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Acudí a un contubernio masónico en la Costa del Sol… y salí indemne

30 Jun 2017
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Jaime Noguera

No tengo ni idea de qué van los masones, pero me han invitado a una reunión en Benalmádena con motivo de los trescientos años de la fundación de la francmasonería y, pese a los comentarios de mis amigos (que dicen que los francmasones me van a violar, que me van a sacrificar o que primero me van a violar y luego a sacrificarme) he decidido presentarme en el Castillo del Bil Bil en el día del solsticio de verano.

Como torremolinense de pro en medio de una ola de calor, me presento en chanclas y pantalón corto a las diez de la mañana en el edificio neoislámico más popular de la Costa del Sol. ¿Qué me encontraré dentro? Cuando pienso en masones me asaltan imágenes orgiásticas de la película ‘Eyes Wide Shot’, o del diablo Baphomet envuelto en columnas de humo con olor a azufre. ¿Voy a escuchar conversaciones sobre la dominación mundial? ¿Celebrarán entre cánticos guturales el haber sobrevivido a la persecución franquista?

Es la hora. Abro la puerta y entro en este edificio rojo que ha sido residencia de un mercenario del Congo Belga, lugar de rodaje de El Coleccionista de Cadáveres (1967) con Boris Karloff o el lugar donde se celebró mi boda. ¡Menudo pedigrí!

Entro, y accedo al patio. Azulejos, zócalos de lacería, celosías… y un grupo de hombres vestidos de oscuro que hablan en voz queda. Algunos reparan en mi presencia y me miran. Automáticamente se me contrae el esfínter.

Estaba esperando que sacasen los puñales y me dejasen como a un alfiletero, pero no. Me siento en una de las sillas y comienza la primera de tres ponencias programadas Van a hablar tres doctores universitarios.

Masonería y la cosa pública

Empiezan dándole un repaso al servicio público. El primer ponente (I.)  habla sobre la importancia de que los servidores públicos trabajen para ayudar y desarrollar los derechos de los ciudadanos, así como a ayudar a estos a exigir responsabilidad a las administraciones públicas. Cita a Fernando Savater («La ética es el arte de saber vivir») y a José Alberto Bonifacio. Luego incide en la despreocupación existente en la gestión de la cosa pública y del fracaso de las administraciones en la respuesta a las necesidades sociales. Cita a Confucio («Lo más aborrecible es que se gobierne olvidando el bienestar de la gente»), a Averroes y a Solón de Atenas. A Victoria Camps y Vaclav Havel («la política es un trabajo que requiere de personas especialmente puras»). El orador masón también dice que cada ciudadano debe poner en valor la figura del servidor público.

La pausa para el café también es sagrada en la Masonería

Hay una pausa para el café en la que converso con alguno de los presentes. Ellos en concreto pertenecen al Rito Escocés Antiguo y Aceptado, derivado del sistema escocés que se practicaba en Francia, a mediados del XVIII. En cuanto a “ritos” hoy en día quizás deberíamos hablar de “sistema”, ya que se trata de una especie de reglas que, por ejemplo, ordenan la forma de realizar un debate. No, nada máscaras animales ni botafumeiros de azufre. ¡Qué chasco!

Me cuentan que la masonería no hace proselitismo, que hay que solicitar el ser masón. Una vez realizada la petición, cada candidato tiene que pasar tres entrevistas. Luego se produce una votación en la logia. Para ser masón no hace falta estar abonado a ninguna religión. Puede haber y hay masones judíos, musulmanes y cristianos. Existen dos niveles, como primaria y bachillerato. El inicial se centra en formar buenas personas, la segunda en formar buenos ciudadanos. Les pregunto por la leyenda que aparece en un display que preside todo el acto. “ADYTUM ILLIMINATIO”. Significa algo así como “Dando luz” o «Iluminando».

L.G me dice que él paga 20 euros al mes por pertenecer a su logia. Yo gasto más en gintonics. Existen nada menos que 33 grados de aprendizaje y para pasar cada uno de ellos hay que hacer un examen. Hay que pagar 200 euros por cada uno.  Pero no, no piensen que con endiñar los 6000 y pico euros se convierte uno en archirecontramaestre masón, “que no son nada fáciles”, me dice L.G.  De hecho, en la sala solo hay una persona con el nivel 33. La cosa me recuerda, entre bocadillo y bocadillo, a cuando yo jugaba a rol a finales de los 90. Mago: nivel 7.

Masones en la Constitución

Llega la segunda ponencia. Le toca a L.G. “Masonería y constitucionalismo”. Vaya, pienso, si lo llego a saber me tomo otro café. Sin embargo, la conferencia me resulta interesante. Empieza con la Carta Magna de Juan Sin Tierra de 1215 y L.G nos lleva desde allí a la Declaración de Derechos de Virginia, adoptada el 12 de junio de 1776 de Jefferson (que parece haber sido masón)  y a las las constituciones españolas de Bayona (1801) y la Pepa (1812).

Me entero de que dos reyes de España han sido masones: José Bonaparte y Amadeo de Saboya.  L.G luego habla del “capitalismo de amiguetes”: el hecho de que en España gobiernan las familias de siempre y comenta el hecho curioso de que, durante años, el constitucionalismo español fue el de los pronunciamientos: el factor liberal eran los militares, que se pronunciaban para conseguir avances liberales.

El mismo ponente afirma de que un tercio del parlamento de la Segunda República estaba formado por masones, y que quizás esto influyese en que la constitución de 1931 fuese de las más modernas del mundo.

Luego, en pasos perdidos, L.G me recuerda que la tribuna de oradores del Parlamento Español está decorada con acacias, que es un símbolo masónico. ¡Ya era hora! Dan Brown, aquí hay tema.

Ciencia y Masonería

La tercera ponencia es impartida por S.P.V. Versa sobre valores humanos inspirados por la ciencia y trata sobre cómo los científicos han sido perseguidos por la iglesia al ser considerados como ateos. Afirma que la ciencia es valiente por necesidad, dado que lleva a lugares desconocidos. Pronuncia una frase que me deja acongojado: “un pueblo que no se educa se pastorea”.

Hay un turno de ruegos y preguntas. Asalto y acabamos hablando de los partidos antimasones en EEUU, Quincy Adams o la utopía como camino y no como objetivo. Uno de los presentes lanza una extraña pregunta sobre tecnologías antiguas y el grado de desarrollo de estas en la extinción de civilizaciones. En todas partes hay magufos. Cuando pregunto que qué opina la masonería sobre ‘Hombres, Mujeres y Viceversa’ o ‘Sálvame’ me responden que la masonería no tiene opinión pero que sí hay opiniones de masones.

Almuerzo allí mismo, con ellos. En una buena peli de terror el periodista probaría una copa de vino y se despertaría tumbado sobre una bandeja de plata, atado, con el culo untado en mantequilla y una manzana en la boca, a modo de mordaza. Busco caldo de ojos de dragón, telas de araña rehogadas o smoothie de sangre de virgen, pero nada de nada. Tortilla, gazpacho o vichissoise, gambas, ensalada… Además, los presentes son muy majetes y amables.

Franco y su «masonfobia»

Aprovecho para preguntar a L.G por Franco y su odio a la masonería.

Sí. Bueno, le sentó muy mal que no le aceptasen en una logia en la que quiso entrar, en Marruecos. Normalmente en la votación, si te sacan tres bolas negras te quedas fueran, no se te admite. Pero en la logia en la que Franco quiso entrar, bastaban dos bolas negras para cerrarte las puertas. Y a él se las sacaron.

¿Vivimos con el temor del contubernio judeo masónico durante décadas en este país porque a Paquita le dieron calabazas en una logia? Vaya tela.

La Ceremonia

Los masones empiezan a ponerse sus chaquetas oscuras de nuevo. Me dicen que en la siguiente ceremonia van a otorgar grados a algunos de los “hermanos”.

JVale, pues me pondré en segundo plano, por la parte de atrás para no molestaros.

MNo, si te tienes que ir ya.

J¿Cómo? ¿No acababa esto a las seis?

MSí, pero durante los rituales solo puede haber masones presentes. Luego puedes venir a las ocho, que hay un concierto de arpa.

Me marcho con cierto fastidio. Ahora seguro se lía un buen guateque. ¡Siempre me pierdo las mejores!

Fuera del Bil Bil cae un sol de justicia y la temperatura debe rondar los cuarenta grados. Me voy andando a casa, por el paseo marítimo, pensando en que la masonería al fin y al cabo es una especie de escuela de formación en humanidades, pero sui géneris.

Mirando a la linea azul del horizonte me viene a la cabeza una pregunta que hice al ponente bioquímico. ¿Qué pensaban sus compañeros científicos de que fuese masón? Me contestó “en el mundo de las ciencias todos somos raros”. ¿Y en cuál no?

Agradecimientos a J.L.S y a I.M.H.

Jaime Noguera es filomasón y autor de la intrigante España: Guerra Zombi.

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