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Guía práctica: cómo quitarte el ‘Despacito’ de la cabeza de una vez por todas

05 Jun 2017
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Iñaki Berazaluce

Hay canciones pegadizas y luego está ‘Despacito’, que juega en otra liga. Que yo recuerde, es la primera canción que se me metió en la cabeza sin haberla escuchado ni una sola vez. ¿Cómo? Ni idea. Supongo que tiene que ver con los campos mórficos, el centésimo mono o alguna mierda de ese calibre, pero lo cierto es que llevo canturreando la “obra maestra” de Luis Fonsi desde hace un par de meses y no me consta haberla escuchado más que una vez: el pasado fin de semana, en un chiringuito de playa del que huimos espantados al sexto reaggeton, tras concluir que la selección musical buscaba precisamente fomentar la rotación del público.

Los idiomas inglés y alemán tienen una palabra para definir esa canción que se te mete en la cabeza, convirtiéndose en la indeseable y perpetua banda sonora de tu vida: earworn/ohrwurn, “gusano de oreja”. El añorado neurólogo y divulgador Oliver Sacks prefería llamar al fenómeno “gusano cerebral”, recogiendo la metáfora del alemán para describir esa canción, insidiosa e invasora que, en ocasiones, resulta tan difícil de desalojar de nuestras meninges.

A continuación, un puñado de consejos para librarte de una vez por todas de tan incómodo parásito.

1. Un gusano saca otro gusano

Blanco y en papela: la mejor manera de librarte de una canción pegadiza es escuchar otra, igual o más pegadiza. Supongamos que un inoportuno flash-back ha traído a tu memoria el intrusivo hit ‘The final countdown’ de Europe (la cuarta canción más pegadiza de la historia, a decir de los expertos). Nada como combatir a los oxigenados suecos con un campeón nacional: escucha un par de veces ‘La flaca’, de Jarabe de Palo y fssshhhhh… ¡adiós, Europe!

2. Escucha esa canción intrusiva hasta el final

Bien, hemos hecho un pan como unas tortas. Tenías metido hasta el cerebro reptiliano el «tinonino» de los Europe y ahora tienes la insidiosa voz de Pau Donés insertada como picha de macaco en tu bulbo raquídeo. Una teoría sugiere que el «gusano de oreja» es una suerte de «castigo» del cerebro por no haber escuchado hasta el final una canción determinada.

Una canción infalible para sobrellevar a Jarabe de Palo es el ’20 de abril’, de los Celtas Cortos. Y en su versión Whatsapp además incluye fórmulas nemotécnicas para no olvidarla nunca:

3. Vete a la naturaleza (pero con un disco de Steve Reich)

Los gusanos musicales no son nuevos (Mark Twain ya describía uno en un relato de 1876) pero son cada vez más abundantes, en tanto estamos expuestos a una avalancha musical inédita en la historia del hombre. Apagar la radio, silenciar el YouTube y retirarse a un monasterio no es la solución: parece ser que la canción pegadiza tiene un sentido evolutivo: la reproducción de los sonidos de los animales una y otra vez hasta que el conocimiento queda asegurado. Si te vas a vivir a una cabaña en mitad del monte es posible que los cantos de los pájaros y el rumor del río se conviertan en tu próximo gusano de oreja. Se han dado casos.

Ejercicio: ¿Cuántas veces se escucha «Félix Rodríguez de la Fuente» en esta canción? Razona tu respuesta.

4. Apaga el televisor (y enciente tu transistor, etc.)

Una canción pegadiza durante unas horas puede resultar chistoso, a lo largo de varias semanas puede convertirse en una pesadilla. Los músicos no suelen tratar de componer canciones pegadizas, a excepción de Georgie Dann, el citado Pau Donés y los compositores de jingles, las cancioncillas que suenan en los anuncios con la aviesa intención de meterte su mensaje comercial hasta el alma: del anuncio coral de La Masía a la tonadilla de Movie Record, pasando por el himno del PP.

Ejercicio generacional: ¿Qué deberías responder cuando alguien te interpela «¿Qué es La Masía?»?

5. ¡Lobotomízate!

Lo vamos a reconocer de una: en esta casa amamos a Freddy Mercury. Castamente. Pero que el zanzibareño sea uno de los genios más grandes del pop de todos los tiempos no le exculpa para ser también el responsable de algunas de las anacondas de oreja más notables de la historia: ‘I want to break free’, ‘Under pressure’, ‘Bohemian Rapsody’ y, sobre todo, ‘We are the Champions’, un himno que igual sirve para celebrar la Champions que para animar la manifa del 1º de mayo.

Ejercicio: ¿No quieres caldo? toma dos tazas: ‘Resucito’, la versión católica de ‘Despacito’. Ojo, que funciona igual que ‘The Ring’: si la escuchas una sola vez mueres en el plazo de una semana por la hemorragia cerebral.

Con información de Rolling Stone, Cooking Ideas y Yorokobu.

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