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De cómo el machismo eliminó metódicamente a la mujer de la historia del arte

21 Abr 2016
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A principios de 2016 finalizó el más prestigioso Festival de Cómic de Europa, el de Angulema, en Francia. A los aficionados al cómic tal vez les suenen los nombres de los autores sobre los que recayeron los grandes premios: Richard Mcguire, Benoît Collombat y Étienne Davodeauy. Pero, pese a que sus obras seguramente sean merecedoras de más atención que la que acabamos de dedicarles, lo cierto es que el foco de atención sobre el último Festival no se centró precisamente en en los cómics en cuestión sino en el sexo de sus autores.

La polémica se originó cuando el Colectivo francés de Autoras de Cómic Contra el Sexismo, que agrupa a un centenar de profesionales, llamó al boicot del Festival de Angulema a raíz de que la dirección de su 43º edición anunciara la lista de candidatos a su gran premio y entre los treinta seleccionados, sorpresa, no se encontraba ninguna mujer. Podría pensarse que se trata de una casualidad. Puede ser, pero aunque solo sea por estadística y pese a que la presencia de mujeres en el mundillo del cómic en Europa sigue siendo inferior a la de los hombres, no deja de ser una gran casualidad que el 100% de los seleccionados no contara con ninguna representante del 50% de la población.

 

 

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El GrandPrix de Ramonchu era menos sexista que el de Angulema.

Otra azarosa casualidad es que el gran premio del cómic europeo de Angulema, en sus 43 años de historia solo haya sido otorgado en una ocasión a una mujer, Florence Cestac, colaboradora de Charlie Hebdo. “Nooo… pero es que esa sí, esa sí que era buena… las demás ya tal”, dirán algunos. “No es que haya discriminación en el mundo del cómic, es que los dibujantes hombres son, simplemente, mejores.”, dirán otros. “Lo de pintar tebeos no es pa tías” dirá tu cuñao. En cualquier caso, el boicot surtió el efecto deseado, porque después de que numerosos autores seleccionados rechazaran estar en la lista si no se reconocía debidamente el trabajo de las autoras europeas, la dirección no tuvo más remedio que rectificar y publicar una nueva lista en la que sí se incluían mujeres… eh, pero tampoco muchas, no nos pasemos.

Y es que, la idea de que la ausencia de mujeres en el mundo del arte sea prácticamente total se debe a que, simplemente, las mujeres no pintaban o las que lo hacían lo hacían mal, yace en el subconsciente de muchos mientras que otros muchos directamente ni si quiera nos hemos percatado de esta desaparición. Porque mujeres artistas, como las meigas, haberlas hailas, pero por lo general han sido desaparecidas de la Historia del Arte.

Las Bistecs, un dúo musical catalán formado por Carla Moreno y Alba Rihe, “dedicado al electro-disgusting para público especializado y avanzado” como ellas mismas se definen, lo expresaron divinamente en su temazo HDA (Historia del Arte). En su vídeoclip, las barcelonesas recuerdan con tedio algunos de los más famosos pintores (hombres) y se vanaglorian de la llegada de Cecilia Giménez Zueco, la célebre “restauradora” del Ecce Homo de Borja, a la Historia del Arte:

El falo en tendencia en todos los museos
No me quedan Euros para ver algo tan feo
Qué feo, qué feo, para ver algo tan feo
Se ha alzado una mujer y ha plantado un pino
Cecilia es su nombre, Ecce Homo es divino.

Y Las Bistecs no han sido, ni mucho menos, las primeras en reivindicar la presencia de mujeres en la Historia del Arte. Uno de los grupos de artistas feministas pioneras en la promoción de esta presencia fueron las Guerrilla Girls, agrupación nacida en Nueva York en 1985 cuyo trabajo denunciaba el desequilibrio racial y de género entre los artistas presentes en galerías y museos. Cuatro años después de su constitución, las Guerrilla Girls colgaron un cartel frente al Metropolitan Museum de Nueva York en el que la Odalisca de Ingres aparecía con una máscara de gorila y en cuyo texto se podía leer: “¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met. Museum? Menos del 5% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos.”

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En la actualidad, diversos grupos de mujeres artistas a lo largo y ancho del mundo se hacen llamar Guerrilla Girls, y en mayor o menor medida continúan trabajando en el mismo sentido que la formación original. Con uno de estos grupos colaboró hace un par de años Jemima Kirke, pintora más conocida por su faceta como actriz en la serie Girls. Las Guerrilla junto a Kirke y en colaboración con la Tate Modern realizaron a principio de 2014 un vídeo en el que narran cómo el arte ha dejado de lado a mujeres como Judith Leyster, cuya pintura, parecidísima a la de Frans Hals, nunca tuvo el mismo reconocimiento que la del autor neerlandés pese a que hasta el Louvre llegó a exhibir uno de los cuadros de Leyster como si fuera de Hals.Las Guerrilla Girls se acordaban de Melody cada vez que se acercaban al Met.

Y estamos hablando de casos más o menos contemporáneos, pero la discriminación en lo que se refiere a la presencia femenina en la historia nos lleva hasta la misma Prehistoria, porque durante mucho tiempo se había asumido que las pinturas rupestres creadas decenas de miles de años atrás habían sido hechas por hombres. Esta creencia persistió porque gran parte del arte rupestre está relacionado con la caza, área considerada restringida al hombre prehistórico. No ha sido hasta 2013, cuando los resultados de un estudio basado en las mediciones de las antiguas huellas de manos rupestres, sugieren que la mayoría de esas artistas eran mujeres.

En decenas de miles de años, no se nos había ocurrido semejante idea, porque como dice tu cuñao: “lo de pintar manos en las cuevas no es pa tías”. Entonces, ¿si no conocemos artistas es porque no las hubo? Como vemos, las manos de la cueva de Altamira sugieren que no, que esa no parece ser la respuesta a la incógnita de dónde se han metido las mujeres en la Historia del Arte. Tal vez la respuesta tenga algo que ver con (agárrense los machos) con el machismo de las sociedades venideras que ninguneó sus creaciones o directamente borró su existencia de los libros de Historia.

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Resulta que las mujeres prehistóricas no eran como nos las pintaban sino que eran ellas quienes pintaban.

Desde las cavernas y hasta la llegada del Siglo XX, la situación de la mujer no experimentó cambios muy significativos y, a diferencia de los hombres que alcanzaban determinados derechos con la mayoría de edad, las niñas continuaban bajo la tutela del padre y después del marido, perpetuándose a lo largo de los siglos como seres infantilizados al cuidado de “mansplainers”. Y la que no quería casarse, suponiendo que fuera rica, podía irse al convento, a trabajar para Dios en una institución en la que las mujeres también tienen un papel protagonista como todo el mundo sabe, EJEM.

En la Europa del Siglo XII, con la llegada de las primeras universidades, las mujeres volvieron a quedarse en la puerta de la calle porque los nuevos centros educativos superiores solo estaban dirigidos a los varones. Así que si eras rica, o te casabas o te metías a monja, y se eras pobre, te casabas y a trabajar. Además, dependiendo de donde nacieras la cosa podía variar. Si durante el Humanismo en Italia las clases altas comenzaron a dar educación a las jóvenes y muchas llegaron a ser mujeres cultas, en la España Barroca del Siglo XVII, por el contrario, la Contrarreforma asfixió un poco más a las mujeres, que se vieron sometidas al encierro doméstico y a la incultura. Eso en el mejor de los casos, porque si pensamos que el principal instrumento de la Contrarreforma fue la Inquisición, lo más bonito que le hacían a aquellas que osaban destacar en cualquier práctica no apta para seres con vagina (blasfemas, herejes y brujas) era desgarrarle los senos con este bonito instrumento.

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El Desgarrasenos: Así se las gastaba, la Inquisición

Y, sin embargo, pese a las barreras en las sociedades del pasado que excluían del mundo del arte a las mujeres, hubo excepciones. Mujeres que pese a todo, lograron dedicarse a su vocación; aunque, por lo general, a éstas como a las de Altamira, tampoco se las conoce porque la tendencia habitual ha sido ignorar el arte de las mujeres, no solo en las artes plásticas, sino en la generalidad del mundillo.

Afortunadamente, cada vez son más las mujeres que con su activismo y con boicots como el del Festival del Cómic ce Angulema, visibilizan la invisibilidad de las mujeres en el mundillo artístico. Y lo que es aún mejor, muy de vez en cuando llega a la Historia del Arte una Cecilia Giménez y planta un pino.

Totalmente de acuerdo con Las Bistecs: Ecce Homo es divino.

BONUS TRACK

Y como hemos empezado hablando de ello, os dejamos con un listado de sugerencias de mujeres creadoras de cómics muy recomendable.

Marjane Satrapi: Persepolis

Ana Oncina: Croqueta y Empanadilla

Isabel Bas Amat: T.B.O

Ana Belén Rivero: Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño

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Inma Saranova es periodista beligerante y agitadora cultural.

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