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Manuel de la Cámara, el malagueño que recibió la misión de bombardear Estados Unidos en 1898

27 Ene 2018
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Jaime Noguera

En el punto álgido de la Guerra de Cuba, un aguerrido malagueño recibió la misión de salvar a la Armada Española mediante una misión suicida. El baqueteado vice almirante  Manuel de la Cámara y Libermoore, ya sexagenario, debía dirigirse a la costa de EEUU con un puñado de barcos y tirarle de la barba al mismísimo Tío Sam mediante la técnica de cañonear algunas de sus ciudades costeras. El arriesgado encargo pretendía aflojar el cerco sobre la escuadra rojigualda en Cuba, así como elevar la moral del acongojado pueblo español, que no hacía más que ver como sus orgullosos barcos ( y los miles de pesetas invertidos en su construcción) se convertían, por mor de las armas yanquis, en arrecifes artificiales.

Si la ambiciosa empresa fracasó, no fue por falta de ardor guerrero, sino por las malas artes de un tradicional enemigo de España.

Nacido el 7 de mayo de 1835 en Málaga, Manuel de la Cámara y Libermoore estudió en la Academia Naval, de la que salió para ir a México y participar en la campaña de 1862 en la que España, junto a Francia y Reino Unido, intervino. En el país azteca, muy lejos de las biznagas y los famoso boquerones fritos de su ciudad natal,  de la Cámara fue agregado al Estado Mayor del Almirante francés Jurien de la Graviére.

Tras ser nombrado Teniente de Navío en la goleta Vencedora y como Oficial de derrota en la fragata Villa de Madrid, ambas de la Escuadra del Pacífico, hizo la guerra contra Perú y Chile en 1865-1866. También participó en la Primera Guerra de Cuba (1868-1878).

Más tarde, volvió a su tierra, donde ocupó el puesto de Comandante de Marina de Málaga, aunque volvió a ver acción organizando el transporte de tropas españolas a Marruecos en la Primera Guerra del Rif o Guerra de Margallo (1893 y 1894). Poco después desempeñó el cargo de jefe de dos comisiones navales, una enviada a los Estados Unidos y  otra a Reino Unido.

Poco después de que se declarase la Guerra Hispano-Estadounidense que barrió los restos de nuestro imperio, Manuel recibió el mando del Segundo Escuadrón de la flota, surto en Cádiz. Pronto le iban a encargar un trabajito fino, fino, y explosivo.

¡Americanos, os bombardearemos con alegría!

La guerra contra los EEUU, como aprendimos en las escuela, no nos fue nada bien. Para el mes de mayo, la flota del Almirante Cervera se encontraba bloqueada en La Habana, y la de Montojo se iba al fondo de la Bahía de Manila el 1 de mayo, tras ser usada como diana para prácticas de tiro por el Comodoro George Dewey.

La situación era desesperada y España necesitaba, como el comer un golpe de efecto, para intentar darle la vuelta a la tortilla bélica. ¿Puigdemont, donde estabas cuando te necesitábamos?

El Ministro de Marina, Ramón Auñón y Vullilón, de Morón, (Sevilla) hizo planes para que Cámara cruzase el Atlántico al mando de una escuadra y bombardease una ciudad estadounidense, preferiblemente Charleston, en Carolina del Sur. Tras regar con plomo a los yanquis, el malagueño debía poner pies en polvorosa y resguardarse en San Juan de Puerto Rico o  Cuba.

Los buques que quedaban en España aliviarían, con este ataque por sorpresa, el cerco a Cervera, haciendo que los norteamericanos lanzasen sus unidades navales a la caza de la Cámara y Libermoore. Al mismo tiempo, las noticias del bombardeo de territorio de EEUU elevaría la afectada moral española.

¡A por ellos, oé!

Para cumplir la arriesgada misión, se iban a crear tres divisiones navales, con la idea de despistar al enemigo. La información está disponible, para todo hijo de vecino, en Wikipedia:

La 1ª División estaría al mando del propio Cámara, y estaría compuesta por el crucero Acorazado Carlos V, los cruceros auxiliares  Patriota, Meteoro, y Rápido, más el aviso Giralda.

La 2ª División, comandada por capitán de navío José Ferrándiz y Niño, contaría con el Acorazado Pelayo (un barco de los más modernos de la flota), el acorazado guardacostas Vitoria y los destructores Audaz , Osado, y Proserpina.

La 3ª División le tocaba dirigirla al capitán de navío José de Barrasa y Fernández de Castro, compuesta únicamente de tres cruceros auxiliares, el Alfonso XII, el el Antonio López y el Buenos Aires.

Dada la corta autonomía del acorazado Pelayo y del Vitoria, la 2ª División se encargaría de realizar una maniobra de distracción. Navegarían unos días en dirección al teatro de operaciones del mar Caribe, cambiando el rumbo posteriormente para regresar a aguas peninsulares.

La 1ª División, se dirigiría hacia las Bermudas, y si el triángulo no se las tragaba, recibirían las órdenes e informes previsos, para iniciar posteriormente un ataque contra la costa este americana, tomando luego, rumbo norte, hacia Halifax (Canadá, entonces dominio británico), para recibir nuevas instrucciones, y trasladarse después al Caribe.

La 3ª División debería dirigirse hacia Brasil, para hostigar desde allí el tráfico mercante enemigo.

Agua de borrajas

El audaz golpe español, según leemos en el primer volumen de The Encyclopedia of the Spanish-American and Philippine-American Wars, se desinfló, entre otros motivos por las presiones británicas, que no veían con buenos ojos la extensión de la guerra a todo el Atlántico.

¡Cambio de planes! El 15 de junio, Manuel de la Cámara recibió la orden de transportar 4.000 soldados de refuerzo a las Filipinas y atacar a los barcos de Dewey. Al llegar el 26 de junio a Port Said, en Egipto, por aquel entonces bajo control del Reino Unido, Pidió que se le aprovisionase de carbón, para continuar viaje. Los servicios de inteligencia norteamericanos, que estaban al tanto de los planes de los buques españoles, habían avisado al vice cónsul de EEUU en El Cairo, Ethelbert Watts. Este había comprado todo el carbón disponible en Suez. El malagueño y sus hombres no podían continuar viaje.

El 29 de junio los ingleses (influenciados por Watts) anunciaron amablemente a Cámara (probablemente, con una cup of tea en la mano) que se le denegaba el permiso de adquirir el mineral que sus calderas tanto necesitaban, dado que algo así violaría la neutralidad británica. Luego le comentaron, sin aparente acritud, que tenía 24 horas para comenzar su retorno a España. Cámara, que probablemente no se veía de okupa en Port Said, cumplió sin rechistar la exigencia del gobierno de su Graciosa Majestad.

(Ethelbert Watts, de Filadelfia, nos cortó el grifo del carbón.)

Se acabó la guerra

El 3 de julio, la escuadra del almirante Cervera, junto a 371 marineros españoles se convertía en abono para corales tras ser barrida por los cañones de los modernos barcos de EEUU. Ante el temor a un ataque sobre las costas españolas, los buques del almirante Cámara retornaron a toda prisa a la Península. Los españoles le decíamos «bye bye!» a nuestro imperio .

¡Vaya chasco! ¿Y que pasó con Camara y Libermore?

El marino, ya era hora de dar bandazos sobre las olas , se retiró de la Armada con el grado de vice-almirante, aunque en el blog Soldado Malagueño leemos que, al jubilarse, fue ascendido a almirante. Murió en Málaga el 4 de enero de 1920, a los 85 años.

Con información de The Encyclopedia of the Spanish-American and Philippine-American WarsSoldado Malagueño, y la Wikipedia (en inglés, en español no hemos encontrado nada).

Jaime Noguera añora Cuba y es autor de España: Guerra Zombi.

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