Así veían los soviéticos el imperio yanqui (según un vídeo secreto de la CIA)

estatua

Eran tiempos tensos, una época en la que los servicios del mismísimo James Bond como espía habrían sido una simple anécdota. En plena Guerra Fría, yanquis y soviéticos vigilaban todos y cada uno de los movimientos de su contrincante.

La obsesión por controlar al enemigo llegaba a tal punto que la CIA no perdía detalle de la programación televisiva de la URSS o de lo que publicaban sus medios escritos. Todo, para saber cómo veían los soviéticos el supuestamente envidiable modo de vida estadounidense.

El objetivo final de este minucioso sistema de espionaje no era otro que informar al mandamás del país. Desde 1981, ese hombre fue Ronald Reagan, el primer presidente norteamericano que recibió informes de la agencia de (presunta) inteligencia grabados en vídeo, como este sobre el accidente nuclear de Chernóbil:

Mientras algunos (como Bob Woodwart, uno de los periodistas que destapó el escándalo de ‘Watergate’) defienden que esos 40 vídeos informativos de la CIA respondían a las preferencias audiovisuales del presidente Reagan frente a las lecturas sesudas, otros como el historiador de la CIA Nick Dujmovic señalan que solo es un mito y que todo nació de una propuesta de la agencia gubernamental.

Más allá de las dudas sobre la querencia de Reagan por la lectura, lo cierto es que uno de esos vídeos, desclasificados por la CIA décadas después, analizaba de forma minuciosa lo que los soviéticos pensaban del imperio yanqui:

"La gente no tiene el poder en su país", explica ante las cámaras de la televisión soviética un ciudadano ruso. "Lo que hay son crímenes, sadismo, drogas y desempleo". Así arranca el repaso mediático realizado por la CIA en las informaciones soviéticas de la nación de la libertad.

En los medios de la URSS se colaron como representantes de lo yanqui dos superestrellas: por una parte, Michael Jackson, al que los soviéticos le reconocían el "éxito sin precedentes" de ‘Beat It’ y su álbum ‘Thriller’ (aunque cambiaban el nombre por ‘Cine de los horrores’); por otra, Sylvester Stallone. Al actor le tocó bailar con la más fea: según los medios soviéticos, su ‘Rambo’ no era sino un método para lavarle el cerebro a los jóvenes y prepararlos para la guerra.

lavado

"Su retrato de América es oscuro", explica una voz en ‘off’ en el vídeo de la CIA. "Está diseñado para convencer al pueblo soviético de que nuestro sistema social es cualquier cosa menos deseable". Así, los medios soviéticos presentaban a los Estados Unidos como una oligarquía dirigida por unos pocos millonarios que controlaban a la masa empobrecida, de la que millones de personas llegaban a morir de hambre.

Subrayando la violencia en sus calles, la discriminación racial (en esto no iban tan desencaminados), el abuso de las drogas y el paro, los medios soviéticos pintaban Estados Unidos como un verdadero vertedero global. Lo peor de cada casa se encontraba ahí.

Además de presentar la realidad estadounidense como la de un país colindante con el mismísimo infierno, los medios de comunicación soviéticos lograban ganar dentro de sus fronteras la batalla de la credibilidad frente a los americanos. Así, tal y como se puede ver en este informe audiovisual de la CIA, un ciudadano de la URSS asegura frente a la cámara de la televisión de su país que "en nuestra televisión siempre se puede confiar. Yo nunca confiaría en la televisión estadounidense, con todos esos canales y programas diferentes".

No obstante, en algunos puntos los medios soviéticos no mentían del todo: según ellos, Estados Unidos no era sino un país en el que un selecto grupo de capitalistas se enriquecía sin fin mientras millones de familias vivían por debajo del umbral de la pobreza. A los desempleados se les había privado de su derecho al trabajo. Mientras, ellos se mostraban a sí mismos como una fuente fiable frente al mal yanqui.

En definitiva, los soviéticos veían al país enemigo en aquella Guerra Fría como un lugar siniestro en el que no cabía la esperanza: el paro, la violencia y las drogas campaban a sus anchas en la nación presidida por Reagan. Solo se salvaba un americano: Michael Jackson y su ‘Beat It’. Lo de ser el rey del pop no entiende de fronteras ni de guerras, por lo visto.

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Con información de Mother Jones.

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