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Miguel Noguera: «Mi tía le dijo a Tejero «se sienten, coño» y él se lo tomó bien»

20 Jul 2016
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Inma Saranova

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Visto el empeño de nuestros políticos, futbolistas, medios de comunicación y conciudadanos en que nos convirtamos en nihilistas de venas largas a marchas forzadas,  y con la idea de lanzar un rayo de luz sobre tanto pesimismo recalcitrante y tanta frase que empieza con “es que la gente es…”, desde Strambotic queremos demostrar que, pese a todo, hay pensadores, currantes, creadores, y artistas muy a mano que demuestran que es posible no perder aún la fe en la humanidad.

De hecho tú ya los adoras, lo que pasa es que aún no lo sabes. Por eso, y para echarte una mano, estrenamos esta serie de entrevistas a unos cuantos personajes que merecen mucho la pena porque… CONOCERLOS ES QUERERLOS.

Y el primer elegido para inaugurar nuestra sección de entrevistas estrambóticas es el inigualable Miguel Noguera (Las Palmas de Gran Canaria, 1979), un dibujante, performer y  artista multidisciplinar que insiste en no definirse como cómico pero que, pese a él, no puede dejar de hacernos reír ya sea con sus libros, con sus colaboraciones con grandes de internet como Venga Monjas o Los Pioneros del Siglo XXI, o con sus Ultrashows en directo.

Strambotic.- Miguel, ¿qué te parece ser uno de los elegidos de Strambotic como ejemplo de persona por la que merece la pena no perder la fe en la humanidad? ¿Tú ya la has perdido? ¿Alguna vez la tuviste?

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Doblar la barra de hierro de la que se cuelga ¿Esto es físicamente posible?

Miguel Noguera.– Pues me parece muy bonito, la verdad. Gracias por entrevistarme. No sé qué decirte sobre lo de la fe en la Humanidad… O te suelto cualquier coña para salir del paso o intento responderte en serio, que creo que no vale la pena… Digo que creo que no vale la pena responderte en serio a lo de la fe en la Humanidad, no que la Humanidad no valga la pena… ¿Ves? Al final he decidido bromear para salir del paso y a lo tonto he respondido un poco en serio también. Perfecto todo.

S.- Si esta noche te abdujera un extraterrestre y te preguntara ante qué se encuentra ¿Cómo te definirías a ti mismo? ¿Qué o quién dirías que eres?

M. N.- ¿La abducción tiene que ser esta noche? Qué más da, ¿no? Veo que quieres meterme un poco de prisa con ese dato… A ver, creo que le diría «I’m a human being», ¿no? Le hablaría en inglés, traicionaría al castellano… O tiraría por lo socioeconómico: «Soy un pequeñoburgués urbano, un trabajador cultural occidental… I’m a little burguá and I work with ideas worth spreading. I make jokes for smart people and I don´t care a shit».

S.-Cuando he buscado en internet tu año de nacimiento he visto que la entrada de “Miguel Noguera” está catalogada en Wikipedia como: “Artículo o sección sin relevancia enciclopédica aparente: el asunto o la redacción inducen a creer que debería ser borrado.” ¿Ha habido alguna polémica entre tú y el creador de Wikipedia que deberíamos conocer?  ¿A santo de qué esa hostilidad?

M. N.- ¿Ah sí? Mira, tengo algo de info sobre este tema. Esa entrada la creó alguien hace años. Ni idea de quién fue. El hecho es que a veces dono un par de euros a Wikipedia… No porque tengan una entrada sobre mí, ¿eh? No estoy tan enfermo. Lo que pasa es que uso tanto la página que de vez en cuando me veo forzado a lanzarles unas monedas a esos perros. También hay que decir que piden donativos. Por ejemplo, consulto muchísimo Wordreference y nunca les he dado, aunque también es verdad que no me han pedido pasta… será porque tienen anuncios, claro… En fin, a lo que iba; el otro día doné un par de euros a Wikipedia, y justo el día siguiente alguien me llamó la atención en Twitter porque en la entrada de Wikipedia se habían añadido un par de frases afectuosas pero poco objetivas, poco enciclopédicas, rollo «Noguera es el líder espiritual del movimiento religioso Iglesia Noguishe», etc. Como si Wikipedia me agradeciera los euros con burlas. Pero no, veo que Wikipedia se ha olido la profanación y ahora cuestiona toda la información de la entrada. Conste que en esto yo no entro ni salgo, pero en cualquier caso ¡bien visto, Wikipedia! ¡Rápidos y finos! ¡Aunque me eliminéis la entrada os seguiré pagando!

 

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Una de las ilustraciones de ‘La Muerte del Piyayo’ cortesía de Blackie Books.

S.-En muchas ocasiones has negado ser un humorista pero los periodistas seguimos insistiendo en lugares comunes como el posthumor (¿¿?), los límites del humor, cuáles son las cosas que te hacen reír, etc. ¿Por qué crees que te hacemos esto?

M. N.- A ver, es comprensible que lo hagáis. Al fin y al cabo en el Ultrashow, el espectáculo que hago en el teatro, uso un registro claramente cómico. No en el sentido de cómico de stand-up, sino más bien en el de interpretar el personaje de un predicador histriónico y sudado que soy yo mismo cuando explico mis cosas en el teatro. Y en general mi discurso está plagado de quiebros y coñetas. Vamos, que me presento ante el público como un trickster, un tipo que todo el rato cuestiona el valor de lo que trae y el de él mismo como personaje público, y lógicamente eso se asocia a la tradición cómica. Pero es ahí donde no me siento cómodo: en la comedia como terreno de creación o como objetivo estético o vital. No soy un profesional de la risa, en todo caso soy alguien que se ve en una posición ridícula al afirmar ciegamente sus cuatro obsesiones formales, y precisamente ese ridículo y la denuncia de ese ridículo le apasionan y considera que todo el pack obsesión formal-ridículo-denuncia tiene valor estético y lo sitúa a él en la sociedad.

S.- No, en serio, ¿crees que tienen algo que ver los resultados de las últimas elecciones generales con los límites del humor?

M. N.- ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya pana, tía! —en mi colegio abreviaban paliza en pana— ¡Vaya pana nos ha dado el PP! A todos se nos ha quedado cara de bobo, ¿eh? ¡Ja, ja, ja! Mucho Unidos Podemos y mira… ¡Pam! ¡Toma Jeroma! ¡Toma PP! En fin, qué se le va a hacer. Mira el cosmos, que está petado de Materia Oscura.

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S.- ‘La muerte del Piyayo’ es el nombre de tu último libro y su portada es un fartón con una ruedecita. ¿Podemos saber cómo murió el Piyayo realmente? ¿Tuvo algo que ver el fartón-monopatín?

M. N.- No, no hay conexión Piyayo-fartón, son dos tramas autónomas. Pero os digo que si buscáis un poco en Internet sabréis de qué murió el Piyayo y entonces todo cobrará sentido: el título del libro, el hecho de que sea el quinto con Blackie Books… ya veréis, solo tenéis que ser curiosos, poneros la gorra de detective y… ¡qué va! No sé de qué murió ese tipo, y me da palo buscarlo ahora. El título hace referencia al título de la película ‘La muerte del Piyayo’, por lo que es un título que hace referencia a otro título, no a la muerte del Piyayo en sí misma. Por lo visto hubo una época en la que mi suegro Agustín solía usar el título como comodín cuando le preguntaban si sabía qué peli darían por la tarde en la tele. El tío respondía siempre, invariablemente, ‘La muerte del Piyayo’, le gustaba hacer esa coña… Ahora, si le preguntan por el título del último libro de su yerno, podrá responder ‘La muerte del Piyayo’ con propiedad.

S.-Y ya que nos ponemos a desentrañar misterios ¿Quién es Martín Baeza y por qué protagoniza la mitad de tus Ultrashows?

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FOTO: María Laura Benavente Sovieri.

M. N.- La primera mención, totalmente espontánea, a Martín Baeza es en el capítulo piloto de una sitcom que grabamos unos amigos de la facultad de Bellas Artes —escrita y dirigida por Y Producciones y Jonathan Millán— hace más de quince años. La sitcom se llamaba Bastante tengo conmigo mismo (está colgada en Youtube) y en ella yo interpretaba a un presentador que se llamaba Sandy Rogers. En un momento dado, Rogers le solicitaba a un público inexistente que aplaudiera y él mismo se sumaba al aplauso, de hecho era el único que aplaudía, y entonces mencionaba a Martín Baeza, decía «¡Grande, Martín Baeza», como cuando pides el aplauso para un proyecto colectivo y enumeras a las personas implicadas en él para que el aplauso recaiga en ellas. Por lo que Martín Baeza no es nadie, fue una invención del momento, improvisé un nombre que sonara a empresa, que tuviera empaque… Y ahora cuando tengo que utilizar un nombre masculino cualquiera en los libros escojo Martín Baeza, escojo calidad, ja, ja… Me hace gracia ese guiño privado, que ahora se ha convertido en un metaguiño, el guiño a aquel guiño originario.

S.-Hablando de los Ultrashows ¿Cuál ha sido el peor de tu vida? ¿Y el mejor?

M. N.- Los mejores son los shows en los que aparecen subtramas y estoy cómodo y la cabeza me va fina y nada, que la cosa va rodada, esos shows, o partes de show (es difícil que ese estado dure todo el show) son Jauja, puro fluir en el que todos disfrutamos y casi no eres consciente de la presión, la que ejerce el público y la que te impones tú… Y el peor con diferencia fue uno que hice para una familia rica en Dubai por el cumpleaños del hijo mayor. Pagaron una cantidad indecente y me cubrieron cuatro días de estancia en un hotel de hiperlujo; pero tuve que actuar en inglés y creo que no les gustó nada. Hubo mucha tensión, no he sufrido tanto en mi vida. Me está bien empleado, por vendido. Y para colmo en la fiesta posterior, a la que estaba obligado a asistir, la madre del chico la palmó de un infarto, en serio, muy chungo todo… ¡Que no! ¡Por quién me tomáis! No actúo en cumpleaños, y menos en Dubai.

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Equilibrio precario. Llevar una hogaza de pan por fuera de la bolsa de plástico. Prendida como una piedra en la honda.

S.- ¿Qué te gusta más, trabajar en tus libros o actuar en directo?

M. N.- Cada cosa tiene su qué. Suelo decir que prefiero los libros porque siempre puedo hacerlos, en cambio el show requiere de la presencia de un público. Cada formato tiene su especificidad: el show es la comunicación en persona, la gesticulación, el bromeo con el accidente, el quiebro, la camiseta sudada, el ataque de ira; mientras que el libro es el dibujo cuidadoso, el texto preciso, la distancia silenciosa del lector, la lectura en el cuarto de baño

S.- Si no te ganaras la vida de esta forma ¿A qué te gustaría dedicarte?

M. N.- No tengo edad ni energía para formarme en un trabajo que me gustara, por lo que buscaría en sectores que requieren poca o nula cualificación… Eso o intentaría sacarme las oposiciones de auxiliar administrativo. Algo por el estilo.

S.- ¿Qué te llevarías a una isla desierta: una rampa, un ciberpunk o al Gato Mochete?

M. N.- Ja, ja… (dos jajás, rollo «me río, pero la cosa se agria enseguida»). Me llevaría un ciberpunk, porque aunque los trodos de las sienes no le servirían de nada en ese entorno —el tipo no podría conectarse a la Matriz— al menos podríamos follar. El trodo anal está siempre disponible, porque es analógico, ¿eh? Ja, ja…

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S.- Hace bien poco te entrevistaban en Vanity Fair, ahora en Strambotic ¿Qué será lo siguiente?

M. N.- Si te fijas hay una progresión alfanumérica entre las letras que componen Vanity Fair y las de Strambotic que permite deducir inequívocamente el nombre del siguiente medio que me entrevistará. Forzosamente se llamará Temptinúbalt.

S.- ¿Te encuentras ya preparando tu siguiente libro? ¿Alguna idea para el título?

M. N.- Sí, sí, estos últimos años siempre estoy preparando el siguiente libro, porque la intención es publicar uno al año. Aún no he pensado en el título, aunque La muerte del Piyayo estuvo cerca de llamarse Alegrietas asidero o directamente Alegrietas. Estos títulos me siguen gustando, así que quizá lo llame así, o al libro del 2018, no sé… También barajo Refugio en los destellos electrónicos de la noche o algo por el estilo. La coña de un título poético y enrevesado que al final resulta que no se tiene claro a sí mismo es muy seductora.

S.- Y para terminar esta entrevista, ¿podrías contarnos que es lo más estrambótico que has visto o has vivido en tu vida?

M. N nos contesta en este vídeo.

Hasta que Miguel Noguera vuelva a actuar periódicamente a partir de septiembre en el teatro Goya de Barcelona y en el Muñoz Seca de Madrid podéis disfrutar de  «La Muerte del Piyayo» (Blackie Books, 2016), el último libro de Noguera que además incluye un DVD inédito con una de sus actuaciones en directo.

IMÁGENES E ILUSTRACIONES: Miguel Noguera, Blackie Books y María Laura Benavente Sovieri.

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