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Así se come en el restaurante más barato de España: menú del día, 3 euros

21 Jul 2016
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Jaime Noguera

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En el barrio malagueño de Huelin, existe un restaurante que lleva cinco años dando de comer cada día al personal por tres euros. Sí, queridos lectores, por una sexagésima tercera parte de lo que te costaría el Menú Festival del Celler de Can Roca, en El Mercado de Huelin la pizpireta Mamen y sus guerreras camareras te dan primer plato, segundo, bebida, pan, café y hasta te echan piropos. ¿Qué más se puede pedir? ¿Y cómo es posible? ¡Comida casera más barata que un Happy Meal! Si se ha anunciado por activa y por pasiva la recuperación económica y los brotes verdes ya deben ser frondosos arbustos… ¿Por qué a tres euros? Ya que estamos a fin de mes y andamos algo regular de dinero, nos hemos ido a comer allí.

Junto a la entrada principal del Mercado de Huelin, famoso en Málaga por su pescado, hay un restaurante que no ha necesitado contratar a ningún director de marketing para elegir su nombre:  Mercado de Huelin. Llegamos casi a las dos y está lleno hasta la bandera. El paisanaje es de lo más variopinto, pero abundan los pensionistas y currelas, manchados de yeso o pintura, atraídos por el reclamo del “bueno bonito barato” aplicado a la gastronomía. Hay máquinas tragaperras, una enorme expendedora de tabaco, tatuajes, gafas ahumadas, cabelleras ensortijadas, pantalones cortos y camisetas sin mangas. Hace un tremendo calor y desde la puerta oigo a la jefa, Mamen, gritando comandas como si aquello fuese el Desembarco en Normandía.

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No hay mesa, toca esperar. No hemos avisado de nuestra visita ni reservado, claro. Un tipo de unos sesenta años me interpela desde la barra. Se acaba de enterar que vamos a hacer este artículo. Se presenta como Roberto Pérez y me pregunta si quiero ver su carnet. Le digo que no hace falta.

«Yo tengo que pisar el suelo por donde pisan estas mujeres. Estoy divorciado y me han hecho muchos favores. El mes pasado me quedé tieso, sin un duro y me invitaban a comer. Alguna vez me han recogido borracho de la calle. Son buena gente. A un ciego que viene a veces , que coge el servilletero en vez de la Fanta, le limpian el pescado y la carne».

Casi desde que entramos he detectado en la atmósfera la esencia de una clara voluntad social en la iniciativa de dar de comer a esta Corte de los Milagros.

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Una mesa queda libre. Nos sientan allí.

Mamen tiene los ojos grandes y expresivos, economiza las palabras pero muchas otras bullen en su cabeza. Nos canta el menú con voz rasposa.

«De primero gazpachuelo, ensalada, gazpacho o macarrones. De segundo pisto con huevo, sardinas plancha, huevos papas o filete de cerdo».

Javi Ramos, mi fotógrafo, y yo coincidimos en pedir el gazpachuelo de primero. Como segundo elijo pisto con huevo. Él se decanta por otro huevo, pero con patatas fritas. Lo regaremos con un refresco de naranja y agua para moi.

Hay un par de jóvenes obreros cerca, apoyados en la barra, con sus monos de trabajo luciendo condecoraciones de pintura. Les pregunto que qué les hace venir a comer aquí.

«Las camareras te tratan muy bien. Son de confianza. Te dicen hasta piropos: ‘Guapo, ven pacá’ y esas cosas. Y se come bien, que es lo importante”

Llega el primer plato. La ración es generosa.

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Javi la prueba, y resopla satisfecho.

«Esto está bastante mejor que la mierda que suelo comer cada día».

Es soltero y vive solo. Su novia  le regaña a menudo por su dieta basada en «cosas que se abren y se comen«.

Me parece que al gazpachuelo la falta sal, pero caigo en que la media de la presión arterial de los comensales debe estar por las nubes, así que, pensándolo bien, dejo el salero en su sitio.

Luego viene el pisto. Todo está sabroso y me sacia. Por lo que cuesta un café en Madrid (si te descuidas) he comido estupendamente. Increible. Me echo el café al coleto en dos buches.

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Noto un momento de calma entre el guirigay. Como en los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente me abalanzo, cual quebrantahuesos, sobre la desprevenida Mamen.

-¿Cómo se te ocurre dar de comer por tres lauros, chiquilla?

-Con la crisis bajó el ritmo de los menús, los teníamos a siete con cincuenta y los bajamos a cuatro con cincuenta. ¡Me aburrí! Desde que lo he puesto a tres, no me encuentro las bragas.

-Ehem, vale. ¿No has pensado en subirlo? Ahora que dicen que la economía va mejor.

Mamen me mira con los ojos en llamas.

-Está mejor para los que nos roban, ¿no? Mira, yo lo dejo a tres euros. ¡Y como me de «la venate», lo bajo!

Mamen vuelve a la tarea, Su restaurante es un negocio familiar que mantiene a seis trabajadores con contrato indefinido. La materia prima para los platos de cada día se compra en los puestos del mercado vecino, menos los huevos, que “los trae un huevero”. Los lunes no hay pescado en el menú, los miércoles es un día popular: hay arroz.

Sirve del orden de setenta comidas al día. Para lograrlo su jornada de trabajo empieza a las cinco de la mañana. Abre el bar a esa hora. Mientras sirve los desayunos, hace malabarismos mentales para lograr su misión. Dice que «si el negocio no te duele, no vendes» Lo que más le fastidia es cuando sirve un plato de arroz con pollo y le preguntan dónde está la cigala. Le ha pasado más de una vez.

El barrio de Huelin, desde la apertura allí del Museo de Arte Ruso, ha sido rebautizado por sus jocosos vecinos como “Huelingrado”. Todo me cuadra. Mamen, desde los fogones,  lleva a cabo su pequeña gran revolución.

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El autor no pudo resistirse a posar entre Mamen (en la foto, a la izquierda) y Lola, la camarera ninja (en la foto, a la derecha).

El bar/restaurante/cafetería  «Mercado de Huelin» está situado en la Calle Emilio de la Cerda, 35. En el barrio de Huelin (Málaga).

Fotos de Javier Ramos, alabardero mayor de Agudeza Visual.

Jaime Noguera es de buen yantar y autor de  España: Guerra Zombi.

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