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Bienvenidos a «Nueva Iberia», la ciudad de Estados Unidos fundada por familias de Málaga

10 Jun 2016
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Jaime Noguera

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Nueva Iberia (New Iberia en la actualidad) es una ciudad de 32.000 habitantes situada en el estado norteamericano de Luisiana, en las cercanías de Baton Rouge y Lafayette, que tiene la peculiaridad de celebrar un festival español , con sus tapas y su paella desde hace cinco años.  Y no se trata de un mero gancho para turistas lelos. No. Su ayuntamiento presume en su web oficial de haber sido fundada por colonos españoles en la primavera de 1779. De hecho hoy día se pueden encontrar entre sus vecinos apellidos como Segura, Lopez (sin acento), Porras o Garcia y, según el  historiador alhaurino José Manuel de Molina, una reducida minoría de habitantes todavía habla español por tradición. «Conocí a un señor que lo hablaba porque su abuela era descendiente de malagueños» .

En efecto, fueron familias de pueblos como Macharaviaya, Alhaurín y Coín las que, buscando un futuro mejor, se arriesgaron a cruzar el Atlántico a finales del siglo XVIII para vérselas con el hambre, huracanes,  indios caníbales , enfermedades y la corrupción de nuestros políticos.

Un poco de historia

1763. Con la firma del Tratado de París se ponía fin a la Guerra de los Siete Años. Francia, en compensación por la entrega de la Florida a Inglaterra, traspasaba la Luisiana a España, un enorme territorio agreste, únicamente habitado por algún colono francés despistado y unos  indios con muy pocas ganas de que le plantasen chiringuitos europeos cerca de sus aldeas. Pero claro, desde España la cosa se veía de manera distinta. Había que dominar aquellos inmensos territorios, y para ello era necesario colonizarlos, así que en 1777 se buscaron voluntarios en Málaga, familias pobres a las que se les prometieron tierras, aperos de labranza y dinero para mantenerse hasta que recogieran la primera cosecha.

El 1 de junio de 1778, zarpaban a bordo del bergantín San José con destino a Nueva Orleáns. Los colonos malagueños formaban parte de un contigente de un total de 700 (había también canarios) llamados por el gobernador Bernardo de Gálvez , precisamente natural de Macharaviaya, para hispanizar la zona. El viaje, además de largo fue triste. El 17 de junio, en Cadiz moría un niño de tan sólo dos años de edad. El 9 de septiembre, ya en Cuba, la Parca recogía a dos cabezas de familia. Por fin, el 11 de noviembre, tras cinco meses de viaje, el buque llegaba a la ciudad más grande del estado de Luisiana.

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Los problemas crecen

Como cuenta  José Manuel de Molina en La malagueña ciudad de Nueva Iberia en Estados Unidos, los malagueños andaban hartos de tanto va y viene. Tenían muchas ganas de llegar a su nuevo hogar, pero les tocó volver a esperar. Bernardo de Galvez y su segundo, el político y teniente coronel alicantino Francisco Bouligny no se ponían de acuerdo a la hora de elegir el emplazamiento para fundar la ciudad. Boulugny proponía la región del Río Ocuachitas, pero Gálvez la consideraba demasiado lejana para defenderla en caso de ataque indio o inglés. Prefería un punto a orillas del Iberville. Tras un serio tira y afloja acordaron asentar a sus compatriotas junto al buyé Teche, en territorio de la tribu Chetis Machas, de la nación Atakapa. Esto, a pesar que de ellos se afirmaba que eran un pueblo salvaje y nómada llamado también  “devoradores de hombres” dado que practicaban la antropofagia ritual.

Sin miedo a acabar flotando en un puchero caníbal, el 26 de enero de 1779, once familias malagueñas junto a setenta esclavos emprendían viaje a bordo de dos embarcaciones por el cauce del Misisipí.  Pasaron entonces a las aguas del Plaquenique y luego a las del Teche, llegando a su destino el 12 de febrero. El viaje fue muy penoso, quejándose el encargado de repartir las raciones de haber recibido órdenes de Bouligny de alimentar con carne podrida a «gente tan delicada como son los malagueños».

Imaginamos que con el estómago algo revuelto,  los colonos eligieron una localización que les pareció adecuada para instalarse. Bouligny mandó noticias a Bernardo de Gálvez sobre la ansiada fundación de Nueva Iberia.

«Inmediada a un pequeño lugar de los Chetis Machas cuya hermosa situación y excelencia de las tierras me ha parecido muy favorable al establecimiento de esta población, tanto para el cultivo como para la cría de todo género de animales. A mi juicio con dificultad se podrá encontrar un paraje que reuniese tantas ventajas»

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Entusiasmados por las posibilidades que les inspiraba el terreno, los nuevos habitantes del lugar rápidamente plantaron semillas de cáñamo, lino, trigo y cebada y hasta compraron piezas de ganado. Luego buscaron más colonos que les acompañasen en su aventura. Así, reclutaron a un grupo de granadinos que acababan de llegar a Nueva Orleans  y a una familia alemana a la que, según las crónicas, «encontraron en muy mal estado».

Cuando la suerte parecía empezar a sonreírles, un huracán se abatió sobre la colonia, inundándola. Bouligny escribió de nuevo a Gálvez, esta vez con malas nuevas.

«las casas o chozas que las familias tenían ya hechas sobre el terreno de cada uno tienen dentro seis y ochos pies de agua«

Tocaba abandonar el lugar y buscar otro más seguro. Lo encontraron, pero había un problema. Colonos acadios, franceses que la Corona Española había llevado en su momento hasta allí y que se negaban a abandonar el territorio si no había dinero de por medio. Tras un compromiso de Gálvez para satisfacer las demandas de los ocupantes, los malacitanos pudieron instalarse.

El 17 de mayo de 1779, tres nuevas familias malagueñas se unieron a la floreciente comunidad. Con ellas llegó un párroco que celebró la primera boda en Nueva Iberia. Todo parecía ir a la perfección, pero tambores de guerra sonaban en el horizonte, y no eran los indios preparando una barbacoa.

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Gálvez y Bouligny.

Guerra y corrupción

Los enfrentamientos entre Gálvez y Francisco Bouligny continuaban, discutían sobre los costes de la colonización y las condiciones de vida de los malagueños. A juzgar por alguna carta conservada desde la época del primer campamento, estas no eran las que el teniente coronel presentaba a su superior.

«…las familias y la tropa vivimos en cabañas a la hechura de las pocilgas de nuestra tierra y nos ha costado el trabajo de hacerlas a cada una de las familias.»

El enfrentamiento se vió interrumpido con el estallido de  la Guerra de Independencia de Estados Unidos, en la que España entraba apoyando a las colonias británicas. Gálvez, todo un estratega, lanzó un ataque exitoso contra los ingleses en Fuerte Bute primero (7  de septiembre de 1779) y en Baton Rouge después (20 de septiembre de 1779) . Regresó a Nueva Orleans con medio millar de prisoneros británicos y por el camino debió de acordarse de arreglar cuentas con el de Alicante, al que reclamó que justificase todo el dinero invertido en Nueva Iberia.

Por otro lado, el colono torroxeño José de Artacho habia conseguido hacer llegar una carta a un amigo desde Nueva Iberia. En ella se quejaba de que Bouligny les tenía sometidos a censura postal bajo amenaza de horca si intentaban saltársela. Le pedía además que, con el mayor de los sigilos, intercediese por ellos ante Gálvez pasra deshacer el entuerto.

«Aquí no hay Dios, que es lo que más siento, ni Ley ni Rey«

El 28 de octubre Gálvez culpó directamente a Bouligny del retraso y perjuicio del desarrolo del enclave, así como de no haberlo dotado de profesionales tan necesarios como un carpintero, un herrero, un zapatero o un cirujano. De hecho, en 16 de julio un colono recién llegado, Fernando Ibáñez,  había muerto de fiebres sin poder ser atendido por médico alguno.

Ante las contradicciones, silencio y múltiples excusas del valenciano, el de Macharaviaya le destituyó, instalando en el puesto a un tal Nicolás Forestal. que recibió el encargó de realizar una auditoría de las cuentas.

A partir de entonces la ciudad creció. Si en 1785 su población era de 7o personas, en 1788 eran ya 190. Eso sí, de los colonos originales como Miguel Romero, Antonio Villatoro, Bernardo de Puentes, Francisco Balderas, José Lagos, José de Porras, Francisco Ortiz, Gonzalo de Prados, Juan López, Juan Garrido, José Artacho, Juan Mínguez, Julián de Aguilar, Rafael Vidal, José Fernández, Gabriel López y Lucas García, solo quedaban los Segura, Lopez, Garrido, Minguez, Romero, Villatoro y del Prado, el resto había emigrado.

Luisiana volvería a manos francesas y luego Napoleón vendería este territorio a los Estados Unidos. A lo largo de los años Nueva Iberia cambiaría su nombre afrancesándolo primero y adquiriendo después el actual en inglés: New Iberia.

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Nueva Iberia, dos siglos después

La localidad estadounidense anuncia sin ambages su pedigrí español mediante placas conmemorativas o estatuas como el busto a Francisco Bouligny, curiosa y probablemente el primer tipo en cometer en la zona el delito de malversación de caudales públicos.

Placas

Cada año, New Iberia celebra un Festival Español con todo el tipismo ibérico, flamenco, paella y tapas incluidas.

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Según informaba el periódico local The Acadiana Advocate, el año pasado les dió por añadir al programa de actividades unos sanfermines american way, pero en los que los toros eran interpretados por vecinos disfrazados. Cuando uno de ellos pillaba a otro de los corredores, debía entregarle una pegatina con la leyenda I got gored: «He sido corneado»

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Otra actividad que goza de popularidad es la recreación histórica. Así ven, por ejemplo, la fundación de la ciudad por los malagueños de Bernardo de Gálvez.

El Festival- Reenactment of the Arrival of the Spanish

Otro plan para esa semana es salir en desfile con banderas o los estandartes en los que aparecen los apellidos de los «padres fundadores». Bueno, alguno tuneados, como el Garrido que ha pasado a ser Gary o el Villatoro, convertido en Viator.

El Festival- Walking Parade

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También eligen a una reina del festival.

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New Iberia está hermanada, como no podía ser de otra manera, con Alhaurín de la Torre y Fuengirola. Debido a esto, a lo largo de los años se han realizado diversos intercambios culturales. El año pasado, según informaba La Opinión de Málaga, el municipio de Mijas se sumaba al interés por establecer relaciones con Nueva Iberia. ¿El motivo? Según el entonces edil de Patrimonio Histórico Santiago Martín, entre los colonizadores se encontraba una familia mijeña.

«Era la de Francisco Ortiz, de 32 años de edad, y que viajó con su mujer, Francisca Blanco, de 31 años, y sus hijos Catalina, de 6, Juan, de 2, y Ana, que nació durante el viaje».

Y todo esto… ¿Lo sabe Donald Trump?

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Con información de La Opinión de MálagaThe Acadiana Advocate , Ancestry.com, El Festival Español de Nueva Iberia, y La malagueña ciudad de Nueva Iberia en Estados Unidos , de José Manuel de Molina.

Jaime Noguera se ofrece para dar el pregón en Nueva Iberia como autor de la novela ‘España: Guerra Zombi‘.

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