dan Brown, por cierto.

Da Vinci fue quien llegó a la conclusión de que detrás de la erección de un pene no había un hueso o al aire, como si fuera un globo aerostático, sino un complejo prodecimiento hidráulico en el que estaba implicado la sangre: hoy sabemos que la erección es resultado de que los cuerpos cavernosos del mismo se rellenan de sangre.

Imaginad la perplejidad que causó en la gente el averiguar que su pene se ponía duro debido a una potente irrigación de sangre, y que la penetración, en suma, era una cuestión de sangre agolpada.

Aunque las ideas fantasmagóricas a propósito del sexo eran tan comunes que quizá no fue para tanto: dos mil años atrás, por ejemplo, el filósofo griego Pitágoras llegó a decir que el semen era "una gota de cerebro que contiene vapor caliente". Sí, sé perfectamente lo que estáis pensando: WTF? Pero a saber quién le chistaba al considerado el primer matemático puro.

Y la penetración, ¿qué?

Da Vinci llegó a saber tanto de los penes porque examinó los miembros de varios cadáveres allá por el año 1493, trajinando con sus genitales como lo haría un necrófilo redomado. Con todo, hemos de entender que Da Vinci lo hacía con bastante asco, si nos basamos en algunas de sus palabras: "el acto de la cópula y los órganos que intervienen en él son tan feos, que sino fuera por las caras , los adornos de los actores y los impulsos que los mueven la raza humana desaparecería".

Sea como fuere, ello le permitió también concebir una de las ilustraciones más célebres del coito humano: La cópula.

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Pero, si bien no conocemos demasiado acerca de la vida sexual de Da Vinci, muchos autores afirman que jamás estuvo con una mujer. Así que, irónicamente, empezamos a saber cómo funcionaba la erección del pene y cómo encajaba cual espada en su funda en la vagina de la mujer gracias a un hombre que probablemente nunca penetró a una mujer. Cosas de ser un genio.

Da Vinci, con todo, no fue del todo certero en su suposiciones: el pene no entra en la cavidad de la mujer como lo haría una espada en su funda. Quinientos años después de La cópula, el investigador holandés Pek Van Andel, nos descubrió que el pene, más que ensartarse en la vagina, se doblaba dentro de ella, como si tratara de dibujar un signo de interrogación, como si se transformara en un bumerán.

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Para llegar a esta conclusión, el investigador de marras se valió de la llamada imagen por resonancia magnética (IRM). Para ello, introdujo a una pareja dentro de esas cámaras tubulares tan claustrofóbicas que sirven para realizarnos pruebas diagnósticas, y les conminó a echar un casquete.

Como aún no se había inventado el Viagra y conseguir mantener la excitación en un lugar tan estrecho y ruidoso es complicado para el común de los mortales, Van Andel recurrió a un par de acróbatas: eran menudos, flexibles y sin miedo escénicos.

Introducidos los dos en este escáner con forma de tubo de apenas 35 centímetros de anchura, los acróbatas copularon, y por primera vez se pudo contemplar mediante ultrasonidos, como los que usan los murciélagos con su ecoradar, cómo el pene entra en la vagina.

Los resultados se publicaron en 1999 en la prestigiosa revista British Medical Journal bajo el erótico título "Magnetic Resonance Imaging of Male and Female Genitals During coitos and Female Sexual Arousal".

La investigación fue galardonada con el premio Ig Nobel de Medicina, la parodia de los Nobel, lo cual no debería dejar de asombrarnos,  porque el descubrimiento fue muy serio y trascendental. Y, además, le quitamos la razón al célibe de Da Vinci, porque los genios, aunque protagonicen bestsellers, no siempre tienen razón.

Aunque parezca que ya hemos superado la pudibundez victoriana o lo de los rombos en una esquina de la televisión, el vídeo que se registró de aquel coito tan importante para la historia del sexo, no salió a la luz por miedo que se tachara de escandaloso o frívolo. No se publicó, de hecho, hasta el año 2009. Se subió a YouTube y fue todo un éxito, y podéis refocilaros con él a continuación:

Con información de El mentidero de Mielost y de La ciencia del placer, de Zoe Cormier.

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