¿Cuáles son las tribus urbanas más ridículas del siglo XXI?

Rockers, mods, heavies, punks… Como los lectores más avispados ya sabrán, las mencionadas son tribus caducas, de las que solo quedan especímenes viejunos, por no decir terminales, y un relevo generacional timorato y descafeinado.

Sin embargo, la gente joven aún necesita distinguirse de sus mayores. De hecho, lo necesitan más que nunca en esta época en la que hasta los ancianos hablan, visten y se comportan como adolescentes, dando lugar a una subespecie (los «viejóvenes») que se multiplica día a día. Por eso, hoy por hoy hay más tribus que nunca.

Ha llegado, pues, el momento de hacer recuento de las tribus urbanas más ridículas del siglo XXI. ¿No sabe usted de qué demonios va disfrazado su hijo? No desespere: busque en esta lista, compare y podrá clasificarlo y descalificarlo con fundamento: “¡Cani, que estás hecho un cani! ¡Sinvergüenza! ¡Si te viera tu abuelo, que en gloria esté, te corría a bastonazos!”

Swaggers

Se trata de individuos e individuas insultantemente jóvenes: millennials puros, muchos nacidos en pleno siglo XXI. Y las pintas son literalmente un poema: lo cani se funde con lo rapero y lo fashion en un Cristo de dimensiones cómicas: pantalones ajustadísimos ellos y microshorts ellas, tatuajes hasta en el blanco de los ojos, tupés inmensos con zonas rapadas ellos y permanente choni ellas, mariconeras de marca…

No se trata de una tribu urbana que se oponga al Sistema, sino todo lo contrario: comulgan con el turbocapitalismo, se reúnen en los Apple Stores y tienen adicción a los móviles, a los selfies, al McDonald’s, a la droga, a las redes sociales y a las bebidas energéticas. Escuchan trap, regueton y lo que les echen, siendo sus artistas fetiche PXXR GVNG, Tyga, Drake, Big Sean o Pimp Flaco.

RIDICULÓMETRO: 93%

Emos

Los lectores más temerarios, aquellos que frecuenten el Parque del Oeste en Madrid y otras zonas más o menos verdes, se habrán fijado que por ahí pululan grupúsculos humanos menores de edad, con pelos teñidos de azabache o violeta, flequillos tapando ojo, trapos negros combinados con otros chillones, pantalones pitillo, zapas Vans y horribles camisetas con nombres de grupos como My Chemical Romance, Sleeping With Sirens, Evanescence, Panda

¿Que quiénes son esos chalaos? Pues los emos. Una indigesta mezcolanza de los estilos gótico, punki, skater, grunge y rockabilly. Originalmente eran fanses de Tim Burton y simulaban ser personas taciturnas y avinagradas, pero ahora ya no se cortan y hasta se ríen. En cualquier caso, da pena verlos.

RIDICULÓMETRO: 75%

Normcores

¿Puede haber algo más ridículo que convertir la presunta “normalidad” -si es que tal cosa existe- en una tribu urbana? Pues va a ser que no. Pero es lo que tiene vivir en un siglo aberrante: en las grandes urbes, la omnipresencia de adefesios ha llegado a tal punto que para llamar la atención hay quien se viste de forma anodina y gris. Los normcores, les llaman. Usan pantalón chino, camiseta o polo de algodón sin marcas ni mensajes, camisa Lefties, vestido Alcampo, calzado Decathlon… y a correr. El normcore parece sencillo pero es terriblemente pretencioso: se cree tan guay que piensa que tiene todo el derecho del mundo a ir hecho un Adán.

La peculiaridad de esta tribu es que no tiene una edad concreta. De hecho, se dice que la piedra fundacional de la cultura normcore fue la serie pureta Senfield. Y el Dios del normcore sería Steve Jobs y su profeta, Mark Zuckerberg. En España también hay devotos del normcore: ahí están Pablo Iglesias o Chayo Mohedano.

RIDICULÓMETRO: 42%

Cosplayers

Mutación nipona del friki, el cosplayer suele tener entre 13 y 25 años, vive en una gran ciudad y su obsesión con la cultura pop amarilla alcanza tales cotas que se llega a disfrazar de personaje de dibujo animado, manga o videojuego japonés, tipo Naruto o Son Goku. Esta tribu nació en Japón en los años 70, luego saltó a Estados Unidos y por fin al resto del mundo.

A España el rollo cosplayer no ha llegado hasta fechas más recientes, pero, eso sí, con grotescos resultados: ¿quién no se ha cruzado con un chaval obeso y aceitunado embutido en un disfraz casero de Pokémon y ha tenido que reprimir las risotadas?

RIDICULÓMETRO: 100%

Canis

Chandal, bisutería dorada, zapatillas, gorras, peinado cenicero, cejas cortadas, tatuajes talegueros… Los canis, quillos, burracos, majolillos, turros o anganos constituyen una tribu autóctona que existe desde los albores de la democracia española, pero ha adquirido especial relevancia en los últimos tiempos gracias a programas como ‘Hermano Mayor’, a la plaga de música flamenquita y neorapera (ahí entraría Jarfaiter) y al desplome de las clases medias.

En realidad, el cani es un payo chungo, un chaval de extrarradio que odia a los pijos y a veces practica una delincuencia de baja intensidad: menudeo de drogas, pequeños hurtos, etc. Últimamente está tan de moda ir de cani, que no es raro ver a niños bien travestidos de esta guisa. Pero hay una prueba infalible para descubrir la autenticidad de un cani: si lo miras mal, te raja.

RIDICULÓMETRO: 93%

Muppies

Allá por 2015, cuando el hipster ya estaba completamente quemado, apareció la figura del muppie, que viene a ser un hipster pero todavía más cretino y políticamente correcto. Lo que es el look, sigue siendo afeminado, urbanita y ñoño, pero menos desaliñado que el del hipster: una perillita por aquí, una gafita de pasta de mil pavos por allá, un sombrerito de 500 por acullá….

El muppie es nativo digital, pues tiene entre 25 y 35, ha crecido con la Play, es adicto a instagram, colecciona cacharros Apple, practica mucho running, se pone muchas apps, hace muchos masters , come mierda vegana y dice muchos palabros en inglés. ¿Y de dónde saca la pasta? Eso da igual, pues siente pasión por su extraño trabajo (community manager, personal shopper), y no le importa ganar dinero sino sentirse realizado viviendo de sus padres. Vamos, justo lo que quería el establishment ese: un muñeco consumista lleno de adicciones caras y ajeno a la realidad.

RIDICULÓMETRO: 69%

Visuals Kei

En las antípodas del normcore, los visuals son quizá la tribu urbana más extravagante de nuestros días. Andróginos, poliamorosos, maquillados como puertas (ambos sexos), con peinados disparatados y vestuarios de mamarracho, su estilo tiene su origen en grupos de heavy y glam japoneses como Visual Scandals o X, aunque sus antepasados más directos son occidentales como Sigue Sigue Sputnik o Loco Mía.

No se trata de una tribu demasiado numerosa, puesto que hace falta mucho valor  para ir por la calle de esa guisa. Pero cada vez son más en nuestras ciudades y, ¿quién sabe? Puede que el día de mañana todos los jóvenes sean así. ¿A que da miedo?

RIDICULÓMETRO: 98%

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