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“¿Quieres combatir el calentamiento global? No tengas hijos”

05 Dic 2016
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Iñaki Berazaluce

poblacion

Ilustración: The Guardian.

Pueblos del mundo, extinguíos.
Dejad que continúe la evolución.
Esterilizad a vuestros hijos,
juntos de la mano hacia la extinción.

Siniestro Total

Si ya has visto el apocalíptico (pero un tanto optimista) documental de Leonardo di Caprio sobre el cambio climático, deberías saber que cada vez que te despiertas y enciendes la luz tú también estás poniendo tu granito de arena para que el planeta se vaya al guano.

Desplázate en bicicleta, no cojas aviones, no comas carne roja o, mi favorita de los últimos tiempos, no consumas agricultora ecológica, como plantea provocativamente New Scientist. Y, por descontado, si quieres tener hijos “adopta a alguno de los 19 millones de niños huérfanos que ya hay por el mundo”, como plantea sin ambages el bioético Travis Rieder en un provocador y bien documentado nuevo libro:

“Hay 19 millones de huérfanos adoptables en el mundo, y hay un cambio climático catastrófico en el horizonte. Contribuir con un niño al mundo empeora el cambio climático, y si no empezamos a actuar ya, podría ser un panorama bastante malo para el propio niño”, afirma Rieder en una entrevista con Bloomberg.

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Evolución de la población mundial y las emisiones de CO2. Fuente: World Climate Report, 2008.

La ecuación del estudioso y su equipo es simple: existe una relación lineal entre el aumento de la población y el de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto se debe a que no estamos dispuestos a reducir nuestro nivel de confort e, incluso si los más concienciados de nosotros, llegara a hacerlo se pondría en marcha ese nefando mecanismo conocido como “paradoja de Jevons”: Cualquier aumento en la eficiencia de un recurso provocará no la disminución, sino el incremento del uso de ese recurso.

Así las cosas, Travis Rieder se atreve a utilizar un término que a muchos les sonará a eugenesia: ‘Ingeniería de población y la lucha contra el cambio climático’, como se titula un trabajo académico que recoge los puntos principales del libro ‘Toward a Small Family Ethic’:

“Al procrear no sólo estamos creando una nueva persona que emitirá gases de efecto invernadero sino que además esa persona puede procrear a su vez (…) Si reducimos las tasas de natalidad hasta las proyecciones de “baja fertilidad” de la ONU supondrá una reducción anual de 5.100 millones de toneladas de carbón para 2100”.

Naciones Unidas contempla tres escenarios de población para esa fecha: en el de “baja fertilidad” la población se reducirá 1.000 millones de individuos, hasta los 6.000 millones de personas. En el escenario “medio” (el más probable, sin “ingenería poblacional”) superará los 10.000 millones y en el alto alcanzará los 16.000 millones, nada menos que la suma de los dos anteriores. Una catástrofe sin paliativos, y no sólo respecto al clima del planeta: los ecosistemas y recursos frágiles como el agua dulce no podrán soportar tal avalancha de bocas:

“La demanda de alimentos aumentará un 50% en 2050, impulsada por el crecimiento de la población y el consumo per cápita. Hoy en día dedicamos el 40% de la tierra emergida y e 70% del agua potable a la agricultura”, ¿de dónde va a salir el alimento restante?, se pregunta Stephen Emmot, autor del libro ‘Ten billion’, sobre la bomba demográfica.

Para llevar a cabo esta “ingeniería poblacional”, Rieder plantea un abanico de políticas más o menos coercitivas aunque -aclara- “nunca deberíamos violar derechos humanos básicos, forzando la esterilización o el aborto”. Esto ya lo hicieron los nazis y, antes que ellos Estados Unidos hace un siglo, aunque no por motivos ecológicos sino supremacistas: había que eliminar a los “débiles mentales” (incluido el subconjunto de los negros, claro) para formar una sociedad mejor.

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Futuros emisores de gases contaminantes.

Prefiero acabar esta digresión con una nota optimista, la que expresa el líder de la secta raeliana en la novela ‘La posibilidad de una isla’, de Houllebecq:

“El único proyecto de la humanidad es reproducirse, continuar la especie. Por obvio que sea que se trata de un objetivo insignificante, lo persigue con un encarnizamiento atroz. Por mucho que los hombres sean desgraciados, terriblemente desgraciados, se oponen con todas sus fuerzas a lo que podría cambiar su suerte; quieren hijos, hijos semejantes a ellos, para cavar su propia tumba y perpetuar las condiciones de su desdicha. Si se les propone un cambio, un camino distinto, hay que esperar unas reacciones de rechazo feroces».

Visto en Bloomberg. Con información de Wikipedia, Yorokobu y The Guardian.

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