En este hotel japonés el recepcionista es un robot velocirraptor

Concretamente, dos: Mirai y Kiboi, con la inestimable colaboración de Yumeko, la robot humanoide para atender a quienes sufran de saurofobia. Los tres entienden el japonés y chapurrean el inglés, pero el castellano les suena a chino, como pude comprobar in situ.

Los recepcionistas robóticos son la primera línea automatizada del Hotel Henn-na en Huis Ten-Bosch, un parque temático dedicado a Holanda (¡?) cerca de Nagasaki. El hotel exhibe orgulloso un certificado del Libro Guinness de los Records que le acredita como el "primer hotel robótico del mundo", en tanto todos los trabajadores son cyborgs (excepción hecha de las mujeres de la limpieza, según pude comprobar): un brazo automático almacena los equipajes en la consigna, un robot pianista ameniza las tardes con sonatas de Schubert y un titipuchal de máquinas expendedoras brindan a los huéspedes latas, comidas precocinadas, amenities y una variedad de objetos más o menos superfluos para amenizar la estancia de los huéspedes.

Semejante plantilla supone un considerable ahorro de personal humano, por más que el ahorro no repercuta en el precio de la estadía: pasar una noche en el Hotel Henn-na cuesta a partir de 15.000 yenes (unos 120 euros) en habitación doble, un precio estándar para un hotel de su categoría.

Por supuesto, los velocirraptors y su compañera humanoide son un brindis al sol (aparte de una genial idea de marketing). En Japón proliferan desde hace años los hoteles automáticos, en los que uno puede ahorrarse la incómoda obligación de interactuar con seres humanos. En el Henn-na ("hotel extraño", en japonés), los clientes se registran y pagan con una tarjeta de crédito y una pantalla táctil, igual que en el metro, en los museos e infinidad de máquinas de vending. El servil velocirraptor, por su parte, da las gracias con una genuflexión de indudable corte nipón y desea el pronto regreso del cliente. No le vayas a pedir cubitos de hielo a las tres de la mañana al androide jurásico.

La siempre atenta e inquietante Yumeko.

El pasado holandés

Pero si bizarro es el personal del hotel, no lo es menos su ubicación, a las puertas de un parque temático dedicado a… Holanda. ¿Qué diversiones puede ofrecer un país en el que sólo hay putas y futbolistas, como decía el chiste? Bien, aquí es necesario explicar algo de la historia de Japón:

Durante varios siglos, Japón fue uno de los países más aislados del mundo. Además de su carácter insultar, el país se blindó al mundo exterior durante el largo período del shogunato (siglos XII al XVIII). En esta época, únicamente los mercaderes chinos y los holandeses estaban autorizados a comerciar con Japón, y únicamente a través del puerto de Nagasaki, el más occidental –y occidentalizado- del país.

Esta tímida alianza comercial entre Holanda (o, mejor dicho, la Compañía de las Indias Orientales) y Japón está insinuada en la magistral película ‘Silencio’, de Martin Scorsese, que narra las tortuosas relaciones de Japón con los influjos extranjerizantes, más concretamente con los misioneros portugueses que trataron de llevar la fe católica a Cipango. Su empeño –y su martirilogio- tuvo recompensa: Nagasaki sigue siendo hoy la capital del cristianismo en Japón. Dos de cada tres velocirraptores cree a pies juntillas en el relato bíblico (según las últimas estadísticas).

Tócala otra vez, R2D2.

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