El delirante monumento a Colón que un bilbaíno quiso construir en Chicago

24 marzo 2009 muy interesante

La construcción de la Torre Eiffel en 1889 desató una competencia arquitectónica internacional de proporciones fálicas. Distintas naciones anunciaban a bombo y platillo la construcción de edificios de acero y cristal más grande que la obra de ingeniería francesa. La joven nación de los Estados Unidos de América no podía quedarse rezagada y se unió a la carrera presentando un concurso para la erección de una torre en la Exposición Universal de Chicago en 1893. Se presentaron todo tipo de proyectos para amenizar el evento, desde una enorme noria a una réplica de un barco vikingo, pero nadie estaba preparado para la descollante y megalómana propuesta de un arquitecto llegado del País Vasco.

Chicago había recibido en 1890 el encargo de celebrar la Exposición Universal de Chicago o Exposición Mundial Columbina , ya que celebraba el 400 aniversario de la llegada de Colón al Nuevo Mundo en 1492. Allí se presentó Alberto de Palacio, residente en Bilbao pero nacido en Lapurdi (País Vasco francés) en 1856 y licenciado en arquitectura en Barcelona. De 1883 a 1884, había sido alumno de Gustave Eiffel en País y colaborado con Ricardo Velázquez en la construcción del Palacio de Cristal del Retiro madrileño. También había destacado en resolver para E. Adaro y Saiz de La Lastra, la complicada cimentación del Banco de España.

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Llegaba a Estados Unidos con los planos para la construcción de un Monumento al Almirante de la Mar Océana de proporciones descomunales debajo del brazo. Se trataba de un globo terráqueo con un  volumen de 4.180.000 metros cúbicos, y una superficie de 125.000 metros cuadrados,  400 metros de alzada y más de 300 metros de diámetro (la altura de la torre Eiffel) que sería recorrido por una escalera en espiral interna hasta el Ecuador y externa hasta el polo norte. Estaría coronado con una reproducción de las carabelas de Colón que albergaría en su interior nada menos que un observatorio meteorológico.

Un artículo de la época en el Scientific American que reproduce The Public Domain Review da cuenta de la suntuosidad de la obra.

"Por la noche, las formas de los continentes estarían iluminados por un gran número de luces procedentes de los focos desde la base. En la rotonda central, Palacios colocaría una estatua gigantesca del gran descubridor rodeado por los navegantes, aventureros y misioneros que fueron los actores principales del descubrimiento de las Américas. En el semicírculo alrededor de este Olimpo de los héroes, encerrando el anfiteatro, nos encontraríamos con escenarios alegóricos que representarían a todas las naciones hispanas. En el resto de espacios de la base, una gran biblioteca Colombina, compartiría espacio con un auditorio para el cultivo de las ciencias naturales. Un museo de zoología, mineralogía y botánica de América, así como la Sociedad Geográfica Española también tendrían cabida."

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Por si fuera poco, en la base que sostenía a la esfera, Palacios había diseñado una red de paseos, cafés y restaurantes para disfrute de los visitantes. ¿Y dentro del globo, os preguntaréis? En el interior de este habría una reproducción a escala de la esfera celeste. Al mismo tiempo, el enorme espacio sería utilizado para la proyección de panoramas y dioramas, espectáculos audiovisuales pre-cinematógraficos. Todo pensado.

¿Y cómo se finaciaría esta obra faraónica? Desde un punto de vista empresarial el Sr. Palacio hacía el siguiente cálculo:

"Cien mil espectadores que pagan una cuota de entrada de $ 1, traerán $ 100.000. Esto proporcionaría el capital en 62 días, sin contar los beneficios de los cafés, entretenimientos, etc. El coste total estimado es de $ 6.000.000."

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¿Y qué pasó entonces?

¡El proyecto ganó el primer premio! Pero no, si estabas soñando ya en visitarlo en un hipotético viaje a la ciudad ventosa, ólvídalo. El dinero nunca llegó y Chicago se quedó sin el mega-monumento español para su gran exposición . Sí tuvo una noria muy grande, unos canales venecianos y un barco vikingo construido en Noruega.

Alberto, inasequible al desaliento, adaptó su gran esfera y la presentó en Madrid con la idea de que se construyese en el Parque del Retiro, junto a su Palacio de Cristal. No obstante, no aparecieron inversores y la economía española de la época no podía permitirse tal dispendio, por lo que se abandonó la empresa.

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Lo que sí inauguró en 1893 , junto con su hermano, el también ingeniero Silvestre de Palacio, fue el puente transbordador de Portugalete, auténtica y monumental "Puerta de Vizcaya"  en la desembocadura del río Nervión. Fue el primer puente de este tipo que se construyó en el mundo.

índice

Con información de: The Public Domain Review, Euskomedia.org, ABC.es y la Wikipedia.

Jaime Noguera quiso ser ingeniero de puentes y caminos pero acabó de autor de España: Guerra Zombi‘.

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