Lo que hacen unas lentillas sucias: la chica que crió especies nuevas en su ojo

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En aras del progreso científico, son muchos los que han sacrificado a familiares y allegados, e incluso su propia integridad física. Darwin, por ejemplo, probó a nivel gastronómico muchas de las nuevas especies animales que halló en su periplo al bordo del Beagle. Otros investigadores, conscientes de que podrían incurrir en ilegalidades, probaron en ellos mismos, antes que en nadie más, algunos de sus experimentos. El cirujano del siglo XVIII John Hunter, por ejemplo, se infectó con "material venéreo" para comprobar si la sífilis y la gonorrea son la misma enfermedad.

A finales del siglo XIX, el doctor Hildebrandt puso a prueba la eficacia de la anestesia espinal permitiendo que su colega le practicara toda clase de dolorosas agresiones, como oprimirle los testículos.

Otros, sin embargo, realizan gestas de dudoso gusto por la simple necesidad de bautizar su hallazgo para los siglos de los siglos. Es, en parte, el caso de un par de investigadores que, hace unos pocos años, solicitaron a una chica de diecisiete años que usara unas lentillas sucias. Para garantizar que las lentillas estaban realmente sucias, incluso las sumergieron en agua de váter.

Curse of Frankenstein baron laboratory

El propósito era que la chica fuera víctima una infección ocular de órdago. De esta manera, entre sus párpados, se cultivaron a nivel microscópico una serie de criaturas aún desconocidas por la ciencia, como si fueran los investigadores demiurgos del mal gusto. Al toparse con estas nuevas criaturas, nacidas de un lugar tan indigno como las aguas freáticas, los investigadores pudieron darse un gustazo de bautizarlas a su gusto.

Con todo, estos investigadores franceses no eran un dechado de originalidad, y de los dos nuevos tipos de virus que descubrieron, a uno lo llamaron "virus de la lentilla". Dentro de este virus, sin embargo, hallaron un virófago, una clase de virus que solo se reproduce en células infectadas por otros virus, y aquí el bautizo fue un poco más creativo: "Sputnik 2"

Bautizo friqui

Si descubres una planta, un insecto, un virus o un gen tienes libertad para ponerle el nombre que más te venga en gana. Por ejemplo, Anhanguera spielbergi, un pterosaurio llamado así por el paleontólogo André Veldmeijer en honor a Steven Spielberg, director de Parque Jurásico. Bambiraptor feinbergi, un terópodo llamado así en honor a Bambi, el dibujo animado de Disney. El actor Harrison Ford inspiró para dar nombre a una araña, la Calponea harrisonfordi. Los genes de las moscas del vinagre o de la fruta (Drosophila melanogaster) pueden llamarse pitufo, groucho o pokemon.

Bambiraptor feinbergi
Bambiraptor feinbergi

Aquí tenéis algunas de las más llamativas, explicadas por Sam Kean en su libro El pulgar del violinista:

Entre los genes de la mosca del vinagre están Groucho, smurf (pitufo), fear of intimacy (miedo a la intimidad), lost in space (perdido en el espacio), smellblind (ciego a los olores), faint sausage (salchicha floja), tribble (unos bichos peludos de Star Trek que se reproducen muy rápido) y tiggywinkle (en honor a Mrs. Tiggy-winkle, un personaje de Beatrix Potter). El gen armadillo, cuando está mutado, confiere a las moscas del vinagre un exoesqueleto en forma de placas. El gen turnip (nabo) vuelve a las moscas más tontas que un ídem. Tudor (por referencia a Enrique VIII) deja a los machos sin hijos. Cleopatra puede matar a las msocas cuando interacciona con otro gen, asp. Cheap date (cita barata) deja a las moscas más que achispadas con un sorbo de alcohol.

Por eso, también, existe Samug, un gen que sirve para inhibir la actividad de diversos virus. Otro gen se llama Rezando por elfos gracias a una investigadora llamada Suzan Lewis. El nombre tiene su propia historia, tal y como explica Juan Scaliter en su libro Exploradores del futuro:

Mientras trabajaba para poner al día la base de datos de FlyBase (base genética de las moscas de la fruta), Lewis dedicó unos minutos a escribir el siguiente correo: "El nombre de este gen es Rezando por elfos (PFE por sus siglas en inglés). Estamos en mitad de la noche (2.38 para ser exactos), llevo dos años lejos de amigos y familia, y no puedo dormir por todo el trabajo atrasado que queda a la vista y para el cual no veo un final. Entonces… ¿cuándo aparecen los pequeños y mágicos elfos que dejan el trabajo terminado?".

Con información de Historia de la ciencia sin los trozos aburridos de Ian Crofton, El pulgar del violinista de Sam Kean y Exploradores del futuro de Juan Scaliter.

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