Strambotic

Noticias insólitas, bizarras e impertinentes

Juan Pablo de Carrión, el palentino que derrotó a los guerreros samuráis

25 Ene 2017
Comentarios

Compartir: facebook twitter meneame

Jaime Noguera

En 1582, un palentino de 69 años nacido en Carrión de los Condes se enfrentó, en las lejanas islas Filipinas y en inferioridad numérica, a los feroces piratas japoneses Wokou. Fue la primera vez en la historia en que soldados europeos medían sus espadas contra las katanas de los guerreros samuráis. En este singular (y poco conocido) episodio de la historia imperial de nuestro país, los invasores nipones probaron el acero toledano y no se quedaron con ganas de repetir.

Piratas y Ronin, una amenaza contra España

Aunque los wokou (que significa “bandidos enanos”, como se conocía a los japoneses) llevaban rapiñando por el sudeste asiático desde el siglo XIII, fue durante el XVI cuando se animaron a organizar operaciones de mayor envergadura. En 1574, un pirata chino llamado Lin Feng intentó por dos veces tomar Manila, la capital del archipiélago español en el Pacífico, sin éxito. Aquel rosario de islas al sur del país del sol naciente tenía fama de ser rico en oro.

En 1580, según podemos leer en la obra de Emilio Sola Historia de un Desencuentro. España y Japón, 1580-1614 , fue un corsario japonés de nombre Tay Fusa (o Taizufú) el que se dedicó a forzar a los nativos filipinos a prestarle fidelidad y sumisión, al mismo tiempo que les pedía tributo o les vendía como esclavos. En Japón reinaba la anarquía debido a la guerra civil del periodo Sengoku y las filas de las bandas de piratas se nutrían de tropas de señores feudales muertos, desertores y samuráis sin dueño que optaban por dedicarse al pillaje ante la falta de otras salidas laborales más honrosas. Aquel bizarro filibustero nipón había fundado un asentamiento en Filipinas que iba camino de convertirse en una verdadera colonia que parecía retar a la corte de Madrid. Además, Tay Fusa había creado una flota que superaba cuantitativamente a la española, algo que forzosamente acabó alarmando a los prebostes del Imperio.

El 16 de junio de 1582, Felipe II recibió del gobernador general de Filipinas Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, una carta en la que se explicaba que el problema de la piratería ya pasaba de castaño oscuro.

“Los japoneses son la gente más belicosa que hay por aquí. Traen artillería y mucha arcabucería y piquería. Usan armas defensivas de hierro para el cuerpo. Todo lo cual lo tienen por industria de portugueses, que se lo han mostrado para daño de sus ánimas”.

No se podían permitir más incursiones de aquello vándalos. Era hora de tomar cartas en el asunto.

En busca del Rambo español

Su Católica Majestad necesitaba imperiosamente a alguien en la zona de conflicto que le dejase claro a los japoneses quién mandaba allí. En el casting realizado destacó un nombre: Juan Pablo de Carrión. Palentino, hidalgo y capitán de la Armada. Piloto en la accidentada expedición de Villalobos a Filipinas y uno de los componentes del histórico “Tornaviaje”, la ruta para cruzar el Pacífico desde Asia a América, parecía lo suficientemente curtido para cumplir la misión de expulsar a los piratas de los dominios Habsburgo en Asia.

No obstante, su expediente no era el más limpio: había sido acusado de bigamia por la inquisición, y de judaizante. Además, tenía 69 años, todo un anciano. Pese a ello, se impuso el pragmatismo imperial. Para expulsar a los wakou se necesitaba a un tipo duro y resuelto, sin mucho o nada que perder. Daba igual su edad o si había tenido dos o veinte esposas. Así que algún Coronel Truman ibérico tocó en la puerta de la casa del elegido para sacarlo de su dulce retiro.

Primera sangre

El carrionés se puso manos a la obra y en cuanto pudo pegó la primera guantada. Cañoneó un navío japonés en el mar de la China Meridional. La noticia llegó hasta Tay Fusa, que se tomó mal aquel gesto y salió al encuentro de los atrevidos nambanjin, los “bárbaros del sur” (así llamaban a los españoles y portugueses), con diez barcos armados hasta los dientes para darles lo que se merecían.

El viejo aventurero, mientras tanto,atacó con una flotilla compuesta por cinco embarcaciones, a un junco japonés que acababa de asolar algunas aldeas costeras filipinas, ensañándose con sus habitantes. Tras el intercambio de disparos entre la galera española “Capitana” y el bajel pirata, se pasó al abordaje y la lucha cuerpo a cuerpo. Fuego de falconetes, y cañones, el filo de las hachas y espadas contra los samuráis japoneses con sus armaduras, katanas y los arcabuces proporcionados por nuestros queridos vecinos lusos.

La superioridad numérica de los asiáticos estuvo a punto de darles la victoria, pero la estrategia de los españoles, que usaron técnicas de las que se empleaban en Flandes, consiguieron desarbolar la resistencia enemiga. Muchos de los japoneses en retirada se lanzaron al mar con la intención de llegar a nado hasta la costa, pero el peso de sus armaduras se lo impidió.

La Batalla de Cagayán

La flotilla española subió por el río Tajo, que así se llamaba el que fluye por la provincia de Cagayán, a casi 500 kilómetros al norte de Manila. Allí se enfrentaron a dieciocho barcos champanes enemigos. Los carpetovetónicos los dejaron atrás tras causar unas doscientas bajas a los piratas, según la Wikipedia. Carrión decidió entonces entablar la batalla final en tierra, por lo desembarcó en un recodo del río donde levantó una especie de trinchera fortificada protegida por los cañones descargados de las embarcaciones. Los piratas intentaron llegar a un acuerdo económico, ofreciendo a los españoles el retirarse a cambio de un pago en monedas de plata. Carrión no entendía de diplomacias y, como buen hombre de acción, dijo que nanai de la China (o del Japón) a sus oponentes.

Los nipones asaltaron la trinchera que ocupaban aquellos cuarenta españoles. Aunque las cifras varían, se estima que podrían ser unos seiscientos atacantes wakou. Hasta tres asaltos resistieron los hombres de Carrión entre el griterío, las explosiones y la sangre, perdiéndose diez vidas en las filas rojigualdas.

Casi sin pólvora y decididos a no sucumbir en aquel foso filipino, salieron de estas para  lanzarse en una desesperada carga banzai contras los nipones que, sorprendidos por la furia del contraataque, tomaron las de Villadiego (o su equivalente asiático) no sin sufrir cuantiosas pérdidas en su desbandada. El anciano palentino, contra todo pronóstico, había salido victorioso. La técnica militar europea y el acero toledano había derrotado a las katanas piratas. Japón no volvería a suponer una amenaza contra Filipinas hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando estas islas llevaban sin ser españolas medio siglo.

¿Y qué pasó con Carrión?

Juan Pablo, pese a su avanzada edad, llevó a cabo también empresas más pacíficas, como fundar en el Cagayán el municipio de Nueva SegoviaLal-Lo en la actualidad. Sus pasos se pierden luego en las nieblas de la historia, pues se desconoce el lugar, el año ni el escenario de su muerte.

BONUS TRACK. La gesta de Cagayán, en comic

Todo lo que os contamos en este artículo y mucho más aparece en el comic Espadas del Fin del Mundo”, del guionista Ángel Miranda y el dibujante Juan Aguilera. La mayoría de las ilustraciones que has visto en este artículo pertenecen a esta obra de arte secuencial, publicada gracias a un crowfunding en Verkami, en el que recaudó cinco veces la cantidad que sus creadores solicitaban. Este volumen, que desvela hechos y personajes desconocidos anteriormente, acaba de agotar los 2000 ejemplares de su primera edición. Esperamos pronto una segunda.

Atentos al booktrailer.

Con información de Historia de un Desencuentro. España y Japón, 1580-1614, de Emilio Solá, la sempiterna Wikipedia y el comic Espadas del Fin del Mundo de Ángel Miranda y Juan Aguilera. 

Jaime Noguera  es samurái venido a menos y autor de España: Guerra Zombi.

Síguenos en Facetrambotic y en Twitterbotic!

Probablemente tampoco te interese:

El plan de EEUU para invadir Canarias y convertirlas en un nuevo Puerto Rico

Parecidos razonables: El delirante álbum del político hispano y su doble animal

Espeluznantes fotos de parejas que te empujarán al celibato