El 'running' es salir a correr (de toda la vida) y otras reivindicaciones del español de pura cepa

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La RAE no da abasto con la vida moderna. Si tiene que estar día sí día también negando que acaba de aceptar ‘almóndiga’ en su diccionario, ahora ha de ver cómo los nuevos ‘yuppies’ y los ‘millennials’ usan anglicismos para designar realidades que en la era precrisis nombrábamos con una palabra salida del monasterio de San Millán de la Cogolla.

Por ejemplo, ahora que se ha puesto de moda hacer ejercicio por parques y jardines no corremos, sino que hacemos ‘running’. ¿Perdón? ¿Cuál es la diferencia entre eso y prepararse para la San Silvestre Vallecana? El ‘running’ es el ir a correr de toda la vida. Y por alguna extraña razón, el corredor o deportista se ha transformado en un ‘runner’, sobre todo en las biografías de Twitter. ¿Cuándo surgió esta moda? Dicho de otro modo: ¿cuándo nos volvimos modernos?

Lo mismo sucede con las copas que nos tomamos con nuestros compañeros de trabajo. Cuando decir ‘happy hour’ parecía tan extendido como decir ‘tapa con la caña por 2 euros’, ahora resulta que las salidas de juernes son ‘afterwork’, una palabra que puede rechinar a cualquier mayor de 50 años que de lenguas extranjeras solo sepa el francés del instituto. El ‘afterwork’ es ni más ni menos que los tragos de después de la oficina, donde las patatas fritas o las palomitas de maíz rancias se han visto sustituidas por berenjenas rebozadas con mostaza y miel. Y sí, los copazos ya no llevan Baileys, que ha quedado muy demodé, sino… efectivamente, un ‘gin-tonic’ (volver a nombrarlo ya queda muy #rancionfact).

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El mundo de la comida es un no parar. Pensemos en los ‘smoothies’, por ejemplo. Son los batidos y zumos que bebíamos de pequeños, con leche y sabe Dios qué más, servidos en un vaso de calimocho. Sin embargo, los sitios modernos usan este palabro para subir el precio. Nosotros reivindicamos batido y zumo y, ya que estamos, bebidas tan nuestras como la horchata o la leche merengada. A precios razonables, eso sí.

De las bebidas pasamos a los alimentos. Pero no a unos alimentos cualquiera, sino a los alimentos bio. Es decir, las frutas, hortalizas y queso casero que han venido desde siempre de la huerta del abuelo del pueblo, que tú te has llevado a la ciudad como buen rebañaorzas y que no se encuentran en el supermercado junto a las ofertas de embutidos. Tranquilo, un montón de tiendas ‘online’ te siguen ofreciendo el olor a pueblo sin necesidad de salir de casa.

El armario ropero

Si nos vamos al campo de la ropa, el sofocón puede ser aún peor. Porque a ver, ¿en qué momento comenzamos a llamar a los leotardos… ‘leggings’? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué nos hemos perdido por el camino? Es más, ¿cuándo se volvieron a poner de moda los leotardos?

Seguimos hablando de cintura para abajo, porque probablemente, si practicas ciclismo, lleves unos ‘culotte’ o unas mallas, también aptas para entrenar o practicar zumba y más prácticas que unos ‘leggins’... digo, leotardos. Sí, la palabra está en el diccionario, pero registrada por su uso en Uruguay. Y si vas a una tienda a comprar unos pantalones, pide la hoja de reclamaciones si entras a la sección de ‘denim’ y no sabes lo que es eso: son los pantalones vaqueros que llevas poniéndote desde que hiciste la primera comunión. En cambio, si quieres unos pantalones ajustados, lo tuyo es el ‘slim fit’: seguirás marcando paquete o trasero, pero nadie te entenderá cuando hables.

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Ned Flanders sí sabe lo que es la ropa ajustada

Siglas ‘everywhere’

Pero si hay algo que ha destrozado al español no son los ‘afterworks’ ni el ‘denim’. Son las siglas. Si hay unas siglas que han triunfado en los últimos años son DIY. Es muy guay decir que haces DIY (o escribir, porque no queremos saber cómo pronuncias DIY), pero menos si explicamos que el DIY son manualidades o artesanías como las que tu hijo hace en clase de preescolar y luego te regala para tu cumpleaños.

Cuando la burbuja de las puntocom estalló, algo de jabón quedó flotando en el ambiente, y desde entonces no nos podemos quitar de encima a los CEO, que son los consejeros delegados, presidentes ejecutivos… oséase, los mandamases de las empresas, pero en inglés. Por cierto, ¿sabéis lo que significan esas letras? Anda, haced caso a Fundéu y buscad alguna alternativa en español. Los viejunos que no hablan inglés os lo agradecerán.

Pero dan igual las siglas: el mundillo tecnológico es un hervidero de términos. ‘Business angel’ o ‘angel investor’ no pueden faltar para hablar de los inversores de toda la vida. El ‘entrepreneur’ es el emprendedor que tan de moda se ha puesto, pero intenta decir esa palabra con un polvorón en la boca. Y ya no hacemos contactos, sino ‘networking’, normalmente en sesiones de… exacto, de ‘afterwork’.

Por todo esto, la próxima vez que vayas a pasarte de moderno, y sobre todo si eres de esos que enarbola la bandera española a la mínima, haz el favor de pensar en que a lo mejor los que hay a tu alrededor no te entienden. Y que a lo mejor en la RAE te agradecen un uso mejor.

Resumiendo...

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Con imágenes de Visualhunt, (1, 2) y Pixabay.

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