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Cuando el alcalde de Benidorm viajó a Madrid en su Vespa para convencer a Franco de que permitiese el bikini

02 Ago 2016
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Jaime Noguera

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A principio de la década de los 50, un alcalde visionario viajó durante ocho horas desde Benidorm a el palacio de El Pardo montado en una Vespa. ¿Para qué?  Convencer al Centinela de Occidente de que una forma barata de llenar las paupérrimas arcas del estado era mediante el Turismo. Pero no vistiendo a los camareros de toreros o regalando crema solar, no.

La propuesta del munícipe por excelencia iba directamente en contra del pudor nacional-católico del régimen franquista. Se trataba de permitir el uso del bikini, el explosivo bañador «dos piezas» inventado en la casquivana Francia. ¿Se mantendría Franco fiel a la moral cristiana o tiraría de pragmatismo ante la posibilidad de atraer hacia nuestras costas las tan codiciadas divisas extranjeras, llave para sanear la maltrecha economía de una España aislada?

El primer bikini de España

A finales de los cuarenta, el uso de este bañador estaba prohibido por provocativo en todo el territorio español. En playas como las de Santander, había anuncios que condenaban la utilización del “dos piezas” y sin embarco, sería en esta ciudad del norte de España donde se viesen los primeros modelos de esta prenda de ropa de baño en nuestro país. ¿La razón? Su cercanía con Francia, donde se había creado. De hecho, según recogió un artículo de Gabriela Balarezo en El Mundo, fue una gala veinteañera (que observaba las regatas frente a la bahía junto a un grupo de amigos) la primera en ser fotografiada en 1948 luciendo el famoso bikini.

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La Guerra del Bikini

Un bien día de principio de los 50, una de las muchas viajeras extranjeras que descubrieron aquella España virgen (turísticamente hablando), se sentó tranquilamente luciendo bikini en un bar playero de Benidorm. Sus vacaciones fueron perturbadas por la realidad carpetovetónica cuando, de buenas a primeras, un Guardia Civil le plantó en las narices una multa con 40.000 pesetas. ¿El motivo? La escueta prenda de vestir que vestía tenía revolucionada a parte de la población y escandalizada a su sector más pacato.

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Allí era alcalde Pedro Zaragoza Orts (1922-2008). Había llegado al cargo de la mano de Falange y las JONS y ya en 1951 se convirtió en impulsor de un moderno plan de urbanización que acabaría convirtiendo esta ciudad de tradición pesquera en la “Nueva York del Mediterráneo”. Zaragoza, un visionario del recreo vacacional, reaccionó con medidas liberales sobre el bikini tras el incidente. Le resultaba obvio que un lugar que pretendiese vivir de este sector debía hacer sentirse cómodos a sus visitantes. No solo pensaba que las turistas que optaban por el famoso «dos piezas» para tomar el sol debían estar cómodas en las playas de Benidorm, sino que además lo puso por escrito mediante un decreto municipal y sancionando a quienes insultasen a sus usuarias. Según cita Diarioinformación.es, el alcalde pensaba queSi quieres que la gente venga a tu pueblo para pasar sus vacaciones, tú debes estar preparado para acomodarlos, no sólo a ellos, sino también a sus culturas.”

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Sin embargo, en nuestra España nacional católica no era de recibo la exhibición de cachas y hombros al aire, aquel festival del ombliguito extranjero. Las numerosas protestas de los mojigatos vecinos por el permisivo decreto llegaron al arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, que no se lo pensó dos veces a la hora de amenazar al alcalde benidormense directamente con la excomunión. La medida eclesiástica venía apoyada por la Guardia Civil, quizás harta de tener que lidiar de forma estéril sobre este asunto con la torre de Babel femenina que se bronceaba en cada playa.

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«Protegeos de la obscenidad bajo mi manto».

Pedro Zaragoza trató  de  anular la condena arzobispal intentando recabar, sin éxito, el apoyo público del Gobernador Civil de Alicante y el Ministro de Gobernación. Tras la tibia respuesta de estos altos dos cargos a sus súplicas, el buen alcalde decidió coger la sartén por los cuernos. Y es que se arriesgaba a la separación matrimonial y la pérdida de muchos derechos.

En busca del Caudillo, en Vespa

Una madrugada, montado en su Vespa, este quijote alicantino partió hacia Madrid con la peregrina idea de obtener la bendición para el bikini del mismísimo Francisco Franco. Le costó ocho horas llegar hasta el palacio de El Pardo, siendo recibido en audiencia por el entonces jefe del estado.

“Le dije a Franco la verdad. Necesitábamos divisas y el turismo nos las ofrecía. «

Tras las explicaciones del alcalde de Benidorm, según Las Provincias.es , la respuesta de Franco a la exposición de Zaragoza fue la siguiente:

A partir de ahora, Zaragoza, cuando tenga algún problema, no vaya al gobernador civil, trátelo directamente conmigo. Ahora, márchese a Benidorm y haga lo que tenga que hacer.”

Ni que decir tiene que las amenazas del arzobispado quedaron en agua de borrajas. Seis meses después del encuentro, Camilo Alonso Vega, ministro de la gobernación, su esposa y Carmen Polo, esposa del generalísmo Franco, se desplazaron hasta Benidorm y pasaron una semana en casa del alcalde. Así se iniciaba una duradera relación de amistad entre la familia del dictador y el munícipe. Zaragoza, además de convertir al municipio valenciano en una potencia turística, creó el Festival de la Canción que catapultó a la fama a cantantes como Raphael o Julio Iglesias, gran amante del bikini.

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Nota: En 2014, Oscar Bernàcer dirigió el cortometraje ‘Bikini: una historia real‘, que narraba la peripecia de Pedro Zaragoza y su encuentro con el Caudillo, interpretado por Sergio CaballeroCarlos Areces. Dentro trailer:

Con información de El MundoDiarioinformación.esLa Información.es .

Imagen de cabecera obra de Agudeza Visual Creativos.

Jaime Noguera usa trikini y es autor de España: Guerra Zombi.

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