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La creadora de Pippi Calzaslargas también buscó un paraíso fiscal fuera de Suecia

13 Abr 2016
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Nada es blanco o negro, por más que lo diga Barricada. La revelación de los papeles de Panamá ha llevado a tirios y troyanos a repetir la conocida cantinela de que “son todos unos chorizos” y “esto sólo pasa en España”. Pero va a ser que sen todas partes cuecen habas. Incluso en nuestros envidiados países nórdicos.

La elevada tasa de impuestos es aceptada en pos de un bien mayor, la redistribución de la riqueza. Pero, ¿y si tuviéramos que pagar más incluso de lo que ingresamos? Es lo que le ocurrió durante un tiempo a Astrid Lindgren, la millonaria escritora creadora de Pippi Calzaslargas. Por un vericueto legal, su tasa de impuestos llegó a ascender a la mareante cifra de un 102%. Es decir: todo lo que ganaba (millones de coronas), más un 2% de propina al Estado. Esto no se debería llamar “impuestos” sino directamente “incautación”.

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En 1976, los ingresos de la escritora eran multimillonarios. En aquel momento, los autónomos suecos debían de cumplir una doble tributación. Una, la norma de todos los ciudadanos, unas cotizaciones sociales en torno a un 19%. Y otra, aquellas derivadas de unos altos ingresos cuando no se mantenía una empresa, como era su caso. En los casos de Astrid, que llegó a vender 140 millones de libros, estas ascendía tanto que se convirtió en una de las personas más ricas del país.

En su caso, las leyes estipulaban un pago de hasta un 83%, con lo cual la mujer llegó a tener que pagar durante algún ejercicio más dinero del que pagaba. Esto provocó la paralización de algunos proyectos que ingresarían más dinero en sus arcas, como una pretendida adaptación animada de Pippi por parte de un jovencito Hayao Miyazaki.

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Ante tal situación, Lindgren hizo lo que mejor sabía, escribir. El resultado fue un cuento breve llamado ‘Pomperipossa en Monismania’, que podéis leer aquí. En él, su protagonista, una anciana viajera, avistaba un país donde, efectivamente, el gobierno se quedaba con toda la riqueza generada por la mujer… e incluso algo más.

Esta situación en concreto pronto fue conocido comoel efecto Pomperipossa”. El cuento fue serializado en el periódico Expresen, muy crítico con el gobierno del partido socialdemócrata, en el poder durante 40 años, y fue otra puntilla más para que, ese mismo año, perdiera las elecciones tras cuatro décadas de gobierno.

En ella, explicaba que los hombres que dirigían el país “Habían decidido crear unas nueva reglas que harían la vida complicada, como poco, no sólo para Pomperipossa, sino también para muchos otros Monismaniacos. Debieron hacerlo antes del café, así que no tuvieron tiempo de revisar esa lista de reglas”, e ironizaba sobre unos malvados niños que pedían sus cuentos… lo que producía que le “atacaran cheques cuando menos se lo esperaba”.

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No nos extraña que las suecas de la época huyeran en tropel a Torremolinos.

Obviamente, no era la única afectada por esa situación. En el mismo diario, el director de cine Ingmar Bergman, publicó una “carta de despedida” a Suecia. El director se sintió obligado a abandonar su país para pagar sus impuestos para refugiarse en Alemania. La justicia sueca investigó sus cuentas por un presunto fraude fiscal, si bien no encontró evidencia alguna.

En aquella carta, se quejaba de que en Suecia “cualquiera podía ser atacado a voluntad, por un tipo de burocracia que crece como un cáncer”. Eso sí, afirmó dejar todo su dinero a disposición de las autoridades en caso de que se detectara algún tipo de fraude. Casos similares fueron los de el tenista Björn Borg y el piloto de carreras Ronnie Peterson, que optaron por mudarse a Mónaco. Eso sí, Abba, optaron por seguir en el país, satisfechos de contribuir al bienestar del mismo y con pocas ganas de mudarse.

El siguiente gobierno modificó las condiciones económicas para evitar escándalos semejantes. Y Lindgren, a pesar de verse en un brete como este, siguió votando a los socialdemócratas como había hecho toda la vida. Eso sí, el efecto Pompirepossa sigue dándose de vez en cuando en algún país… El tipo marginal máximo en España es del 52%, prácticamente la mitad del sueco en los años 70, pero dudosamente es el que aportan en concepto de impuestos los bienpagaós como Mario Conde, Bertín Osborne o el ministro Soria.

Más info en la web oficial de Astrid Lindgren, el archivo de Google NewsAbba Articles y Everest Lancaster.

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