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Pedro Vera: “Lo rancio y lo cuñao no entienden de ideologías, razas, sexos, religiones ni clases sociales”

27 Feb 2017
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Luis Landeira

Hazme caso, que te lo digo yo. Pedro Vera Gómez (San Pedro del Pinatar, Murcia, 1967) es el puto amo. Empezó de churumbel devorando viñetas de Ibañez, Richard Corben o Jack Kirby, y siguió de mocito con la línea chunga de Shelton, Óscar o Ivá. De tanto leer tebeos, que era usanza en esos tiempos, perdió el juicio y ya solo pudo decicarse a pintar monas él también, con un trazo mostrenco en el que latía un Crumb de Despeñaperros. Pero, eso sí, tan certero como El Roto.

 Con permiso de Ortega y Pacheco, la obra de Vera tiene un pilar fundamental: los Ranciofacts: hilarantes y escalofriantes historietas que plasman y satirizan topicazos, muletillas, usos, costumbres, perogrulladas, garruladas, expresiones casposas que quien más y quien menos ha pronunciado alguna vez. Publicadas en el semanario El Jueves, ambas dos series se han vendido como churros y, pese a quien pese, han convertido a su autor en un peso pesado de la cultura popular patria, en un saco de la risa que encierra a ese vocinglero cuñao que todos los españoles llevamos dentro. No te digo y te lo digo .

Con motivo de la publicación del tercer libro recopilatorio de sus Ranciofacts, titulado Rancio no, lo siguiente (Editorial Astiberri) un servidor de ustedes se armó de bizarra curiosidad y disparó a bocajarro unas preguntillas a este simpar antropólogo de lo celtibérico. ¡Arriba, al centro y p’adentro!

¿El verbo rancio es algo propio de los decadentes tiempos que vivimos o siempre ha estado ahí?

Se pierde en la noche de los tiempos, lo rancio nació con el ser humano. Seguro que el hombre prehistórico veía limpiar la cueva contigua y decía: “Vecina, cuando acabes de barrer la tuya sigues con la mía, jojojo”. Bromas aparte, hay casos documentados de gente que toleraba mal lo rancio.

Cito aquí a mi paisano, el periodista Juan Soto Ivars, a propósito de mi obra rancia: “Ni el cuñadismo ni su estudio son una cosa nueva. Flaubert se quejaba de las conversaciones sobre el clima o el estado de los caminos, y anunciaba que los tiempos venideros iban a ser de una vulgaridad insoportable. Porque Flaubert odiaba la ranciedad, como dejó claro en Madame Bovary, y era capaz de expulsar de su casa a un visitante que se pusiera a comentar lo mucho que llovía o lo difícil que resultaba encontrar buena carne en el mercado”

¿De dónde sacas las ideas para estos tebeos? ¿Vas por ahí con una libretita por si alguien suelta una expresión de este tipo?

Sobre todo de los medios de comunicación, de mi mismo y de mi entorno. También es justo decir que me ayuda muchísimo la comunidad tuitera y la de Facebook. Tuiteo algún ranciofact sobre un tema en concreto e inmediatamente se monta un brainstrorming muy guapo en las redes y me dan muchísimas ideas.

¿Qué sientes cuando te sorprendes a ti mismo soltando, sin darte cuenta, una expresión rancia?

Sinceramente, cuando se me escapa alguna a veces paso vergüenza. Pero bueno, desde que publico libros sobre esto pues quedo como Dios, porque la peña piensa, “joder, este tío es un fenómeno, no puede parar de crear”. Jajaja.

¿La expresión rancia solo se pronuncia en España o también allende nuestras fronteras? ¿Es exclusiva del castellano o se extiende a otras lenguas, como el inglés, el francés o el chino mandarín?

Es universal. Decía Buñuel que había un fino hilo que unía a los españoles con los rusos. Lo veo y subo a que ese fino hilo es una compleja tela de araña en la que estamos todos atrapados, sin fronteras. Cambiará la forma, pero todos somos rancios sin distinción. “Si eres mayor para trasnochar, eres mayor para madrugar”; pedir la cuenta haciendo como que escribes en el aire. Estos dos ranciofacts los he visto en Seinfeld, la sitcom de los 90. Además, me dejó doblado comprobar como una frase que sufrimos los dibujantes, también la padecía Jerry Seinfeld:

-(Guiño-guiño, codazo-codazo). “Ten cuidao con éste (refiriéndose a Seinfeld) que como te descuides te saca en un monólogo”.

Pues lo mismo nos ocurre a los dibujantes: “Cuidao, que este te saca en un comic”.

También me pasaron un recorte de prensa de los años 30 donde un periodista inglés se refería al fenómeno Serrano Suñer como “brother-in-lawism“. Acuñó lo de “cuñadismo” antes que nadie. Aunque aquí se le llamaba “el cuñadísimo”.

Cárdenas, Bertín, Arévalo, Carlos Lozano, Juan y Medio, Emilio Aragón, Manolo Lama, Pablo Motos son los reyes de lo rancio. ¿Me dejo alguno? ¿Quiénes les seguirían en un ranking de ranciedumbre verbal?

No puede faltar un político, reyes de la frase hueca y tópica, como Albert Rivera, todo un valor en alza, Pablo Casado, el mismo Pablo Iglesias… Inda, Carlos Herrera, y sangre fresca cuñada como la del ultra rancio Álvaro Ojeda o los cuñaoyoutubers Jorge Cremades y Dalas Review, que están cuñadizando-enranciando a las nuevas generaciones. El futuro rancio es prometedor.

Luego estamos los juntaletras de a pie que, voluntaria o involuntariamente, también ponemos nuestro granito de arena para divulgar lo rancio.

Absolutamente. De hecho, los primeros tuits que escribí en #ranciofacts eran sobre lenguaje periodístico rancio: “Marco Incomparable”, “La serpiente multicolor”, “La madrileña Puerta de Alcalá”, “La corrida más difícil de Ortega Cano”, “El partido más difícil de Johan Cruyff”, “Ánimo Schumi, esta carrera la vas a ganar”, “No pudo ser”, etc.

Se puede salir de ahí, amigos periodistas. En vuestras manos está no perpetuar esa pereza comunicativa, hay luz fuera del túnel rancio. No me vale la excusa de “para lo que me pagan…”. En el lenguaje oral, puede tener un pase, se te puede escapar una ranciada de estas; pero en el escrito, a sangre fría, con premeditación y alevosía, no tiene perdón de Dios escribirlas.

Desde la izquierda más recalcitrante se ha hecho una crítica al humor que se ceba con cuñaos y ranciofacts, diciendo que se trata de algo clasista, o la envidia del cultureta precario al macho alfa de toda la vida. ¿Cómo lo ves?

Otro tópico rancio y cuñao. “Superioridad moral” me achacan, cuando me duele la boca de decir en las entrevistas que la mayoría de las frases y comportamientos rancios que dibujo las digo yo, están inspiradas en mí. Que me río de mi mismo el primero, joder, que es un puto tebeo de humor (o eso intento) nada más, sin mayores pretensiones.

Habrá también mucho cuñao que se ofenda al verse reflejado en tus viñetas.

Todo cuñao tiene un sobrino de seis años que dibuja mejor que el autor de un chiste que le haya ofendido. Todo son risas hasta que te tocan lo tuyo.

El cuñadismo se identifica mayormente con personajes de lo que Umbral llamaba “la Derechona”, como el propio Bertín Osborne, pero luego los progres también caen en actitudes cuñadas. ¿Está lo rancio por encima de ideologías?

Lo rancio y lo cuñao no entienden de ideologías, razas, sexos, religiones ni clases sociales. Hay muchas expresiones rancias de izquierdas. “Disfruten lo votado” es brutal. O “Yo corrí delante de los grises”.

Pero normalmente lo rancio se asocia más al pueblo llano que a la aristocracia. Es más fácil imaginar a un currito que al Conde de Siruela subiendo a Facebook una foto de una caña y una ración de aceitunas junto a la frase “aquí sufriendo”.

No importa lo elaborado de la frase ni la riqueza del vocabulario ni si has ido a colegio de pago. Pueden ser tan rancios un duque o un marqués como un currito. Si me apuras, el engolamiento acartonado de la nobleza es un plus de ranciedad. Esos reportajes del Hola sobre las bodas reales, el merchandising rancio, las “puestas de largo”, el “llegó conduciendo su propio coche como un español más”. La nobleza en sí es rancia y anacrónica.

Por otro lado, se ha puesto tan de moda mofarse de lo cuñao, que nos encontramos ranciofacts hasta en la sopa.

Sí, todo el mundo quiere hacer chistes cuñaos, y no todos tienen gracia. Pero el cuñadismo o lo rancio es como cualquier otro tema, no hay que dejar de hacer chistes sobre esto porque esté de moda. Si se te ocurre algo gracioso, pues palante, con independencia del tema que toque.

En cualquier caso, si no utilizáramos expresiones rancias, ¿no sería todo mucho más aburrido? ¿Sobre qué harías tebeos? Es más, ¿seguiría España siendo España sin lo rancio?

Totalmente de acuerdo. ¡Si yo soy el primer fan de lo rancio! O de una parte al menos. Muchas de mis viñetas son a favor de lo rancio, me regodeo en el orgullo rancio, claro que sí. Hay ranciofacts que molan y que no quiero que desaparezcan nunca. Que no me quiten las películas de romanos en Semana Santa, que no desaparezca nunca la conversación sobre el tiempo en el ascensor (nos mataríamos si esto pasara), que no desaparezcan los bares de viejos, los ceniceros de Cinzano, las botellas de Cynar con telarañas, que no dejen de publicar la foto de Luís Enrique sangrando por el codazo de Tassotti cada vez que España juega contra Italia, que no se extingan los disfraces de enfermera sexy o de La naranja mecánica en carnavales, que no se apague nunca el “si hay camioneros, ahí se come bien”. Eso sí, el tradicional posado veraniego de Ana Obregón… podría vivir sin eso, ¿eh?

Por último, ¿qué podemos hacer las personas serias para escapar de este tipo de frases? ¿Hay algún antídoto? ¿Cómo convertirse en un ser puro que no dice nada rancio?

Be free con lo rancio. “Sé tu mismo”. “No cambies nunca”. “Déjate llevar”. Es de sentido común. Con ser consciente del contexto y la oportunidad, sobra. Hay expresiones que nos hacen llevadero el día a día, nunca desaparecerán y me parece genial. Otras merecen una colleja: “La vida es así, no la he inventado yo”, “Eso es como todo”… Yo no quiero que lo rancio muera, la vida sería un infierno; peor todavía, sería aburrida.

En fin, mil gracias por tus respuestas. Y un cordial saludo.

¡Hasta luego, Lucas!

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