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Dos primos hindúes que se dirigían a Valladolid aparecen en Badajoz

04 Dic 2016
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Luis Landeira

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Ya decían los electroduendes que “los caminos del Señor son inescrutables, a veces a Dios se le cruzan los cables”. Y otra prueba más de que, a menudo, más que un orden cósmico, parece que reina un caos patatero, es lo que les ha pasado en Valladolid o, mejor dicho, en Badajoz, a un par de primos procedentes de la India.

Según informa el prestigioso diario extremeño “Hoy”, dos hombres de origen indio, de 38 y 25 años de edad, que iban rumbo a un monasterio de Tordesillas han aparecido misteriosamente perdidos y desorientados en Badajoz sobre las 1.30 horas de esta madrugada.

Los individuos no sabían inglés, ni muchísimo menos castellano, y sólo se expresaban en un ignoto dialecto indio. Pero con el apoyo de la Policía Local, la ayuda divina y un bizcocho lograron ponerse en contacto con el convento de Tordesillas (Valladolid) en el que llevaban esperándolos varios días con creciente preocupación.

Este suceso ciertamente extraño pero con final feliz, que nos trae a la cabeza la afamada y entrañable sitcom “Primos lejanos”, ocurrió durante una oscura noche de finales del pasado mes de noviembre. Eran alrededor de la 1.30 de la madrugada cuando la Policía Local fue informada de la aparición de un hombre que se encontraba perdido y desorientado.

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El desconocido se encontraba en un establecimiento de una céntrica avenida pacense, hasta donde rápidamente se desplazaron los agentes a bordo de un coche patrulla. Pero al llegar, comprobaron que el ciudadano indio, visiblemente nervioso, apenas balbuceaba en inglés palabras sueltas como «help». Estaba claro: aquel individuo de tez oscura necesitaba «ayuda». Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿para qué?

Los policías ya estaban a punto de tirar la toalla, cuando el más listo de ellos tuvo la feliz idea de investigar el teléfono móvil que llevaba encima el ciudadano indio. En él había varias entradas, pero sólo una se correspondía con un número de teléfono español. Al llamar, contestó un señor que decía conocer al propietario de ese teléfono. Sin embargo, el señor desconocía la razón por la que su conocido se encontraba en España, hasta que ¡bingo! creyó recordar que el susodicho tenía un familiar en un convento de Tordesillas.

Con suma pericia y no menos paciencia, el poli listo tecleó “convento tordesillas” en Google y le saltó un teléfono. Llamó. La intempestiva llamada despertó a las religiosas del convento, que solían retirarse muy temprano. Contestó una monja. La madre superiora, para más señas. Le dijo al policía que, en efecto, llevaban cinco días esperando a ese ciudadano indio y que, junto a él, debía haber otro ciudadano indio: su primo. Debían encontrarlo. Según anunció la superiora a los policías, ella y las demás monjas se pondrían a rezar ipso facto para que el primo perdido apareciera.

Tropecientos padrenuestros después, el acompañante del ciudadano indio fue al fin localizado en la estación de autobuses. Resuelta la paranormal incidencia, los policías metieron a los dos ciudadanos indios en un taxi, y lo enviaron a Tordesillas, donde fueron recibidos por las monjitas con gran alborozo.

Milagros, misterios, teleportaciones, acción policial, monjitas, ciudadanos indios… Seguro que si una cosa así pasa en Estados Unidos, algún avispado cineasta ya estaría rodando la película.

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