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«Pepsi, no me Pipses»: La desigual lucha del refresco mallorquín Pep Lemon contra Pepsi

14 Oct 2016
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Iñaki Berazaluce

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En el rincón izquierdo Pep Lemon, una empresa mallorquina de apenas 2 años de vida y que despacha 118.000 litros de limonada al año. En el rincón derecho, PepsiCo, el gigante multinacional que factura 66.700 millones de dólares y que vende cada dos minutos el equivalente a toda la producción de su ¿rival? balear.

Un juzgado de Palma de Mallorca acaba de fallar a favor de Pepsi porque la marca española induce a confusión en el consumidor. El juez estima que un comprador puede liarse y en lugar de comprar su querida Pepsi decantarse por Pep Lemon en los escasos puntos de venta del refresco en su tierra mallorquina. La sentencia viene a concluir, más o menos, que “el consumidor medio es idiota”, según PepLemon.

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La sentencia obliga a Pep Lemon a cambiar su nombre, lo que “prácticamente supondría nuestra desaparición”, según nos cuenta Carme Verdaguer por teléfono. Pero los irreductibles mallorquines no van a doblar el espinazo ante el poder omnímodo de Pepsi: “nos ha costado mucho llegar hasta aquí y vamos a luchar”.

PepLemon fue el resultado de un concurso de ideas empresariales que ganaron sus fundadores, antiguos trabajadores de una productora audiovisual hasta que la crisis se llevó por delante la empresa. La idea genial de Peplemon fue dar salida a los cientos de toneladas de limones que se tiran cada año en Mallorca por no adaptarse a los estándares estéticos de las grandes superficies. Limones desperdiciados y un nombre de resonancias locales: Pep, diminutivo de Josep, el hombre de la calle. “En ningún momento pensamos en Pepsi. Si hablábamos de algún refresco siempre salía Coca-Cola”, recuerda Carme. Lo sentimos Pepsi, no eres taaaaan importante.

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Peplemon cayó en gracia entre los mallorquines y se convirtió en un éxito instantáneo. En marzo de 2014 empezó a venderse en unos cuantos puntos de venta y a día de hoy, y hasta el fallo (en el sentido amplio) del tribunal, coloca 120.000 botellas al año, una nimiedad para una multinacional pero todo un logro para una pyme que ni siquiera tiene una infraestructura propia: “Embotellamos en Carbónicas La Paduana, la última embotelladora que queda en la isla, y el zumo de los limones lo exprimen los miembros una fundación con personas con discapacidad”.

El éxito del refresco de limón les hizo aventurarse a otras gamas de producto, y ahí es donde se toparon con los abogados de Pepsi: “Quisimos registrar Pep Orange y Pep Tonic, y fue en ese momento cuando Pepsi se nos opone. Fuimos con un poco de ingenuidad para explicarles que Pep era un nombre local, que no éramos competencia [el refresco de cítricos de PepsiCo es KAS], pero nos encontramos con otra realidad: una ley hecha a la medida de las multinacionales, y una multinacional que no puede permitirse perder este ni otro juicio, porque eso sentaría un precedente en todo el mundo”, explica Verdaguer.

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Mercé Armengol, Cristoph Hafmen y Carme Verdaguer. Imagen: Economía de Mallorca.

Lucha por tierra, mar y aire

La lucha del David de los refrescos contra Goliat se está llevando a cabo por tierra, mar y aire. Por tierra, Pep Lemon recurrirá la sentencia ante el Tribunal Supremo. Por mar, internet se ha volcado con pósteres de contra-publicidad denunciando el atropello de Pepsi. Finalmente, por aire, se han recogido casi 2.000 firmas en Change.org para pedir a Pepsi (de buen rollo) que cese las hostilidades, mientras en Twitter los hashtag #JoSomPepLemon y #PepsiNoMePipses apoyan a la empresa mallorquina.

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La conclusión de los impulsores de Pep Lemon no puede ser más negativa: tras vencer en un concurso de ideas empresariales se encuentran con un mercado que dista mucho de ser libre y que protege los oligopolios. “Te queda la sensación de que esto es un timo”, reflexiona lacónica Carme.

Las ilustraciones están cogidas de la página web de Peplemon. Puedes estampar tu firma en Change.org. Entrevista con la fundadora (antes de que pintaran bastos) en El Mundo.

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