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Cuando los maoístas animaban a los conductores a saltarse los semáforos en rojo

27 Abr 2017
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Iñaki Berazaluce

 

Desde que se inventó el semáforo hace 150 años la luz roja siempre ha significado “parar”, una asociación cromática que se hace extensiva a las señales de STOP (o “PARE”, en algunos países latinoamericanos), que indefectiblemente son de color bermejo. La Convención de Señales de Tráfico de Viena (1968) establece que el “rojo significa parada”.

En la elección del rojo como señal de parada y el verde de vía libre no había ninguna motivación política. En 1868 aún quedaba medio siglo para que los comunistas rusos escogieran el color rojo para identificarse y luchar contras las huestes del zar. Desde entonces, el rojo se asocia en todo el mundo con el comunismo (con alguna anomalía: en Estados Unidos, el rojo identifica al Partido Republicano y el azul al Demócrata).

Por supuesto, China no es una excepción: el Partido Comunista Chino estuvo inspirado desde sus orígenes en los camaradas de la URSS, incluyendo el rojo pimentero como enseña y pabellón. Para los camaradas comunistas, el rojo representa el color del cambio.

Durante la llamada “Revolución Cultural” -que tuvo poco de cultural y mucho de escabechina- los Guardias Rojos se dieron cuenta de la enorme contradicción que suponía que el mismo color rojo que identificaba la revolución sirviera para detener el tráfico: el rojo, razonaban, no podía significar “parar” sino “progreso”, es decir: avanzar, de modo que llenaron los cruces con pósteres en los que animaban a los conductores –por suerte aún escasos en aquella época- a avanzar con los semáforos en rojo y detenerse en verde.

Imagen: CNN.

Ojo, que estamos hablando de una patulea de estudiantes de secundaria y universitarios que actuaban como guardia de corps de Mao Zedong, no de una ley de la “DGT china” de la época reemplazando el significado de los colores de los semáforos. Los Guardias Rojos actuaban en muchos cruces como guardias de tráfico ad hoc, animando a los conductores a saltarse los semáforos. El resultado fue el previsible: por convicción o por intimidación, unos conductores circulaban en rojo y otros en verde, desencadenando accidentes a gogó.

Para entender el maremágnum que se desencadenó en las ciudades (insistimos: escaso) chinas de los años 60, imagina un código de circulación extremadamente laxo que dejara al arbitrio de los conductores en cada calle, cruce o encuentro si circular por la derecha o por la izquierda. Uno de los grandes avances del género humano es dejar eso bien clarito desde el principio.

Visto el éxito de la iniciativa, los secuaces de Mao y la Banda de los Cuatro reorientaron sus esfuerzos a una tarea aún más insensata: exterminar a los gorriones, esos “enemigos egoístas del campesino revolucionario”. Pero eso es otra historia.

Visto en Now I Know. Con información de Errores Históricos, Wikipedia, Mental Floss y Old Strambotic.

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