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La verdadera historia del M&M marrón en los conciertos de Van Halen

22 Ene 2016
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Sergio Parra

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Todos conocemos algunos de los caprichos de los famosos. La Iglesia de la Cienciología, por ejemplo, no permitía a John Travolta el uso de detergentes para lavar la ropa, por ello exigía ocho camisetas de Armani nuevas cada día de rodaje. Faye Dunaway se pirraba por los helados dietéticos. Glenn Close, Jessica Lange o Susan Sarandon estaban apuntadas a la secta de Siri Drama Galliano, que propone un régimen de castigos y mimos: les obliga a sudar por la mañana con yoga y otros ejercicios aeróbicos y, luego, les somete a relajantes masajes por la noche.

Cuando está de gira, Paulina Rubio exige un camerino que tenga 40 metros cuadrados, agua mineral a tres temperaturas distintas, sushi del mejor, vitaminas azucaras, toallas blancas perfumadas.

En la pirámide de las necesidades establecida por Maslow, las necesidades fisiológicas se encontran en los primeros puestos. Luego les siguen las de seguridad, las de aceptación social, las de autoestima y las de autorrealización. Estas megaestrellas han trastocado la pirámide con sus comidas especiales a temperaturas determinadas, los últimos aparatos de gimnasia, las sales del Mar Muerto para exfoliarse la piel, las jactancias acerca de no beber jamás del mismo vaso aunque éste fuese de oro o plata, las manías, las obsesiones, las neuras, las pataletas infantiloides, las exigencias astronómicas y las paranoias.

Y luego está el M&N marrón que Van Halen exigía que no estuviera en todos sus conciertos, muy diferente cualitativamente de cualquiera de las demás exigencias faraónicas. La razón es que parece un capricho, pero en realidad no lo es. En realidad estamos ante una prueba de profesionalidad.

El peligro de los conciertos multitudinarios

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Solo en 1984, David Lee Roth, vocalista de la banda de rock Van Halen, llevó a cabo más de cien conciertos. Y no eran conciertos típicos, sino verdaderos despliegues técnicos que requerían de una gran pericia operativa. Tal y como explica Chip Heath en su libro Decídete:

Fue uno de los primeros grupos de rock en llevar las grandes producciones escénicas a los mercados más pequeños. Tal como Roth recordaba en su autobiografía: “Viajábamos con nueve camiones de dieciocho ruedas, cargados de bártulos, cuando lo normal eran máximo tres camiones”. El diseño de producción del grupo era asombrosamente complejo. El contrato que especificaba el montaje era, según Roth, “como una versión de las páginas amarillas chinas”, porque era tan técnico y complejo que era como leer en una lengua extranjera. Un artículo típico del contrato a lo mejor decía: “Habrá quince tomas de corriente cada cinco metros y medio, que suministrarán diecinueve amperios…”

Y aquí entraba en juego el M&N marrón.

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Frente a tamaña complejidad técnica, Van Halen y su equipo temían que los técnicos del lugar no leyeran con suficiente atención todos los detalles del manual. Cualquier error podía acabar en tragedia, por ejemplo con la electrocución de un músico. Tenían que celebrar tantos conciertos que no había tiempo de repasar exhaustivamente todas las instalaciones en las que actuaban.

Por esa razón incorporaron en el complejo contrato una cláusula extraña, casi insignificante, propia de un famoso ególatra y caprichoso: se solicitaba que en los camerinos hubiera un cuenco de M&N, pero que ninguno de ellos fuera de color marrón.

En realidad, esta petición era un cable trampa en una bomba. Una cláusula de seguridad. La típica pregunta puntillosa del profesor para evidenciar que el alumno no ha estudiado lo suficiente. Se llamaba artículo 126, y decía lo siguiente: “No habrá M&N marrones en la zona de camerinos, so pena de que se anule el espectáculo con una indemnización total.”

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Es decir, que a pesar de que la petición era un tanto absurda, de incumplirse se podía perder mucho: nada menos que la anulación del concierto y la pérdida de cientos de miles de dólares. Era la forma de evaluar la diligencia y profesionalidad de los técnicos de cada lugar, o quizás de ser un capullo con estilo, tal y como remata Heath:

Cuando Roth llegaba a un nuevo lugar de actuación, lo primero que hacía era entrar en los camerinos y echar un vistazo al cuenco de M&N. Si veía un M&N marrón, pedía una inspección minuciosa de todo el montaje técnico. “Seguro que encuentras algún error técnico”, decía. “No se leían el contrato… A veces amenazábamos con suspender el espectáculo”.