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Diez películas infantiles que disfrutamos como enanos y que hoy estarían prohibidas

06 Oct 2016
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Jaime Noguera

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Lejos quedan aquellos años en los que nuestra única pantalla en casa era la de la televisión, con dos canales y (si tenías suerte)un vídeo Beta o VHS. Por allí, con el despiste de nuestros atribulados padres, entraba de casi todo. Y cuando querías ver un estreno, al cine, nada de “descargársela”.

Pero la tecnología y los valores cambian, y afectan a los gustos cinematográficos de hijos y padres. En la etapa que vivimos, parece que  en cuanto a educación premia la infantilización de nuestros menores. La premisa es protegerles de la violencia y el sexo, aunque luego puedan ver en su móvil decapitaciones del Estado Islámico o violaciones en grupo cometidas en fiestas populares españolas. A veces, seducidos por el buenismo imperante puede parecer que nos la cogemos con papel de fumar más que nunca.

Muestra de ello son este listado de películas que en los 80 veíamos como aceptables y normales para niños y que hoy, por su contenido inadecuado, dispararían sin duda todas las alarmas en las AMPAS, defensores del menor o plataformas y organizaciones de infancia. Ahora, pongámonos por un día en el papel del censor.

‘Las aventuras de Zipi y Zape’ (Enrique Guevara, 1981)

Los gemelos más famosos del comic español saltaban a la gran pantalla a principios de los ochenta. En su vida en 35 milímetros, acudían al rescate de un odioso niño rico que era la versión millonaria de “El Pupas” y…bueno, en aquel entonces ver una a nuestros héroes de cómic en la gran pantalla era prácticamente revolucionario.  el bigote pintado de Don pantuflo nos hizo mucha risa.

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Motivos para prohibirla: Racismo.

La película está llena de clichés sobre los italianos (mafiosos, of course) los chinos y los afrocubanos. En una sonrojante escena, una actriz embadurnada de betún hace de mucama para lanzar frases como “ay, pobresita mi negra”, “macumba macumba lagarto que baila la rumba” o “ay mamita mamita mamita”. Además, el personaje de la abnegada y oligofrénica Jaimita, esposa de Don Pantuflo, levantaría ampollas entre las feministas.

‘Big’ (Penny Marshall, 1988)

Josh Baskin era preadolescente cansado de aguantar a sus padres y de que las chicas que le gustaban le hiciesen la cobra por norma.  Hasta que una noche, en una feria, le pedía a una vieja máquina de conceder deseos que le hiciese mayor. A la mañana siguiente, se había convertido en Tom Hanks. Entonces tenía que enfrentase a los sinsabores de la vida como adulto: conseguir trabajo, declarar la renta, votar en unas terceras elecciones y esas cosas.

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Motivos para prohibirla: Pedofilia.

Josh y Susan (la actriz Elizabeth Perkins) se lo montan. Y no, claro que el personaje que ella interpreta no sabe que dentro del cuerpo de Hanks está la mente de un niño de doce años, pero esa era la historia. De los besuqueos pasan al toqueteo y… Nada, que esta escena horrorizaría a cualquier madre, aunque es posible que su pequeñín de hormonas revolucionadas pensase de manera distinta.

‘Los Parchís contra el inventor invisible’ (Mario Sabato, 1981)

El grupo musical más molón de nuestra infancia surgió en 1979, y estaba integrado por cinco chicos: Tino, Yolanda, Gemma, Oscar y David. En esta peli viajaban a Argentina para actuar en un circo. En el aeropuerto, eran confundidos como los inventores de una fórmula de invisibilidad por una banda que pretendía robarla. El metraje estaba trufado de cancioncillas pegadizas, humor y persecuciones chachis.

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Motivos para prohibirla: Niños y armas.

Son muchas las escenas que desatarían la bilis maternal en los grupos de Whatsapp de madres del colegio: un tiroteo en un parque de atracciones, vandalismo, los Parchís a toda velocidad montados en un camión (sin cascos ni cinturones puestos) y bromas continuas a un enano una persona de talla baja. ¿Una banda de mafiosos persiguiendo a niños a punta de pistola? ¡Pero si en la remasterización de ET cambiaron las armas por linternas!

‘Gremlins’ (Joe Dante, 1984)

Un viajante le regalaba un buen día a su hijo Billy una esponjosa y extraña criatura comprada en una tienda de viejo, nunca mejor dicho. Su ajado dependiente chino le advertía que, para mantener al mogwai, era necesario que cumpliese tres reglas: no darle de comer después de medianoche, no mojarlo y evitar que le diese la luz del sol. Y claro, si se hubiesen seguido a rajatabla, no hubiese habido peli

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Motivos para prohibirla: Cargarse el espíritu navideño.

Además de por la violencia gore de alguna escena, como la de la cocina en la que uno de los gremlins es convertido en pulpa en una batidora, la película desvelaba a los niños que los padres son Papa Noel.  Si no lo sabías, lo siento. En la película de Joe Dante, esta revelación se hacía de una forma cruel y sádica cuando la protagonista femenina, que odia la Navidad, narra la desaparición de su padre y su traumática localización: se había roto el cuello tras quedar atrapado en la chimenea de su cada, cargado de regalos y vestido del más famoso gordo lapón. La pobre chica hasta cuenta que notó el olor a descomposición. Menos mal que aquí tenemos a los Reyes Magos, que son tres y por lo tanto no pueden ser los padres.

‘Nimh, el mundo secreto de la señora Brisby’ (Don Bluth, 1982)

Obra del animador que fue alternativa a Disney, en ella había ratas mutantes con inteligencia capaces de usar la electricidad, una familia de roedores en apuros, amuletos mágicos y hasta un Gandalf-rata. Era de las pelis que terminabas de ver y volvías a rebobinar la cinta inmediatamente para volver a verla antes de que tu padre te dijese que la tenía que entregar en el videoclub o les cascaban una multa.

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Motivos para prohibirla: Tortura animal.

No hace falta ser un padre animalista para saber que la escena de los experimentos con las ratas perturbará el sueño de tus hijos. Eso por no hablar del cadavérico personaje Nicodemus, que es de los buenos aunque parezca lo contrario. O del personaje del búho sabio, malrollesco al máximo.

Como dice en su blog el amiguete Viruete, en esta peli hay hasta un tractor que da miedo.

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‘Los Cazafantasmas’ (Ivan Reitman, 1984)

Las increíbles aventuras del doctor Venkman y su banda de cazadores de entes supernaturales nos tuvo a muchos tarareando la canción Gosbasters (o algo así) durante semanas tras su visionado. Especialmente a los que sufríamos sobrepeso y llevábamos pesadas gafas de pasta.  Muñecotes gigantes arrasando Nueva York, espíritus moqueadores…Mítica es poco.

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Motivos para prohibirla: Abuso de autoridad.

Venkman, nada más empezar la película, usa su trabajo para ligar, algo muy poco profesional. En la memorable escena a la que nos referimos, intenta montárselo con una voluntaria para experimentos magufos. De esos de leer cartas con dibujitos desde la distancia. El otro conejillo de indias, un pobre desgraciado, va recibiendo electrochoques incluso cuando acierta. Abuso de poder, favoritismo, machismo, maltrato…

Eso por no hablar de alguna auténtica generadora de pesadillas para niños como la de la modelo yugoslava Slavitza Jovan haciendo del demonio Gozer (Gozer el Gozeriano, Gozer el Destructor, Gozer el Viajante, Volguus Zildrohar, o Señor de Sebouilla: ese mismo.)

‘Legend’ (Ridley Scott, 1985)

Según Vanity Fair, esta película es “el anuncio de champú más largo jamás rodado, con cámara lenta, ventiladores y difuminados tan espesos que parece que nos acabamos de despertar.” Sin embargo, en aquellos años ochenta los amantes de la fantasía épica buscaban con denuedo a elfos y duendes en la pantalla. Faltaba mucho para El Señor de los Anillos y, a pesar del algodón de azúcar y la noñería de la princesa, en los multicines de media España las palomitas saltaron de la caja al ritmo del galope del unicornio.

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Motivos para prohibirla: Satán.

Sí, eso he dicho. SATÁN. ¿O pensabais que Lord Darkness era un minotauro o un sátiro? No. Interpretado por Tim Curry, parece que los diseñadores del personaje se pasaron de frenada. En aquel entonces, a mediados de la década de los ochenta, más de un integrista religioso se llevó las manos a la cabeza, pero hoy día los buenos fieles católicos de este país se lo pensarían dos veces a la hora de permitir a sus hijos menores de dieciocho años entrar a ver una película con Satanás matando caballos cornudos.

‘Cristal Oscuro’ (Jim Henson, 1982)

El Cristal Oscuro fue dañado por un místico Urskek y se armó la de San Quintín. Si nadie conseguía repararlo, los malvados Skekses dominarían la Tierra hasta el fin de los tiempos. Para impedírselo, Jen, el último superviviente de los campechanos Gelfings, una especie de elfos bajitos, intentaban devolver al cristal su poderoso resplandor.

Muchos padres la sacaron de las estanterías del videoclub pensando que viniendo del creador de la rana Gustavo, el Monstruo de las Galletas y la cerdita Peggy, no había nada que temer. Se equivocaban.

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Motivos para prohibirla: Torturas, genocidio y canibalismo.

Se ve que Jim Henson, harto de enseñarnos la diferencia entre arriba y abajo o vacío y lleno, tenía que reventar por alguna parte y lo hizo en esta película. Los Skekses se pasan el día asesinándose a la manera de los Reyes Godos o celebrando banquetes en los que se comen a unas pequeñas criaturas peludas y cuquísimas. En la película hay una secuencia en la que vemos el cadáver de uno de ellos descomponerse, así, sin paños calientes. Además, en la que es una de las escenas más tétricas, torturan y sacan el tuétano (o algo parecido) a un pobre bichillo para hacerse un Smoothie con lo obtenido. Definitivamente, Cristal Oscuro sería hoy anatema para todo progenitor amante de Dora la Exploradora,

‘Tod y Toby’ (Art Stevens, 1981)

Clásico olvidado de la Disney, trata la relación entre un travieso zorro bebé llamado Tod, que es adoptado por una adorable viuda, y el cachorro de perro de caza Toby. Inseparables en su infancia, al llegar a adultos descubren que, cosas de la madre naturaleza, están destinados a ser enemigos.

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Motivos para prohibirla: Abandono animal.

La aparentemente encantadora ancianita se demuestra una bruja irresponsable cuando descubre que no puede controlar a un zorro (menos de dos dedos de frente tenía la señora), lo lleva al bosque y lo abandona. Vale, es un zorro y quizás no se aplica el “Él nunca lo haría”, pero no está bien lo que hace. Si les parece poco, la tensión provocada a los pequeños espectadores por las escenas en las que el cazador dueño de Toby encañona a Tod, más una violenta pelea entre los dos animales a la que se suma un oso psicópata quizás fueron decisivas para que, con el tiempo,  este film haya sido prácticamente desterrado a las catacumbas de la factoría del ratón parlante.

‘Chitty Chitty Bang Bang’ (Ken Hugues, 1968)

El excéntrico inventor Caractacus Potts conseguía convertir un viejo coche de carreras, al que había bautizado como Chitty Chitty Bang Bang, en un vehículo capaz de volar y flotar en el agua. Con su padre, sus hijos y su novia, decidían viajar a un chiripitifláutico mundo, donde montaban coloridas zarzuelas y vivían aventuras sin fin. La película era la primera producción fuera de la saga James Bond de Albert R. Broccoli y aparecía el inefable Benny Hill en el papel de un juguetero.

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Motivos para prohibirla: Detención ilegal.

Junto a las desasosegantes canciones “Dulces Pitos” y “Mi buen bambú”, aparece uno de los personajes más terroríficos vistos en una película infantil: el cazador de niños. El amanerado y siniestro hombre de los caramelos estaba interpretado por Robert Helpmann, en el papel de un funcionario del reino de Vulgaria encargado de la detención de todos los niños (la reina no los soporta) y su traslado a unas cuevas inmundas donde pasan penalidades. ¿Secuestro de niños? No tengo nada más que añadir, señor Juez.

Con información de Filmaffinity,  Viruete.com y Manuel Valencia, que prepara un documental sobre los 25 años de 2000 Maníacos y necesita tu aportacion en Verkami.

Jaime Noguera  quedó traumatizado a base de cine siendo un chaval y escribió España: Guerra Zombi.

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