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Cuando Rusia estuvo a punto de quedarse con Menorca y sustituir a la población por griegos

21 May 2017
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Jaime Noguera

Hoy Menorca podría ser un distrito federal ruso más (como Sajalín o Kaliningrado), la base principal de la Flota del Mar Mediterráneo de Putin y la meca del turismo jubileta del país más grande del mundo. Su sobrasada quizás habría estado presente en la mesa del mismísimo Stalin, o, con la coca (el dulce), haber formado parte de la dieta de los soldados que ocuparon el Reichstag berlinés. Mahón podría ser Mahongrado y la bebida más popular de la isla, el Vodka Xoringuer.

¿Cómo es posible? A finales del proceloso siglo XVIII, la hermosa isla estuvo a punto de ser entregada al Imperio Ruso. Y no por los españoles, precisamente.

“Cambiamos Menorca por un Borbón en el trono”

Si se te daba bien la asignatura de historia en el instituto (y si no, ya te lo contamos nosotros) en 1708, durante la Guerra de Sucesión Española, una flota angloholandesa al mando del almirante inglés John Leake se apoderó de la isla de Menorca. El dominio británico sobre la isla, que debía ser aparentemente temporal, se firmó como permanente en el Tratado de Utrech de 1713.

Era una de las exigencias territoriales (junto con Gibraltar) que los hijos de la Gran Bretaña habían hecho (en negociaciones secretas) al rey francés Luis XIV a cambio de reconocer como rey de España a su nieto Felipe V. Que la integridad territorial de España no arruinase los intereses de los Borbones.

Gibraltar y Menorca a cambio de este Felipe de Borbón

Cien años de British Menorca 

Los ingleses se quedarían en la isla balear casi un siglo. Durante este periodo, los menorquines  serían testigos de un importante impulso británico de la economía de la isla. Mahón (nueva capital de la isla en detrimento de Ciudadela), se convirtió en un centro comercial y de contrabando de primer orden en el Mediterráneo.

Un claro ejemplo de promoción de la pequeña empresa durante este periodo es que, en 1778, al comienzo de una nueva guerra contra las Monarquías borbónicas de Francia y de España, el gobernador inglés James Mostyn concedió patente de corso a 56 embarcaciones menorquinas que, artilladas hasta los dientes, hicieron su particular agosto capturando 236 navíos enemigos.

Sin embargo, pese a la importancia estratégica que tenía la ínsula para el control del Mediterráneo occidental y a la pujanza de su economía, los britanos no dudaron en ofertar Menorca como dote a otra nación extranjera cuando vieron otros de sus dominios, más jugosos, peligrar.

“¡Maldita escoria rebelde!”

Sucedió durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775 y 1783), cuando las 13 colonias del Imperio británico en Norteamérica se levantaron en armas para liberarse del control de Londres.

Esta guerra resultó no ser popular en Inglaterra.  Como señala el Journal of The American Revolution, el proceso de reclutamiento de tropas era lento y complicado, así como el entrenamiento de la carne de cañón destinada a ser enviada al otro lado del planeta. Con tal dificultad para encontrar hombres que enviar a defender los intereses de la corona británica, se intentó contar con tropas de otros países. Así, en 1775, el Secretario de Estado del Departamento de América, Lord William Legge, se puso en contacto con el gobierno imperial de Rusia. El país eslavo, dirigido por Catalina la Grande, tenía gran número de tropas disponibles, y además entrenadas en el combate, pues acababan de derrotar al ejército turco (1768-1774).

La emperatriz rusa se hizo la sueca y aseguró a Legge que tenía intención de apoyar al monarca inglés. Pero de las tropas no dijo ni mu. El britano entonces hizo una petición más concreta: 20.000 soldados. Catalina, presionada por Federico de Prusia, se opuso a entregar ninguna ayuda y escurrió el bulto diciéndole al enviado de su Graciosa Majestad que “deseaba que se alcanzase pronto la paz”. Ea, como las candidatas a Miss Mundo.

“¿Y si le ofrecemos Menorca a los rusos?”

Los ingleses, pueblo de tenderos y comerciantes, temiendo perder sus colonias americanas, decidió ofrecer a Rusia (que históricamente buscaba puertos cálidos y una salida al Mediterráneo) algo a cambio de un apoyo que les proporcionase la victoria contra las tropas de George Washigton.

El diplomático James Harris, enviado especial a San Petersburgo, dejó nota de la oferta en el volumen ‘Diaries and Correspondence of James Harris, First Earl of Malmesbury; containing an account of his missions to the courts of Madrid, Frederick the Great, Catherine the Second, and the Hague, and his special missions to Berlin’, (publicadas por su nieto casi treinta años después de su muerte, en 1844). En 1775 ,  Menorca se convirtió en moneda de cambio.

“Sugerí la idea de entregar Menorca a la Emperatriz, porque, como era evidente para mí que en la paz debíamos obligarnos a hacer sacrificios, me parecía más sabio hacerlos a nuestros amigos que a nuestros enemigos.”

“Fuera los menorquines, queremos a Zorba el griego”

En el lado ruso, Grigori Potemkin, estadista, militar y amante de la reina, se entusiasmó con la oferta y,  como indica ‘Historia general de España y América, Volumen 10′ (obra de Luis Suárez Fernández, Carlos E. Corona Baratech y José Antonio Armillas Vicente),  planteó a la soberana que rusificar la isla no sería demasiado complicado.

Sustituida la población autóctona por emigrantes griegos y construido un gran astillero en la rada de Mahón, la Flota del Mar Negro tendría una base avanzada en occidente”

Sin embargo, Potemkin no se salió con la suya y los menorquines hoy día no bailan el sirtaki ni apoyan mayoritariamente al Panathinaikos FC. En 1778, la emperatriz terminó desechando la oferta de James Harris .

Entregar Menorca para no perder América

James Harris dejo escrito que  sospechaba que la negativa de la zarina podía deberse a presiones desde el Imperio Austríaco, capaz de hacer todo por debilitar a Rusia, aunque la diplomacia española y francesa también influyeron. Por otro lado, los intereses rusos parecían centrarse en conseguir una salida al Mediterráneo a través de futuras invasiones de territorios del Imperio Otomano.  Los años pasaron y la situación en América se fue haciendo más complicada para la pérfida Albión.

En enero de 1781, describe Andrew Stockley en ‘Britain and France at the Birth of America: The European Powers and the Peace Negotiations (1782-1783)’ (editado por la Universidad de Exeter), el gobierno británico volvió a ofrecer Menorca a los rusos, a cambio de que estos abandonases su política de “neutralidad armada” ( la nación ortodoxa vendía armas bajo cuerda a los rebeldes al mismo tiempo que le ponía buena cara a los ingleses) y apoyase a Gran Bretaña en la guerra contra los independentistas. Según la edición en español de la web RBTH, Catalina II rechazó entonces definitivamente la oferta británica espetando: “La novia es demasiado buena para ser obediente”. Según esto, la novia (Rusia) se tenía en demasiada alta estima para sentirse atraída por las ofertas de los británicos.

Menorca vuelve a España

El 27 de marzo de 1802, según lo estipulado en el Tratado de Amiens, España recuperó la soberanía sobre Menorca, a cambio de entregar a los ingleses la isla caribeña de Trinidad. El catalán dejó de ser la lengua oficial para serlo el castellano; fue suprimida la libertad de comercio y Mahón dejó de ser un puerto franco. Al desaparecer la flota británica de la isla volvió la amenaza de los piratas berberiscos del norte de África.

A pesar de todo esto, en Menorca se celebra  a cañonazos el aniversario de la firma de este tratado.

¡Un momento! ¿Y si…?

Imaginemos que una Menorca rusa hubiese sobrevivido a una invasión napoleónica. Sin duda, como al volver a la soberanía española, habría perdido sus instituciones de autogobierno.

Eso sí, gracias a su clima, como Crimea, habría sido probablemente uno de los lugares favoritos de los zares para veranear. Nicolás II, un amante del pollo asado habría disfrutado de lo lindo con el pollo al a’st y hubiese sustituido sin duda su vino favorito, el Château d’Yquem por un Muscat Dulce Binifade. ¿Habría paseado el zar con avarcas menorquinas en los pies, o (pese al calor) pondría de moda las válenki en la isla?

¿Hubiese sido “bolchevizada ” Menorca rápidamente en tiempos de la revolución, o habría sido un reducto de la Rusia Blanca? ¿Habría entrado en la URSS como la República Socialista Soviética de Menorca? ¿Se habría involucrado más Stalin en la Guerra Civil Española tras verse amenazada su posición más valiosa en el Mediterraneo, al estar rodeada de ínsulas franquistas? ¿Habría enviado antes a la población local a los gulags de Siberia para sustituirla por rusos de pura cepa y así sofocar todo futuro hálito independentista? ¿O de eso se habría encargado ya siglos antes Potemkin?

¿Hubiese ordenado Hitler un desembarco, desde Francia, enmarcado en la Operación Barbaroja? ¿Habría optado la División Azul por luchar en este frente en lugar de en el de Leningrado?

¿Quedaría alguna comunidad menorquina en Uzbekistán o Kirguistán, soñando con volver a ver el mar, su mar, algún día?

Bandera de la República Socialista Soviética de Menorca.

Gorbachov habría aprovechado sin duda su ubicación geográfica para celebrar allí alguna cumbre con Ronald Reagan, de no haber estallado antes una Tercera Guerra Mundial cuando Kruschev instaló rampas de lanzamiento de misiles nucleares en la isla.

¿Y Menorca sin menorquines?

Carteles en cirílico, misas ortodoxas, el catalán menorquín aparece en los libros de historia, como la bandurria. En las fiestas populares suenan las balalaika.

Hordas de enrojecidos turistas moscovitas y peterburgueses llegan en los Tupolev de Aeroflot al aeropuerto  ‘Grigori Potemkin’ de Менорка.  Aunque gozan tostándose al sol, pocos de ellos se bañan en sus aguas, contaminadas por la radiación del pecio de algún submarino soviético, pero los que se atreven a remojarse lo hacen bien empapados en vodka, que es mano de santo contra la radiación.

Putin hace el cuñado, En una entrevista en su residencia local de Cavalleria dice al periodista inglés que si España aspira a que se le devuelva la isla, que antes entreguemos Ceuta y Melilla a Marruecos.

“Menorca es tan rusa como Gibraltar británico”, asegura con media sonrisa y mirada de tahúr. Luego se sirve, con parsimonia, un vodka amb llimonada.

Con montajes fotográficos obra de Daniel Luque Martín e información de Journal of The American Revolution,  RBTH , la Wikipedia y los libros ‘Diaries and Correspondence of James Harris, First Earl of Malmesbury; containing an account of his missions to the courts of Madrid, Frederick the Great, Catherine the Second, and the Hague, and his special missions to Berlin’ y ‘Britain and France at the Birth of America: The European Powers and the Peace Negotiations (1782-1783)’.

Jaime Noguera , que acepta invitaciones para conocer Menorca, es autor de  España: Guerra Zombi.

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