Cuando 'Los últimos de Filipinas' invadieron un pueblo de Gran Canaria

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1898. Los últimos de Filipinas, se presenta hoy en el Festival de San Sebastián y la memoria me lleva hacia atrás en el tiempo, semanas, cuando tan solo llevo unos días de vacaciones en Santa Lucía de Tirajana, el pueblo de Gran Canaria donde vive mi familia materna y no dejo de escuchar hablar sobre "la película" y "el rodaje".

Me pregunto qué leñe es esa comidilla con la que anda todo el mundo hasta que, en la pared de uno de los bares donde suelo trasegar jarras de cerveza con limón para refrescarme, me encuentro una especie de capilla laica hecha con cañas de bambú que acoge una foto de grupo y un cartel que reza Los últimos de Filipinas. Me viene a la memoria la cinta de corte epico-franquista de Antonio Román, rodada en 1945 y en la que mi abuelo Pepe participó como extra, haciendo de rebelde filipino. Esta vez la cosa parece que será distinta, averiguo en el ayuntamiento gracias al internet rural. Se trata de una superproducción española producida con Enrique Cerezo y con actores como Luis Tosar, Karra Elejalde o Eduard Fernández. La película se ha rodado casi íntegramente en Santa Lucía, dejando en el municipio una huella de tintes surrealistas.

El campo de batalla

Le pido a mi tía Marisol que me acompañe al lugar donde se levantó el decorado de Baler, una aldea de la isla de Luzón donde un destacamento español resistió durante un año a los filipinos, al hambre y al beri-beri sin saber que la guerra había terminado y aquella tierra que defendían con su sangre ya no era española. En el llano, rodeado de palmeras, según La Opinión de Tenerife, antes se plantaban papas y a pesar de la la minuciosa labor de las máquinas encargadas de desmantelar el escenario, quedan muchos elementos del rodaje . Me encuentro numerosos fragmentos de la goma espuma teñida de negro, que suele usarse para simular metralla en las escenas bélicas. Hay bolsas de arpillera, restos de las chozas de bambú, y hasta una bufanda de las tropas coloniales españolas. Casi cubierto por la arena, me encuentro el cartón de un paquete de software. Le doy una patada y al darse la vuelta aparecen unas letras escritas a mano con un rotulador negro. Leo.

" Atrezzo Avance . Prohibido el paso a toda persona o hijo de la gran puta ajena al departamento. Muchas gracias"

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"-Allí estaban los bueyes de agua, se los trajeron del Loro Parque o de por ahí"- señala mi tía hacia un lado para luego mirarme rebuscar por el suelo como si me hubiese vuelto loco "- Y a 200 filipinos de las Palmas."

"-¿Y no ha quedado nada en pié?- le pregunto -Si se hubiese quedado la aldea levantada, sería un atractivo turístico para el pueblo, digo yo, en plan la aldea de Mos Eisley en Tunez."

Silencio. ¿A mi tía le voy yo a hablar de Mos Eisley? Tonto estoy.

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La iglesia

Los pobres sitiados de Baler se refugiaron en una iglesia durante meses hasta que unos periódicos con noticias de España traídas por un enviado especial les convencieron de que España ya no estaba en guerra y podían volver a casa. Eso, cuando quedaban 48 supervivientes.

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Mi tío Kiko me lleva a la salida del pueblo. Allí, sobre unas rocas se levanta solitario el campanario de madera de una iglesia. Es lo único que queda del templo que se levantó para el rodaje.El campanario es el testigo mudo de la aventura cinematográfica que se ha desarrollado durante días con Salvador Calvo (Alakrana, Hermanos, Los Nuestros...) en la dirección. No hay una luz que la ilumine por la noche, entre los riscos, ni una placa que recuerde que pertenece a un rodaje español de 6 millones de euros de presupuesto. En Savannah (EEUU) la gente se saca fotos en el banco de madera "auténtico" donde se sentaba Forrest Gump. No es lo mismo, bueno, pero oiga...

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Despertarse a tiros

Hace un calor horroroso, así que me refugio en el bar El Guata para tomarme otra cerveza con limón bien fría. La investigación para artículos es lo que tiene: da mucha sed. Pregunto al dueño, Pepe, por el rodaje y me cuenta que su restaurante Hao se convirtió en el improvisado centro de producción de la película.

"Cuando supe que venían, lo primero que hice fue poner Wifi. Les gustó y montaron sus mesas allí. Dábamos unas 200 comidas al día. Y a veces no llamaban a las cuatro de la mañana para pedirnos un caldito o café."

Un tipo bajito y enjuto interviene con voz aguardentosa en la conversación.

" Una noche me despertó una tremenda tonga de tiros. Pim, pam, pun. ¡Y venga tiros! Parecía aquello la guerra."

Mi abuela me ha contado la misma historia tomando el café esa mañana. Ella también se levantó alarmada por los disparos. Este hombre que acaba de hablar comenta que hubo algún tipo de problema de coordinación y a la Guardia Civil se le olvidó avisar a los vecinos del rodaje de que se iba a rodar con disparos de fogueo durante la noche, y que de ahí el susto. Y es que, aquello debió ser una escabechina en toda regla.

https://www.youtube.com/watch?v=Fa5lgOBPVz0

Por lo menos el resto del rodaje ha transcurrido en paz y ha hecho felices a muchos habitantes que han visto sus restaurantes, tiendas y casas rurales llenas en temporada baja.

Uno de los parroquianos de El Guata, Alfredo, comenta que a él le ha venido estupendamente el rodaje. Regenta una de las panaderías locales y se quedó con gran parte del material de construcción de la ahora desaparecida Baler cinematográfica. Confiesa que está utilizando toda la madera sobrante en el horno de la panadería.

"Hay madera muy buena, bambú...¡ y hasta pino finlandés!"

Hao: el arte de dar de comer a los últimos de Filipinas

Me acerco hasta el pintoresco Restaurante Hao, con pinta de castillo medieval donde comía y festejaba el personal de la película. Y donde se celebró el convite de la boda de mis padres, por cierto. Allí me recibe Borja León, un joven entusiasta que disfrutó tanto o más que los actores y técnicos del rodaje. Habla maravillas de todos y me pide que desde aquí salude a Alberto Lobo, Marco Boado y Pedro De la Fuente. Saludados están.

Me cuenta que Luis Tosar o Álvaro Cervantes son "unos cracks", gente amable y campechana. De Karra Elejalde comenta que "es un loquillo". Vale, vale. ¿Y de la comida, qué? Durante las semanas de rodaje se les sirvió a todos un menú que iba cambiando para no cansarles. Asegura (y no tengo ninguna duda) que los participantes disfrutaron de la comida canaria y que el plato estrella era el entrecot. Todo regado con cerveza.

Me pregunto qué comieron Tony Leblanc, Manolo Morán o Fernando Rey en la versión de 1945...

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Borja también me cuenta que había que servir unos diez menús especiales al día para vegetarianos o celíacos y que en los fines de semana se les podía mandar comida a las casas rurales donde se alojaban. Guarda buen recuerdo y muchas fotos, con Javier Gutiérrez, Álvaro Cervantes... hasta una firmada y dedicada por Luis Tosar a "la tropa Hao".

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Esperando el estreno

Todos hemos visto a muchos "resistentes en las últimas" del cine de Hollywood: los aceitados espartanos de 300, Tom Hanks entregando la cuchara para salvar al grano-en-el-culo Ryan o los mostrencos secesionistas texanos de El Alamo. Historias que poco o nada tienen que ver con la de estas decenas de soldaditos españoles que, enfermos de disentería, tuvieron que aguantar de todo al otro lado del planeta. Del plomo a granel a que los sitiadores filipinos, por si la balasera les parecía poco, les mostrasen a mujeres desnudas y a parejas simulando tener relaciones sexuales, a ver si los nuestros perdían el ardor guerrero, se hartaban y se rendían con tal de que les dejasen desfogarse. Debían de estar desesperados. Digo los filipinos, por que nos rindiésemos, claro.

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Los "últimos de Filipinas", una vez retornados a España.

Gracias a Santa Lucía empiezo a ver la película ante mis ojos, me la imagino y me entran unas ganas tremendas de disfrutarla en pantalla grande. El cine español enfoca hacia nuestro pasado colonial, ya era hora. Como informó Blog de CinePalmeras en la nieve, la cinta romántica sobre Guinea Española, superó en promedio a Star Wars VII en su primera semana de exhibición. 1898. Los últimos de Filipinas puede apoyar esta tendencia y esperamos que así sea.

https://www.youtube.com/watch?v=0-gW9k1HOoA

Extra Bonus: Así informó TVE sobre el rodaje de la película en Santa Lucía

https://www.youtube.com/watch?v=piAH5Srs9qQ

Con información de La Opinión de TenerifeBlog de Cine y la Wikipedia.

Jaime Noguera  es medio canarión y autor de España: Guerra Zombi.

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