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El pastor de Burgos que voló 110 años antes que los hermanos Wright (y se la pegó)

26 May 2016
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Jaime Noguera

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Diego Marín Aguilera es uno de los grandes olvidados de la historia de la I+D española. A finales del siglo XVIII, cuando los franceses andaban todavía jugueteando con los primeros globos de aire caliente, este pastor burgalés e ingeniero autodidacta invirtió ocho años de su vida para diseñar un ingenio alado funcional con el que cumplir uno de los mayores sueños del ser humano: volar. Tras esta verdadera hazaña científica en un país atrasado y anclado en la superstición, Marín decidió realizar un arriesgado experimento. Ni corto ni perezoso, se tiró desde un cerro, hecho heroico que le convirtió en pionero de la aviación mundial… y de los desastre aéreos.

Diego Marín, nacido en 1745 era un Kristian Pielhoff de su época, un manitas que (según Diario de Burgos) había hecho una serie de sorprendentes aportes técnicos en su pueblo natal, Coruña del Conde. Por ejemplo, diseñó un artilugio que servía para aserrar los mármoles de las canteras, otro que mejoraba el funcionamiento del molino que aún se conserva sobre el Arandilla, y hasta un mecanismo más para mejorar las prestaciones de de los batanes 0 molinos de agua.

Mientras se pasaba las horas pastoreando y dedicándose a la agricultura, quizás embuido de espíritu quijotesco a fuerza de tratar con tanto molino,  Marín decidió un buen día construir una máquina voladora. Debia de tener claro el diseño del artefacto en su cabeza, ya que empezó a hacer trampas para cazar águilas y buitres para hacerse con sus plumas, parte esencial de su futuro aeroplano. Y así se entretuvo el hombre durante ocho años.

Según describe un artículo de Eduardo Ontañón que apareció en el número 230 de la revista gráfica madrileña Estampa, el 4 de junio de 1932, el ingeniero autodidacta se dedicó a recoger águilas, que acarreaba reuniendo carnes muertas en un sitio donde construyó una tapia, y apenas cogía una la hacía morir por asfixia, la desplumaba, pesaba el cadáver con los húmedos y aparte la cantidad de pluma.Contó además con la ayuda del herrero del pueblo.

Ontañón, tras diversas entrevistas a herederos de los protagonistas de la historia, describió el resultado de la combinación de esta investigación sui géneris mezclada con puro bricolaje castellano: una especie de armazón emplumado parecido a una enorme ave.

«Su forma era la de un gran pájaro, con alas de dos varas cada una, susceptibles de los flemones y movimientos articulares, compuestas de ligeras costillas de hierro vestidas de plumas de águila, colocadas en la misma forma y en la misma ala a que habían pertenecido, sujetas al armazón entre sí por medio de alambres y una cola también con las plumas tétricas sacadas de las águilas. Así, éstas como las alas, eran agitadas por medio de una manivela que movía a su voluntad el jinete, quien en unos casquillos de hierro elevados en los del pájaro, e iba vestido de plumas».»

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El accidentado vuelo del pastor inventor

Ya solo faltaba probarlo. Para ello, la noche de 15 de mayo de 1793 (aunque hay dudas sobre la fecha concreta, nos quedamos con la que aparece en Wikipedia) Diego Marín se dirigió, junto a su amigo Joaquín Barbero y por una hermana de éste, hasta el cerro del castillo de la localidad, donde juntos terminaron de montar el artefacto.  Seguramente los hermanos pensaban que lo único que iba a lograr Diego era despanzurrarse, pero aquello no se podían perder, claro. Para terminar, se dieron la mano y Marín pronunció sus última palabras “alegre y sereno” antes de lanzarse al vacío.

Voy a Burgo de Osma y desde allí a Soria, y no volveré hasta pasados ocho días. Adiós.

Diego sintió la brisa nocturna en el rostro y, bañado por la luz de la luna, se tiró desde el cerro.

Según Francisco Escartí, creador de el blog El secreto de los pájaros, aquel engendro con una envergadura de unos ocho metros se elevó en el cielo y planeó hasta alejarse en la noche. Tras unos momentos  sus ayudantes observaron alarmados que, de buenas a primeras, el aparato interrumpía su grácil vuelo para desplomarse contra el suelo. Hasta el lugar del primer accidente de aviación documentado en nuestro país llegaron a la carrera los hermanos Barbero para encontrarse a Marín magullado pero vivo. Muy vivo. Le estaba echando un soberbia bronca al herrero porque «la causa del accidente no fue otra que la rotura de un pernio de la articulación del ala derecha». A pesar de la señora leche que el pastor se había pegado, había conseguido planear 431 varas castellanas en su invento. Puede que 360 metros parezcan poco, pero no debemos olvidar que el Flyer de los hermanos Wright cubrió una distancia de 37 m en su primer vuelo del 17 de diciembre de 1903, 110 diez años más tarde que el burgalés.

Parece, como comentan en el blog La Alcazaba, que los  vecinos de Coruña del Conde se acercaron hasta el lugar del impacto a la mañana siguiente y se tomaron a mal el intento de su paisano de emular a Ícaro. O su vecino manitas se había vuelto loco, o aquel cacharro con plumas era cosa de Satanás, producto de la brujería.

“A la mañana siguiente el pueblo se enteró de la noticia y, creyéndole loco, Diego se convirtió en el centro de todas las burlas de sus vecinos. Aún así no desistio y recogió su aparato para repararlo y volar hacia Soria. Se cree que, en una ausencia de Diego, el avión fue robado por sus familiares para evitar que se jugara la vida de nuevo y fue quemado ante la mofa de todo el pueblo”

Diego Marín murió, dicen que de pena, el 11 de octubre de 1800 con tan solo 44 años de edad.

Diego Martín Aguilera: el legado

Si uno pasa hoy por Coruña del Conde puede puede encontrar allí un curioso monumento que recuerda su hazaña. Es un avión Shooting Star colocado por el Ejército del Aire de España en 1993 en el (supuesto) lugar desde donde el insigne cluniense se arrojó al vacío.

castillo-de-Coruna-del-conde

La historia del burgalés volador ha sido llevada al audiovisual , ya en formato corto, ya como largometraje. En 1996 se rodó la película “La fabulosa historia de Diego Marín” (Fidel Cordero) , filmada según la Wikipedia  en los escenarios naturales de su vida.

En el Aeropuerto de Burgos , desde 2009, existe una placa dedicada a la memoria de Diego Marín.

Placa Diego Marin

Tambien existe un Instituto de Enseñanza Secundaria en Burgos con su nombre. Desde aquí esperamos que esta historia inspire a sus alumnos y que estos contribuyan sacudirnos lo que pueda quedarnos de aquel famoso “¡que inventen ellos! de Unamuno que tanto mal ha hecho al avance tecnológico español.

Con información de Diario de BurgosLa Alcazaba , El secreto de los pájaros  y la never gonna let you down Wikipedia.

Jaime Noguera es piloto frustrado y autor de España: Guerra Zombi.

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