Seis viajeros que acabaron en el otro extremo del mundo por culpa de una letra equivocada

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Hawaii vs Bombay: cualquier parecido es pura coincidencia.

Si ves que las cosas empiezan a mejorar y quieres coger el autobús de Malagón a Málaga, no estés tan seguro de que vayas a acabar en la capital andaluza; los caminos del señor son inescrutables y tal vez des con tus huesos en un pueblo de Papúa Nueva Guinea, en un barrio de Tetuán (Marruecos) o incluso en una ciudad de Sudán del Sur.

Raro, sí, pero no imposible. Sobre el papel es improbable que de la estación de Malagón vaya a salir una guagua hacia Sudán, pero casos más raros se han dado. Como ese caballero norteamericano, que llevaba años ahorrando para conocer las maravillas arquitectónicas de Granada y acabó, aburrido y enfurruñado, en la isla caribeña de Granada. O esa buena mujer que salió a dar una vuelta en el coche por Bélgica y acabó en Zagreb (Croacia) por hacer caso ciega y acríticamente al GPS.

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El Salvador, sin Bahía

Dónde pretendían ir: A Salvador de Bahía (Brasil)

Y dónde terminaron: En El Salvador

¡Por los pelos! 5.500 kilómetros

Parecido no es lo mismo, por mucho vengas de –con perdón- el orto del mundo. v pareja de australianos quisieron viajar a Brasil para ver con sus propios ojos la soberana paliza que recibió la selección española en su debut, frente a Holanda. La cita era, recordarán nuestros lectores, en Salvador de Bahía, pero por un quítame allá un artículo acabaron en El Salvador, país centroamericano a 5.500 kilómetros al norte. Por lo menos se ahorraron el disgusto, si es que animaban a La Roja.

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La improbable Alhambra caribeña

Dónde pretendían ir: A Granada (España)

Y dónde terminaron: En Granada (Caribe)

¡Por los pelos! 6.200 kilómetros

Los gambitos entre viajeros que pretenden ir a la ciudad de Boabdil pero acaban en las playas del Caribe son tan habituales que las agencias de viaje deberían incorporar urgentemente un mecanismo de desambiguación como la Wikipedia. El año pasado, la víctima fue una señora inglesa, Lamenda Kingdom, que no daba crédito cuando aterrizó en el pequeño país caribeño (llamado así por el parecido de sus montañas con la Sierra Nevada, todo sea dicho).

La semana pasada fue un turista norteamericano el que cayó en la misma trampa. Edward Gamson se pasó dos años ahorrando para conocer a fondo la arquitectura árabe y, sin comerlo ni beberlo, se vio bailando reagge en un hotel all-included en la Granada caribeña. Fail!

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Nunca confundas la voz del GPS con la de tu superyó

Dónde pretendían ir: A Bruselas

Y dónde terminaron: En Zagreb

¡Por los pelos! 1.450 kilómetros

O cualquiera que sea tu deidad rectora. Los casos anteriores tienen coartada; al fin y al cabo, una vez que estás sentado en el avión con el cinturón puesto es complicado convencer al comandante de que dé la vuelta. Pero si vas en tu propio coche, le preguntas al GPS el camino hacia Bruselas y empiezas a atravesar países con letreros en cirílico, debería haber un punto de rebeldía, de plantarse, de decir "hasta aquí hemos llegado".

La señora Sabine Moureau, natural de Valonia, no tuvo el coraje suficiente, así que atravesó tres países del corazón de Europa siguiendo ciegamente las indicaciones de su GPS. "Estaba distraída, así que apreté el acelerador", explicó la doña cuando fue rescatada en Zagreb.

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12 coches al agua

Dónde pretendían ir: Luckington (Reino Unido)

Y dónde terminaron: En el río homónimo

¡Por los pelos! Un par de metros bajo el agua

Otro caso (o mejor, una docena de ellos) de necia obediencia al Tom-Tom: en 2006, los habitantes de una ciudad británica tuvieron que rescatar hasta doce coches de las aguas del río, después de que sus conductores se empeñaran en hacer más caso al GPS que a sus propios ojos, pues aquel indicaba la existencia de un puente que, en la vida real, no era tal.

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París-Dakar… ¿o era Dhaka?

Dónde pretendían ir: A Dakar (Senegal)

Y dónde terminaron: En Dhaka (Bangladesh)

¡Por los pelos! 13.000 kilómetros

Una sola letra de diferencia, pero un continente y medio y más de 13.000 kilómetros separan las capitales de Senegal y Bangladesh, un recorrido que tuvieron que hacer dos veces una pareja de novios que querían ir al país africano pero, por un error de deletreo, acabaron en el antiguo Pakistán oriental.

Lo cierto es que el sistema de reserva de vuelos utiliza un código de tres letras para identificar cada aeropuerto y DAC (Dhaka) se parece como un huevo a una castaña a DKR (Dakar), pero así fue y así se lo hemos contado.

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Con información de La Página, República Insólita, El Correo y Yahoo!  

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