¿Por qué haces clic en esta noticia 'mierder'?

kardashian_strambotic
@D_invisibleink

La manera de consumir noticias ha cambiado, vivimos en una jungla digital donde todo vale para sumar clics, visitas, dinerito. Los medios ahora pueden controlar el comportamiento de sus lectores y eso ha provocado un cambio en la forma en la que nos informamos y en la que los periodistas nos presentan las noticias. Hablemos de la adicción al clic.

Todo se mide. Esto ya lo decía Nacho Vidal hace años, pero en el paradigma del periodismo es diferente, no se mide con una regla. Maldita sea, menudo palabro es paradigma, mejor sustituyámoslo por pastuqui o tirili. El tirili del periodismo ahora es algo mensurable, cada acción que realizas en una web es medible y eso cambia los ingresos y con ello las decisiones de los responsables del medio que estás leyendo, hasta llegar a ser una obsesión.

Sólo hay que fijarse en los destacados de portada, en las listas de contenidos como «Diez razones por las que dejarás a tu pareja» o en titulares gancho como «El vídeo censurado que no quieren que veas»; también presta atención al recuadro a la derecha de lo más visto. En efecto, todo ha cambiado, prima el interés del consumidor de noticias-anécdota. Hay que hacer caja a final de mes, "vivimos con la Espada de Damocles del tráfico", dice la adjunta al director de El Mundo, Virginia P. Alonso. Y no le falta razón. Pablo iglesias dijo eso de tic-tac, los medios clic-clac.

pulpo_strambotic
@ollorens

Competir contra el porno. Antes ibas al quiosco y elegías un periódico, quizá dos si la portada de alguno que no era tu periódico te llamaba la atención. También llamaban tu atención las revistas porno, pero no las comprabas (al menos nosotros), de hecho la industria de las fotos «guarras» (Man, Interviú, Playboy) estaba tan desesperada que tenían que intercalar buenísimos artículos periodísticos, de opinión e investigación, para vender más. Pero todo esto se ha ido al garete. Ya no rivalizas contra otros medios por la atención del lector, sino contra cualquier contenido creado que esté en Internet.

Contenidos gratuitos y el carácter anónimo del usuario han provocado que el periodismo actual no compita por la excelencia o entre sí. Ahora el periodismo compite contra el porno, en torno al treinta por ciento de Internet, y tiene todas las de perder. Para más inri, si el periodismo no es profesional no vende, y sin embargo el porno amateur lo peta.

Culos, youtubers e iPhones. Suscita interés (y millones de clics) entre los consumidores de información cada vez que sale una noticia de los encantos de una mujer como Kim Kardashian. Un buen día, esta señorita se hizo unas fotos subiditas de tono para la revista Paper con el titular «Kim Kardashian rompe Internet». Consiguió que su culo gravitara y diera la vuelta a la Tierra en menos de 24 horas. Esto pasa todos los días, aunque sea otro culo el que gravite a una velocidad distinta y no sea tan... tan... ¿vistoso, llamativo, apetecible?

Pero no todo va a ser el culo de Kardashian. Cuando la polémica está servida en un medio, muchas visitas se avecinan y los editores se frotan las manos. Es lo que ha pasado recientemente con El Rubius, uno de los youtubers más influyentes en español, que ha arremetido contra la prensa después de que Papel (suplemento de El Mundo) le haya hecho una "desafortunada entrevista", según sus palabras, porque no dijo lo que el periodista refleja en la misma. Miles y miles de retuits y likes después, todavía no sabemos si fue así, pero las miles de visitas ya están en el contador del medio y del canal de YouTube de El Rubius. Todo suma, así que bienvenida sea la polémica en la portada.

Con un prototipo de un iPhone perdido por un ingeniero subido de copas en un garito de California sucedió hace unos años algo parecido. Generó millones de visitas al blog de tecnología Gizmodo, que se lo compró a un anónimo por unos ocho mil dólares y se aprovechó de la polémica para petarlo.

Y seguirá habiendo más excusas para generar miles, millones de clics, da igual si  sobre sexo, un youtuber o sobre el último iPhone, o sobre la última travesura de Froilán que, dicho sea de paso, últimamente no da tantas alegrías.

hamburguesa_strambotic
@gatotonto

Fast foodnews. Como vemos, los medios están repletos de noticias-anécdota, softnews y fastfoodnews (como nos gusta llamarlas por su simple elaboración y digestión) de todo el mundo y en particular del mercado anglosajón, que es el que tiene mejor engrasada la máquina. Todo esto acaba con el principio de que es más importante una información cercana y que te afecte de alguna manera que una que no, digamos que aquí también la pasta manda. Valga un ejemplo: ¿dónde pinchas antes, en «Una riada inunda una zona de Matalascañas» o en «Despiden a un presentador indio por cubrir una inundación a hombros de una de sus víctimas». La solución es blanco y en bottle.

Asimismo, los editores se han dado cuenta de que noticias asociadas a una persona concreta reciben más clics y en consecuencia cada vez ponen más (esperemos que no lo empiecen a hacer porque lo hayan leído aquí, maldita sea, somos gilipollas).  Este fenómeno, unido al del triunfo de la anécdota, está alterando la importancia relativa de la noticias dentro de las secciones y del propio medio. Es lo que sucede con Cecilia, la ‘artista’ del Ecce Homo, el otro ‘artista’ Pequeño Nicolás o Mariló Montero y sus almas transmisibles.

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Portada de Héctor Rodríguez

¿Quieres más razones por las que hacer clic en una noticia mierder? Pues practica con una de titulares insólitos de postre para no perder la costumbre:

«Le queman los testículos en su despedida de soltero»

«Transmiten por error un vídeo porno en un funeral»

«Una ‘mujer vampiro’ y un caníbal se conocen en un psiquiátrico y anuncian su boda»

«Multan a tres parejas durante una orgía en una furgoneta por no llevar el cinturón»

Si te ha gustado este artículo, te gustará Sexo, muerte y clics, el último libro de Parece del Mundo Today, un blog que demuestra que la realidad lo supera todo.

Ilustraciones de@ollorens, @D_invisibleinky @gatotonto (por orden). Texto: Jorge Todolí.