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Los soldados de la División Azul vieron platillos volantes en los cielos de Leningrado

22 Feb 2017
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Jaime Noguera

Antes de Canal Historia nos comiese la olla con los ancient aliens, antes de que Will Smith se liase a mamporros con un extraterrestre invasor, antes de que Jiménez del Oso nos acostumbrasen a cenar sucesos paranormales, en plena Segunda Guerra Mundial, un grupo de soldados españoles formado por fascistas convencidos y republicanos ansiosos por lavar el expediente se enfrentó a los misteriosos platillos volantes. Y eso, en mitad de la batalla más sangrienta que vivió la conocida como «División Azul» en el frente ruso. ¿Qué sucedió en Leningrado? ¿Qué vieron realmente aquellos hombres? ¿Un arma secreta? ¿Una alucinación producida por la fatiga de combate? ¿Extraterrestres?  ¿Les habían echado algún agente de Stalin drogaína en el vodka?

10 de febrero de 1942: Krasny Bor, arrabales de Leningrado (hoy San Petersburgo). La poderosa artillería soviética ha despertado de madrugada a los 5.900 españoles de la División Azul que intentan, a duras penas, no congelarse a 25 grados bajo cero en las trincheras del frente más terrible de la Segunda Guerra Mundial. Tras la intensa lluvia de acero y fuego, 40.000 soldados y 100 tanques del Ejército Rojo se lanzan como una apisonadora hacia lo que queda de las posiciones del general Emilio Esteban Infantes, un antiguo compañero de Francisco Franco en la Academia de Infantería de Toledo.

Según la Wikipedia, para cuando la batalla ha terminado, a pesar de haber contenido contra todo pronóstico la feroz ofensiva soviética, 4.000 de los ibéricos habrán pasado a ser una cifra más de la cuenta de bajas. Entre ellos, 300 hechos prisioneros por sus odiados comunistas y que tardarán más de una década en volver a pisar tierra española. Todo ello, con el agravante de ser cómplices del criminal cerco hitleriano a una ciudad en la que mueren un millón de civiles, una gran parte de ellos de hambre.

Platillo volador a la vista

En algún momento de los encarnizados combates, relata el libro Encuentros con humanoides de Antonio Ribera (Planeta, 1942), uno grupo de soldados que se refugiaba en algún tipo de búnker, trinchera o en uno de los cráteres causados por los obuses rusos, reparó en que algo extraño sucedía a muchos metros sobre sus cabezas.

“Todos pudieron contemplar una ‘nave en forma de disco’ que se quedó parada sobre los aviones de combate, como un observador de lo que estaba ocurriendo. Después de un largo tiempo esta nave desapareció a gran velocidad.”

La web de ACTA (Autores Científico-Técnicos y Académicos) habla sin embargo de “un ovni con forma de barril, sobrevolando el campo de batalla.”

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Un gallego, el primer ufólogo

Uno de los testigos de aquel avistamiento en territorio de la URSS, informa Adiantegalicia, era un gallego apasionado por la ciencia llamado Oscar Rey Brea, que se había escapado de casa tras estudiar Bachillerato para alistarse voluntario en la División Azul. Sobrevivió en Krasny Bor a la Operación Estrella Polar soviética y meses después, gracias al conveniente cambio de chaqueta de Franco (que ya se olía la victoria de los aliados) pudo volver a la soleada España junto a sus compañeros.

Rey Brea quedó marcado por aquel encuentro cercano en la primera fase y decidió crear un diario en el que haría seguimiento de fenómenos similares. Sin saberlo, se convirtió en un ufólogo, incluso antes de que la misma ufología existiese.

En 1945, sus padres vieron un objeto similar al que él observase en Rusia, pero más al sur: en La Coruña. El ex divisionario lo documentó, convirtiéndose en pionero mundial en esto de perseguir luces raras por el mundo.

No eran platillos, eran bumeranes

El término “platillo volante” no se acuñó hasta 1947, cuando el periodista Bill Bequette describió en un artículo y en estos términos a los extraños objetos voladores con forma de bumerán que el piloto civil Kenneth Arnold había avistado en el espacio aéreo del estado de Washington. Arnol había dicho en simplemente que volaban como «un platillo lanzado a través del agua». A pesar de la metedura de pata del periodista, los amantes de las supercherías y lo magufo, ayudados por Hollywood, convirtieron a la nave extraterrestre con forma de dos platos soperos, pegados por su parte más ancha, en icono de la cultura popular.

¿Arma secreta nazi?

Según La Voz de Galicia, los soldados que vieron al ovni en Krasny Bor, creyeron que se trataba de un arma secreta del Tercer Reich, pero los cazas a reacción alemanes o los cohetes V-2 no habían todavía entrado en acción, y menos en el frente ruso.

Aquel  verano de  1943 el ministro de propaganda de Hitler, Goebbels, mencionó por primera vez en una de sus soflamas radiofónicas a las Wunderwaffe o “armas maravilla”. Estas,  en teoría, estaban destinadas a garantizar la victoria de una Alemania desesperada y asediada por la feroz campaña de bombardeo de los aliados. 

Sin embargo, la única aeronave con apariencia de platillo volante fabricada por los germanos no apareció hasta 1944, cuando Esteba Infantes y sus hombres ya estaban de vuelta (desde hacía tiempo) en España. Se trataba del aparato experimental Sack-AS6, que por cierto resultó ser una ful de Estambul.

Los «cazas de fuego»

Curiosamente, los pilotos de los aviones que llevaban la destrucción a Alemania venían observando sobre los cielos de Europa, desde 1941, extrañas luces y objetos esféricos que aparentemente surgían de la nada, solos o en grupo, y que se dedicaban a seguirles sin entrar nunca en combate.

Eran conocidos como foo fighters, nombre surgido de una mala pronunciación de «feu«, (fuego en francés) unido a «fighter» (caza en inglés) queriendo significar caza de fuego, pues se pensaba que eran algún tipo de aeronave. Los alemanes y japoneses, que también los reportaban durante sus vuelos, pensaban a su vez que se trataban de armas secretas de los aliados.

La versión no magufa

Hoy en día, la teoría más aceptada sobre este fenómeno (que de hecho intrigaba sobremanera a las potencias en conflicto) es que los supuestos visitantes de otros mundos fuesen simplemente rayos globulares. Según la Wikipedia, un fenómeno natural relacionado con las tormentas eléctricas en la que la descarga del rayo común es persistente y puede moverse lenta o rápidamente…e incluso permanecer casi estacionario.

«-Venimos de Marte. -¿De marte de quién?»

Oscar Rey Brea fue uno de los primeros en asociar tecnología no humana a los Objetos Voladores No Identificados. En 1950 expuso en El Ideal Gallego la posibilidad de que fuesen de origen marciano. En 1954 declaró que había descubierto una relación entre las apariciones de platillos volantes y las épocas de mayor proximidad de Marte y la Tierra, teoría conocida como del “ciclo bienal marciano”. Esta afirmaba, como cuenta el libro de Moisés Garrido Vázquez  «Ovnis, del espacio exterior al espacio interiorque las épocas de mayores avistamientos de platillos volantes correspondían con las de mayor proximidad del planeta rojo, cada 26 meses.

¿Marcianos en Rusia?

¿Qué mejor país para el aterrizaje de los habitantes del planeta rojo que la Unión Soviética? La historia de las supuestas visitas de extraterrestres a Rusia incluye desde comunicación directa con platillos volantes a aterrizajes de robots gigantes. Como si las inteligencias superiores alienígenas no tuviesen nada mejor que hacer que recorrer el trayecto desde Marte, o desde una galaxia a millones de años luz (¡con lo cara que está!) para asustar a los pobres niños de la Perestroika. En España, como comentamos en un artículo anterior,  también nos hemos comunicado con OVNIs…y además en vasco.

Misterio sin resolver (y lo que te rondaré, morena)

¿Y si lo que vieron los divisionarios españoles era un dron retransmitiendo nuestra Segunda Guerra Mundial en directo a los implantes cerebrales de los marcianos, mientras estos comían palomitas, tan a gusto, en sus ciudades de las profundidades de nuestro planeta vecino?

Maldita sea, un momento. Creo que me he vuelto a equivocar de medicación

Con información de La Voz de Galicia, Adiantegalicia, ACTA , la Wikipedia  y los libros «Ovnis, del espacio exterior al espacio interior” y «Encuentros con humanoides».

La imagen de cabecera es un exquisito montaje de Javier Ramos, extraterrestre concupiscente en Agudeza Visual.

Jaime Noguera busca rollo con marcianas y es autor de la novela alienígena España: Guerra Zombi

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